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Indonesia – El aroma del pimiento de Celebes te alcanza incluso antes de llegar a Ogenetan, en el corazón del distrito Boven Digoel de Papúa Nueva Guinea. Llamada sereh merah en el idioma local, esta planta es usada por las comunidades a lo largo de todo el país para alejar los malos espíritus.
Sin embargo, hoy en día las personas locales han aprendido a utilizar estos pimientos de una manera mucho más productiva: son el insumo base para generar pesticidas que protejan sus plantaciones de manera sostenible. Riswanto es de la comunidad, y ahora trabaja como asistente de campo de proyecto del PNUD que busca fortalecer el sector de la agricultura. Cuenta que las personas de Ogenetan estaban sorprendidas de que el sereh merah tuviese otros usos.
“Antes, el sereh merah y el sereh wangi (limoncillo) eran usados solo para alejar al demonio o los malos espíritus. Pero ahora la gente conoce cómo mezclar estos ingredientes con tabaco y hacer pesticidas orgánicos”, asegura Riswanto.
Antes de que se iniciase el proyecto, las personas no se dedicaban a la agricultura porque el suelo en estas áreas es de muy baja calidad. Sin embargo, los fertilizantes caseros han mejorado la capacidad de la tierra a tal punto que la comunidad puede ahora plantar ají, berenjena, mostaza, col rizada y tomates.
Esto ha permitido que no solo puedan alimentarse a sí mismos y sus familias, sino también generar un ingreso por la venta de sus productos.
Esta ha sido una verdadera revolución para la aldea. La infraestructura y el transporte son grandes problemas en Papúa Nueva Guinea, especialmente en este alejado distrito. Al no poder costear el desplazamiento, las personas tenían que ir a pie al distrito más cercano, un trayecto que puede tardar hasta seis horas.
Los pobladores solían embarcarse en esta ruta para vender el caucho de sus árboles, pero era un trayecto difícil de realizar a menudo. En vez de eso, solían verse a la merced de intermediarios que visitaban el pueblo y compraban el caucho a precios muy bajos.
Los intermediarios utilizaban frecuentemente un sistema de trueque, y cambiaban el caucho por necesidades básicas, como comida o jabón. El negocio no jugaba a favor de la comunidad.
Pero con el ingreso adicional que reciben por sus nuevos cultivos, el pueblo se ha librado de los intermediarios. Algunas familias están ganando hasta US$ 112 mensuales, lo suficiente para prosperar y salir adelante. Es un vívido ejemplo de cómo vivir sosteniblemente puede traer más que un ingreso, puede significar opciones y dignidad para las vidas de muchas personas, como las de Ogenetan.
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