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La panadería Dost es un pequeño negocio que se abrió en la región del Kurdistán de Iraq en otoño de 2015. “Dost” significa “amigo” en kurdo, y se le dio este nombre porque la empresa es administrada por 10 amigas. Todas ellas son mujeres desplazadas por el Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés), y ahora viven alrededor del campo de la Sharia, cerca de la ciudad de Dohuk.
Después de una ayuda inicial y la capacitación impartida por el PNUD, este grupo de amigas ahora dirigen la panadería solas, y ofrece sus productos a las personas de las comunidades desplazadas. Desde entonces, la empresa ha crecido y está generando oportunidades a otras mujeres para aprender valiosas habilidades y hacer trabajos importantes. Más de 126 familias se benefician directamente del proyecto.
“Por supuesto que nos encantaría volver a Sinjar [su ciudad natal]. Nuestra vida está allá. Todo lo que hacemos aquí es temporal, no podemos construir nada. Sin embargo, no vamos a volver antes de que la situación se estabilice. Nos costaría nuestras vidas”, dice Beyan*, una de los panaderas.
En el 2014, combatientes de ISIS atacaron la ciudad de Sinjar, al norte de Iraq, cerca de la frontera con Siria. La mayor parte de la comunidad Yazidi, una minoría en la región, fue forzada a huir por sus vidas. Un gran número de desplazados Yazidis terminaron en Dohuk, en campamentos, asentamientos informales o edificios incompletos.
Proyectos como estos ayudan a proporcionar empleo y trabajo decente, así como un sentido de dignidad a las personas que huyen de la guerra y la persecución. También ayudan a aliviar la presión sobre las comunidades locales causadas por la gran afluencia de personas desplazadas.
En la región del Kurdistán de Iraq, los Yazidis son uno de los grupos más afectados por los ataques de ISIS. Los hombres de la comunidad tienen que elegir entre unirse a la lucha o morir. Incluso a los infantes se les entrena para luchar, y las mujeres son arrastradas a redes de trabajo sexual forzoso, u obligadas a adherirse a las creencias religiosas fundamentalistas.
Muchas de las panaderas de Dost llevan las cicatrices físicas y mentales de la violencia que en algún momento amenazó sus vidas. Para ellas, volver a la normalidad requiere reconstruirse a través del trabajo y un sentido de propósito.
*Nombres modificados por razones de seguridad
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