El terremoto del 16 de abril afectó a 218 mil personas y golpeó particularmente a la provincia de Manabí, una de las regiones más habitadas del país, cuyas comunidades dependen en gran medida de la agricultura y la pesca.
En Charapotó, una ciudad de la misma provincia, un grupo decidió formar una asociación agrícola para insertar mejor sus cultivos en nuevos mercados. Y están decididos a no darse por vencido.
Con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) de Manabí, Charapotó rehabilitó su infraestructura comunitaria productiva, bajo el enfoque de recuperación temprana, con el fin de asegurar los medios de vida de la población. Así, 300 productores de arroz y sus familias se beneficiaron de la reparación de un canal de riego.
Más del 64% de la producción agrícola de Ecuador la realizan pequeños productores, pero sus ingresos no suelen exceder los $193 mensuales. Esta es la realidad de muchos de los habitantes de Charapotó, quienes se dedican al cultivo de arroz, cacao, cebolla y otros productos.
Muchos de los agricultores venden sus productos a través de intermediarios, quienes tienen enlaces con grandes empresas y acceso a medios de transporte y almacenamiento. Los pequeños productores pueden volverse dependientes de estos intermediarios, quienes tienen control sobre los precios.
“Lo que queremos como asociación es comercializar directamente. Que no haya un intermediario, que es el que se lleva todos los beneficios”, dice Francisco, el líder de la comunidad. Para ello necesitan el conocimiento y las herramientas que les permitan hacer sus productos más competitivos.
Conscientes de las grandes brechas en desarrollo que enfrentan los pequeños productores, pero también del enorme potencial que poseen, el PNUD –con el soporte financiero de $807,874 donados por el Club de fútbol local Independiente del Valle– está trabajando con las poblaciones rurales más afectadas por el terremoto. ¿El objetivo? Ayudarlas a levantarse del desastre rápidamente, pero a la vez mejorar sus oportunidades de desarrollo a largo plazo, brindándoles las herramientas para que sean protagonistas de sus propias historias de éxito.
Treinta y dos asociaciones productivas están trabajando junto al PNUD para establecer relaciones de proveeduría a largo plazo con empresas de mediana y gran escala. Esta iniciativa genera beneficios directos para 2.000 familias.
En zonas urbanas como Manta y Portoviejo, en colaboración con los GAD municipales y a través del Programa ‘En Marcha’, se impulsará el emprendimiento por medio de la innovación del modelo de negocio, le renovación de la imagen, equipamiento y/o inventario y el fortalecimiento y mejora de las prácticas de negocio y relacionales comerciales.
Mientras tanto, en las zonas rurales, se está fortaleciendo la cadena productiva. De esta manera, se ayuda a 32 asociaciones de pescadores artesanales y productores agrícolas en las zonas afectadas para establecer contacto directo con los consumidores.
Don Fulgencio nació en un sembrío de cacao. Al igual que generaciones anteriores, ha trabajado toda su vida en plantaciones en la zona costera de Manabí, vecino a Charapotó, zona afectada por el terremoto. Pese a que sus productos son reconocidos en toda la región, la falta de acceso a créditos y capacitación ha hecho que muchas veces dependa de intermediarios para llevar su producto a mercados más grandes.
“Tenemos un cacao de buena calidad, difícil de producir, y también tenemos el cacao que crece en cualquier lado, como yerba mala. Los intermediarios nos pagan lo mismo por los dos tipos, pero nos lo piden separado.”
Hoy Fulgencio no solo sabe que tiene el talento para llevar su empresa familiar al siguiente nivel y recibir un precio justo por sus productos. Por primera vez, también encuentra un camino para lograrlo.
La misma determinación s eobserva en la Asociación “Esperanza del Mañana”, liderada por 22 mujeres que le hacen justicia al nombre de su empresa. Ellas se dieron cuenta que comerciar solo bananos –el cultivo de mayor producción en Ecuador- no generaba competitividad, y con la ayuda del gobierno local, hoy comercializan diferentes productos bajo la marca Poval.
Desde el cantón de Rocafuerte, en Manabí, ellas coordinan todo el proceso de producción –desde los cultivos hasta el empaquetado- para generar productos de valor agregado: chifles, harina de maíz y otros. Hoy, ellas están listas para dar el siguiente paso y comercializar con empresas en ciudades más grandes gracias a un estudio apoyado por el PNUD que permitió identificar la demanda y vincular directamente a productores y comercializadores.
Al igual que en Charopotó Cabuyal y Rocafuerte, cientos de familias en zonas rurales en todo el país cuentan con conocimiento valioso para una producción agrícola de calidad, orgánica y sostenible. Pero la falta de oportunidades desincentiva que las generaciones más jóvenes quieran aprender o permanecer en sus comunidades, lo que ha hecho que esta experticia se pierda rápidamente. El terremoto, para muchos, se sintió como una estocada final.
Las experiencias de estas treinta y dos asociaciones productivas impulsarán la recuperación de una provincia que, aunque dañado por el terremoto, jamás se dio por vencida.
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