Las mujeres desempeñan funciones vitales en la agricultura, ya sea como agricultoras, cosechadoras, procesadoras o consumidoras. A medida que aumenta el calentamiento del planeta y las lluvias se vuelven más irregulares, la producción agrícola disminuye y las fuentes de alimentos se tornan cada vez más inseguras.
Las mujeres a menudo son las más perjudicadas debido a su rol como proveedoras de la familia y su responsabilidad por el agua, los alimentos y el combustible seguros para cocinar y calefaccionar. Ellas dedican una cantidad de tiempo cada vez mayor a buscar recursos cada vez más escasos.
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Con el apoyo del Gobierno del Canadá y el Fondo para los Países Menos Adelantados del Fondo Mundial para el Medio Ambiente, estamos trabajando en seis países (Cabo Verde, Camboya, Haití, Malí, el Níger y el Sudán) para generar resiliencia con sensibilidad de género al cambio climático. Nuestras actividades prestan asistencia a las mujeres para incrementar la producción de alimentos, diversificar sus medios de vida y transformar las normas sociales de género.
El apoyo a las mujeres para crear huertas constituye una estrategia probada para mejorar la producción de alimentos y generar ingresos.
La introducción de variedades de semillas nuevas y resilientes ayudó a aumentar las ganancias. De igual manera sucedió con la rehabilitación de los sistemas de captación de aguas (diques de contención, terrazas, estanques, etc.) y la introducción de nuevas prácticas agrícolas (viveros de semillas, riego por goteo, trasplantes, técnicas de labranza profunda).
Si bien las experiencias y los enfoques de adaptación de cada país son específicos a su contexto local, nuestras iniciativas colocan un énfasis similar en diversificar las opciones de medios de vida para las productoras.
El cultivo de huertas, la cría de ganado, la piscicultura, la costura y el procesamiento de alimentos son algunos ejemplos de ello.
Ya es posible ver algunos resultados positivos en los seis países. En el Níger, los hombres dejaron de migrar en busca de trabajo o de ausentarse por períodos más breves. En Camboya, las mujeres jefas de hogares vulnerables ahora destinan su tiempo y energía a la huerta familiar, en lugar de buscar empleos mal remunerados como jornaleras. La práctica de recolección de tubérculos silvestres, un mecanismo de supervivencia ‘extremo’ al que recurren las mujeres pobres en numerosos países, es ‘algo del pasado’, según lo que informan las mujeres de las comunidades beneficiarias de Camboya, el Níger y el Sudán.
Estos cambios se traducen en efectos directos e indirectos en las relaciones de género, las redes solidarias y las modalidades de migración.
Por ejemplo, las asociaciones de mujeres ahora obtienen y ahorran dinero suficiente para adquirir sus propias tierras, un derecho a menudo inaccesible para las mujeres a título individual.
Las redes solidarias entre mujeres ayudan a establecer fondos rotatorios gestionados por mujeres. Estos grupos actúan como redes de seguridad, en especial para las más pobres que dependen de pequeños préstamos de cereales o dinero durante los períodos de escasez.
En términos generales, las comunidades que reciben apoyo han registrado importantes cambios en su seguridad alimentaria, así como en los roles de las mujeres en la producción y el suministro de alimentos. Todo ello ha conducido tanto a un aumento de los ingresos como al empoderamiento de las mujeres.
Para consultar más información sobre nuestra labor, resultados y lecciones compartidas o sobre los proyectos en cada país, visite www.adaptation-undp.org/projects/ccaf.
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