"Las cosas volaban por el aire, por todos lados. No imaginamos que encontraríamos tanta destrucción. No solo yo, sino muchas personas quisieran olvidarlo."
El 16 de abril de 2016, un terremoto escala 7,8 devastó la zona costera de Ecuador; causó la muerte de 671 personas y grandes pérdidas para otras cientos de miles.
Un año después, el país está recuperándose a un ritmo constante, con coraje y espíritu resiliente.
Apenas dos semanas después del terremoto, el PNUD puso en marcha la iniciativa de Trabajo Comunitario de Emergencia para la Gestión de Escombros. Con el fin de comenzar el proceso de recuperación lo antes posible —concentrándose específicamente en las áreas rurales afectadas por el terremoto— la primera fase de este trabajó comenzó en la ciudad costera rural Las Gilces, a unos 400 km al oeste de la capital, Quito, en la severamente afectada provincia de Manabí.
Estas actividades, que contaron con la participación de alrededor de 30 mujeres y hombres trabajando en la gestión de escombros y la reparación de la infraestructura comunitaria crucial, estuvieron entre las iniciativas que comenzaron la reconstrucción de comunidades e iniciaron la reactivación de las economías locales.
La generación de ingresos y la creación de empleos suele ser la principal prioridad de las familias. La creación de empleos comunitarios de emergencia permite que las familias pasen de ser beneficiarias a ser protagonistas del proceso de reconstrucción de sus comunidades. Este programa de empleo temporal proporcionó ingresos rápidos para apoyar a las comunidades afectadas.
El PNUD dirigió los programas de remoción y gestión de escombros (dentro del programa de empleo temporal) en la Junta Parroquial de Riochico, en el cantón Portoviejo, con apoyo del Gobierno del Japón.
“La gestión de los escombros es el comienzo del proceso de recuperación, en el cual el apoyo a los medios de vida y la reconstrucción de los hogares desempeña un papel vital”, dice Nuno Queiros, Representante Residente Adjunto del PNUD en Ecuador. “Con este objetivo en mente, el PNUD vincula la respuesta humanitaria con la recuperación temprana en el desarrollo humano.”
Como parte de la respuesta inmediata, el PNUD apoyó a las autoridades en la evaluación de los daños, con el fin de determinar el impacto del terremoto y planificar la recuperación.
La estrategia a corto plazo del PNUD incluyó proporcionar apoyo inmediato posterior a la crisis a los gobiernos municipales para evaluar las necesidades de recuperación, así como facilitar la acción cohesiva para lograr una rápida recuperación económica.
Junto con las autoridades locales y nacionales, el PNUD trabajó en la reparación de infraestructura productiva y en las mejoras de los modelos de negocios para reactivar el comercio, la agricultura y la pesca.
A largo plazo, los esfuerzos han incluido el fortalecimiento de capacidades para la planificación de la recuperación antes del desastre -para futuros riesgos- así como la integración de la reducción de los riesgos en las iniciativas de recuperación.
El cambio climático y la creciente exposición al riesgo de desastres plantean un reto sin precedentes para el mundo. El desafío es grande, sobre todo para los países en desarrollo, para los cuales es más difícil hacer frente a los impactos y, en consecuencia, tienen más probabilidades de verse afectados. Con su trabajo para integrar la recuperación oportuna del desastre y la reducción de los riesgos a nivel local y nacional, el PNUD apoya a los países en la construcción de resiliencia y garantiza que el desarrollo siga teniendo en cuenta los riesgos y sea sostenible.
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