Zimbabwe, país donde una de cada siete personas vive con VIH, tiene una de las tasas de prevalencia más altas en el mundo, escasez de personal sanitario y serios desafíos económicos. A pesar de los problemas, más de un millón de zimbabuenses que viven con VIH ahora reciben tratamiento antirretrovírico.
Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, conoce a las personas detrás de esta lucha que explican cómo el acceso al tratamiento contra el VIH ha cambiado sus vidas y asegurado sus futuros.
En 1993, Sarah sufrió un colapso en su casa. La llevaron al hospital donde sus dos niños gemelos nacieron muertos. Con el corazón hecho pedazos y completamente perdida, Sarah tuvo que enfrentarse a otras terribles noticias. Los doctores le habían hecho una prueba del VIH de rutina. El resultado fue positivo. Destrozada y apenas siendo capaz de lidiar con la realidad, trató de quitarse la vida.
“Cuando supe que era seropositiva, primero lo negué. Tomé veneno para ratas y enseguida me llevaron al hospital”.
Para Sarah, tener una vida normal parecía imposible hasta que su hermano, un activista del VIH que también era seropositivo, la dirigió a grupos de apoyo para personas que vivían con el VIH.
Acceder a tratamiento del VIH y conocer a muchas otras personas que vivían con el VIH le dio esperanzas para tener un futuro que no creía posible. Su hermano eventualmente murió, pero Sarah está muy agradecida porque sin él no hubiera salvado su vida ni aceptado su estatus de seropositivo.
“Empecé a darme cuenta de que muchas personas eran seropositivas, algunas incluso con mejor educación que la mía, otras con mejor nivel de vida y otras que estaba en peor condición, pero al ver que estaban sobreviviendo supe que yo también podía sobrevivir”.
En los 90, el VIH devastó comunidades en el África Subsahariana. La tasa de esperanza de vida caía, a la vez que el número de huérfanos y familias divididas aumentaba en toda la región. Según ONUSIDA, tan solo en 1998 en África murieron 2 millones de personas debido al SIDA, y cada día dieron lugar a 5.500 funerales.
Theresa supo que era seropositiva en 1999, cuando su esposo la abandonó.“Me sentía ultrajada porque solo había tenido relaciones sexuales con mi esposo. Guardé mi secreto y solo se lo confesé a mi familia dos años después”, explica.
“De no haber tenido antirretrovíricos, a estas alturas ya habría fallecido”.
Theresa también ha sufrido estigma y discriminación, lo cual atribuye a la falta de información y conocimiento.
“Las personas aún piensan a la antigua y creen que si alguien es seropositivo no debería tocar el plato de los demás, tocarlos siquiera o usar su ropa. Incluso hay quienes me han llegado a decir que no contrate a una empleada sin insistir primero en que se haga la prueba, pues no me gustaría tener a una persona seropositiva trabajando para mí.”
Para enfrentar esta situación, Theresa quiere asegurarse de que sus nietos crezcan sin prejuicios contra el VIH.
“Quiero vivir muchos años más y ver crecer a mis nietos sabiendo que su abuela es seropositiva. Incluso algunas veces me recuerdan tomar mis medicamentos, lo cual me alegra pues están creciendo sin ver al VIH como algo malo”.
Desde 2006, en Zimbabwe se evitaron 393.000 muertes gracias al acceso a tratamiento antirretrovírico (TAR), con más de 49 000 muertes evitadas tan solo en 2016. Las nuevas infecciones del VIH también han disminuido en dos tercios en los últimos quince años.
Lloyd ha estado bajo terapia antirretrovírica desde que tiene memoria. Empezó el tratamiento con apenas siete años, sin siquiera poder entender lo que ello significaba.
“Solo pensé que estaba un poco enfermo”.
Lloyd se fue familiarizando con su condición cuando lo dirigieron a un grupo de apoyo para el VIH para adolescentes, y ahora apoya el tratamiento contra la infección para los jóvenes de su comunidad. “El grupo de apoyo me ayudó a llegar hasta donde hoy me encuentro porque ahí conocí a 80% de mis amigos, y esto también me ha ayudado para tomar mis propios medicamentos”, explica.
Cuando era más joven, con temor a que en su escuela supieran sobre su condición, Lloyd dejó en un momento de tomar sus medicinas. Sin embargo, ahora cree que el tratamiento es clave para ayudarlo a alcanzar su potencial. Su futuro ya no parece incierto e incluso ahora sueña con convertirse en un músico exitoso.
“Me di cuenta de que al tomar mis medicamentos tengo un futuro”.
Cuando la mamá de Melisa murió, se quedó completamente sola. Sin tener a nadie que la cuidara ni a su hija de cuatro años, se dedicó al trabajo sexual para apoyar a su familia.
En 2015, Melisa cayó enferma y empezó a perder peso. Finalmente fue al hospital donde le diagnosticaron tuberculosis, y le recomendaron hacerse la prueba del VIH. “Las enfermeras me decían que viera a algunas personas seropositivo, que estaban saludables”.
Después de hacerse la prueba, Melisa inició su tratamiento antirretrovírico y ha logrado aceptar con su condición como seropositivo. Así fue como se animó a revelar su condición a sus seres queridos y, sobre todo, ser abierta en el trabajo sobre su estatus como seropositivo.
“…Con clientes que quieren tener sexo sin protección, por lo general les pido que se hagan la prueba primero, y si la persona insiste le digo que estoy bajo tratamiento antirretrovírico, y que si tiene familia no la quiero poner en riesgo”.
Melisa cree que es importante para ella continuar con el tratamiento porque quiere ver crecer a su hija. Además de tener esperanzas para tener una nueva vida.
“Espero poder encontrar a un hombre seropositivo que entienda mi condición, para construir una vida juntos sabiendo nuestro estatus".
El PNUD, en alianza con el Gobierno de Zimbabwe y el Fondo Mundial de la lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria (el Fondo Mundial), ha tenido un rol fundamental en el apoyo a los países para que más personas tengan acceso a terapia antirretrovírica y ayudar a fortalecer los sistemas sanitarios.
A pesar de que el VIH sigue siendo un grave problema sanitario en Zimbabwe, donde a fines de 2016 1.3 millones de personas vivían con el VIH, el descenso de la esperanza de vida, que alcanzó los 41 años en 2003, también se revirtió y llego a los 61 años en 2015.
El incremento de tratamiento para personas infectadas por el VIH también se traduce en un millón de personas que, pese a vivir con el VIH, ahora pueden vivir más tiempo, con vidas más saludables y productivas. Un estudio señala que es más probable que los pacientes de VIH que están en tratamiento antirretovírico efectivo puedan formar parte del mercado laboral, así como es más probable que los miembros de su familia trabajen o asistan a la escuela.
Con el fin de salvaguardar los progresos relativos al desarrollo y enfrentar la creciente incertidumbre del panorama político, también se anunciaron US$ 426 millones adicionales para luchar contra el VIH. El convenio, firmado entre el PNUD y el Fondo Mundial, destinará la donación a programas de apoyo durante los próximos tres años, garantizando el acceso universal a programas de prevención de VIH, a tratamientos contra ela enfermedad y servicios de cuidado y apoyo.
Esta labor fundamental también significa que más personas como Sarah, Theresa, Lloyd y Melisa puedan tener vidas más prolongadas, saludables y productivas.
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