“Fue algo muy fuerte para mí porque me tocó dejar mis hijos, mi esposo, mi padre y todo lo que había construido, mi tierra y mi casa,” relata Sonia entre lágrimas.
Sonia, enfermera, defensora de los derechos de las mujeres y víctima de desnudez forzada, lideró que se rompiera el silencio sobre la violencia sexual en Cesar. En las denuncias y declaraciones que ponían de manifiesto que en el Cesar no solamente se quitaban tierras y asesinaban personas, sino que tanto paramilitares como guerrilla ejercían diversas violencias en contra de las mujeres, éstas comenzaron a identificar a los perpetradores de los crímenes. A raíz de ello, la amenazaron y obligaron a salir del Cesar.
La ruta que transitan las supervivientes de violencia sexual en el marco del conflicto es larga y tortuosa. Para Marta y Sonia, las violaciones han sido múltiples: como mujeres cuyos cuerpos fueron transformados en campo de batalla; como mujeres rurales de unos de los territorios más golpeados por el conflicto y afectados por el despojo y la pobreza; como activistas de derechos humanos amenazadas y perseguidas; como mujeres afrocolombianas discriminadas, y como mujeres violadas, estigmatizadas y revictimizadas.
“El desplazamiento y las amenazas me motivan a luchar aun más,” expresa Sonia, Fundadora de la asociación Mujeres Víctimas Emprendedoras.
Al hablar del proceso de empoderamiento personal y colectiva, Marta añade que los obstáculos que enfrentan, siempre han acabado transformándose en avances. A pesar del dolor, sus espíritus nunca han sido quebrantados y han trabajado incansablemente para que sus testimonios fortalezcan a otras mujeres, para no sentirse solas, y para a su vez romper el silencio.