En los Montes de María sus pobladores están conectados por el bosque seco. Ellos conservan uno de los ecosistemas más amenazados del país, del que sólo queda el 8% de su área original.
Este bosque de los mil colores desprende sus hojas en el verano para resistir a la sequía, sus árboles se llenan de flores de colores que luego se caen, y desnudos esperan la lluvia. Con el primer aguacero el bosque reverdece con distintos colores.
Los Montes de María son una región en el caribe colombiano donde las montañas no sobrepasan los mil metros de altura. Por sus caminos ondulados pasan los burros con la carga de ñame, yuca y maíz que bajan los montemarianos de sus fincas. Sus carreteras de tierra conectan las veredas y a sus habitantes.
El Carmen de Bolívar, San Jacinto y San Juan Nepomuceno son parte de las letras de las canciones que bailan los colombianos cada diciembre, y allí se tejen las hamacas que hacen famosas las manos de los artesanos de estas tierras.
Los habitantes de los Montes de María viven en uno de los lugares más hermosos de Colombia, hasta donde hace poco nadie quería vivir. La violencia dejó 56 masacres, cientos de miles de desplazados, ruina económica y una gran tristeza entre los luchadores campesinos de esta región entre Sucre y Bolívar.
Con la firma del Acuerdo de Paz en 2016, muchas regiones de Colombia empezaron a vivir tiempos más tranquilos. Este reposo ha traído prosperidad a los Montes de María.
Sus organizaciones se fortalecen, las familias vuelven a sus fincas y una incipiente economía empieza a desarrollarse, basada en el cuidado del bosque que los protegió en los más oscuros días y la recuperación y comercialización de su biodiversidad.
Carmen creció en una pequeña finca a más de 45 minutos de San Jacinto. En los años 90 salió con su familia hacia la cabecera municipal para alejarse del miedo y la zozobra del conflicto. Hoy lídera Asomudepaz, una organización de 20 familias que están de regreso en sus fincas.
Comprometidos con la conservación del bosque seco en San Jacinto, Carmen y sus colegas apuestan por la tecnología y la innovación. Producen ñame de manera sostenible con semillas de reproducción in vitro y tienen una granja comunitaria que sueñan convertir en un ejemplo para la región.
Durante años conectar los mercados de los Montes de María con las poblaciones cercanas fue casi un milagro, las carreteras eran inseguras y los pobladores temían circular por ellas. La gran mayoría de las mujeres se fueron a los pueblos, y los hombres se quedaron al frente de las fincas y los bosques.
Muchos productos de la agro y biodiversidad fueron olvidados, desaparecieron de las huertas y de los platos tradicionales.
Leyla Vega hace parte de Asoagro, una asociación conformada por 180 campesinos de San Juan Nepomuceno, que siembran ñame de manera sostenible. En el 2017 hubo una sobreoferta de este producto, lo que causó bajos precios en el mercado y la disminución de los ingresos de los productores.
Preocupadas por la situación, Leyla y otras mujeres de Asoagro, guardianas de las semillas y el conocimiento del bosque, se dieron a la tarea de recuperar sus productos. Con dedicación consiguieron semillas de 16 variedades de frijoles del bosque seco, ñames y maíz de colores y verduras y hortalizas, ya olvidadas.
Con tezón sembraron las semillas y, en poco tiempo, las mesas se llenaron de color, y la diversidad renació en los sembrados y se tomó los mercados locales.
Eduardo Rodríguez vive dos horas en burro de la cabecera municipal. Él vende sus productos en el pueblo a intermediarios, que pesar de que no le pagan precios justos ni reconocen su trabajo en la conservación del bosques, son los únicos que le garantizan no volver con su cosecha a la finca.
Eduardo hace parte de Asobrasilar, una organización de 20 productores ubicados en áreas de bosque seco en San Jacinto. Ellos luchan por quedarse en su tierra a pesar de la escasez de agua y las condiciones de acceso a sus veredas.
Por primera vez, Eduardo y varios miembros de Asobrasilar recibieron en sus fincas a cinco chefs de Cartagena. Algunos jamás habían conocido estos Montes. El Santísimo, María, La Taquería, Carmen, Moshi, la Cevichería y Proyecto Caribe son prestigiosos restaurantes en busca de nuevos productos y socios comerciales.
Visitando las fincas de algunas de las organizaciones que lideran esta iniciativa, los chefs conocieron el origen de los productos que llevan a sus mesas y a las personas que los cultivan, compartieron las recetas tradicionales y concertaron las bases para crear una bella y justa relación de comercialización de productos de la bio y agro diversidad del bosque seco, con las comunidades de los Montes de María.
Bollo de ñame morado relleno de conejo de monte confitado y emulsión de hierbas, arroz atoyado con pernil de pato confitado, cabeza de gato de berenjena, ají dulce y suero costeño, mousse de aguacate y leche de coco, guandul , cacao y crumble de maní y caramelo.
Sabores y colores en las mesas Cartageneras que representan la vida del bosque seco en un plato.
Los chefs que acompañan este sueño le apuestan a nuevos sabores y a las historias detrás de cada producto, mientras tanto Carmen, Leyla, Eduardo y todos los sembradores de productos de la paz tienen la esperanza de que esta conexión con la ciudad mejore la vida de los habitantes de los Montes de María.
Producto de la Paz es una iniciativa del área de Ambiente y Desarrollo Sostenible del PNUD que conecta a pequeños productores que viven en ecosistemas estratégicos del país con empresarios que valoran la biodiversidad y la herencia cultural de comunidades afectadas por el conflicto.
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