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Mujeres que salvan vidas

Enfermeras afganas se entrenan para llevar salud a los lugares más alejados del país

Story by United Nations Development Programme November 21st, 2016
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En un hostal que no llamaría la atención de nadie en Jalalabad, Afganistán, está sucediendo algo extraordinario. Una joven, sentada al borde de la cama, se inclina sobre un libro. Es Abida y está estudiando para ser enfermera en un país donde la mayoría de las mujeres ni siquiera ha terminado la escuela primaria.


La estudiante de enfermería Abida Nowroz estudia en el dormitorio de escuela en Jalalabad, Afganistán.

En Noorgram, la aldea natal de Abida -ubicada en la provincia de Nuristán, en Afganistán del Este- es difícil encontrar enfermeras. En esta provincia aislada, los centros de salud son limitados y por razones de seguridad hay muchos profesionales de la salud que no se animan a trabajar en la zona.


"Una de mis vecinas en mi aldea dio a luz y después del parto no cesaba de sangrar," nos cuenta Abida. "Su familia intentó llevarla a caballo a la ciudad; pero ella murió en el camino.”
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Ésta no es una historia poco común en Afganistán, que tiene uno de los índices más altos de mortalidad materna e infantil del mundo. La falta de centros de salud en las áreas rurales, combinado con una escasez de mujeres que trabajen en el área de la salud, implica que muchas mujeres no reciben la atención médica que necesitan tan desesperadamente.

Una joven estudiante de enfermería completa prescripciones en el Hospital Beland Ghar del distrito Behsud como parte de sus prácticas

Sin embargo, las mujeres como Abida están decididas a cambiar esta situación. Junto con otras 200 compañeras de estudio, se graduará de la escuela de enfermería este año e irá a trabajar en algunas de las aldeas más pobres en su provincia natal.



“No desperdicio ni un día sin aprender”, dice Abida. “No quiero ver a una sola madre más morir de camino a la clínica o saber que un bebé queda huérfano.
Las estudiantes escuchan una clase en la Escuela de Enfermería de Jalalabad, respaldada por el PNUD/Fondo Mundial
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La escuela de enfermería, que fue creada por el Ministerio de Salud Pública de Afganistán con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria, está formando a una nueva generación de especialistas en salud. Según la OMS, alrededor de 40 por ciento de los centros de salud de Afganistán carecen de mujeres en su personal, lo cual es un problema serio en un país donde las normas comunitarias a menudo no permiten que las mujeres sean atendidas por hombres.


"Quiero aprender para servir a mi aldea y a mi país”, continúa Abida “Estoy realmente orgullosa de hacerlo. Trato de estudiar lo más posible.”
La estudiante de enfermería Abida Nowroz responde una pregunta en clase.

Para Abida y sus compañeras, las clases están por terminar, y es momento de poner en acción lo que han aprendido.

“Ahora estamos haciendo las prácticas. Después nos enviarán a nuestras aldeas, donde continuaremos nuestro entrenamiento en las clínicas locales. Cuando la escuela crea que estamos listas para ejercer plenamente, nos darán un diploma, y entonces podremos comenzar a trabajar en serio”, nos cuenta.

Abida sutura una herida en la mano de una paciente. La escuela tiene un programa de dos años, que incluye prácticas en hospitales.
Students in the UNDP/Global Fund-supported nursing programme learn how to check blood pressure and other vital signs.
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Además de los dos años de estudios médicos, los estudiantes de la escuela reciben alojamiento, transporte, tres comidas por día y una pequeña ayuda financiera para vivir. Aunque el trabajo es duro, Abida y sus compañeras saben que gozan de una oportunidad única en un país donde muchas veces no se permite a las mujeres jóvenes vivir o estudiar lejos de sus casas.


“Mis padres estaban muy preocupados, no entendían cómo podría vivir lejos de ellos”, cuenta, “pero durante meses insistí mucho hasta que convencí a mi padre que me permitiese asistir a la escuela.”

El proceso no fue fácil: El hermano mayor de Abida se fue de la casa en signo de protesta. “Dijo que, en tanto que mujer, no me podría defender, y que los insurgentes locales nos harían daño si nos encontraban.”

Cerca de 200 enfermeras se graduarán este año, e irán a trabajar a algunas de las zonas menos beneficiadas del país.
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A pesar de estas protestas, Abida ha continuado sus estudios y ya está haciendo una contribución invalorable en su comunidad local, ya que vuelve a su casa los fines de semana para ayudar a administrar inyecciones a los niños enfermos.

El entrenamiento es riguroso, pero Abida está decidida a continuar, pues enfermeras como ella son difíciles de encontrar en su aldea natal.

La escuela de enfermería de Jalalabad es una de seis en todo el país que están formando a más de 200 enfermeras. Cuando la primera promoción se gradúe en un par de meses, estas nuevas enfermeras volverán a algunas de las áreas más necesitadas de Afganistán, trayendo los tan necesarios cuidados de salud a las aldeas más alejadas del país.

Footnote: Texto: Jalaluddin Kasaat. Fotos: Sayed Omer e Igor Ryabchuk/PNUD Afganistán