El día de Zainab comienza antes del amanecer. Ella despierta a su familia, prepara el desayuno, envía a sus hijos a la escuela y cuida a su esposo discapacitado. La vida solía ser una lucha continua solo para sobrevivir, su familia dependía de la ayuda del gobierno y llegar a fin de mes era difícil.
“Me gradué en 1995 de la escuela secundaria e inmediatamente solicité un trabajo en la Oficina de Servicio Civil. Pensé que conseguiría empleo rápidamente, pero después de 20 años todavía sigo desempleada, pobre e infeliz”, dice ella.
El efecto de la pobreza en sus cuatro hijos rompió el corazón de Zainab. Cuando pedían dinero para comprar dulces, esa simple alegría de la infancia, ella tenía que decir que no.
"Iba al supermercado y miraba todas las cosas que quería pero no podía comprar para mi familia, y me sentía muy triste", dice.
Entonces Zainab tomó una decisión que cambió su vida. Se unió a un ambicioso proyecto de gestión de residuos sólidos en su ciudad. Fue un paso arriesgado, porque el trabajo de clasificación de desechos es menospreciado en su comunidad, pero ella siguió adelante de todos modos.