“En esta ciudad, si tienes dinero, puedes ser y estar donde quieras. Pero si no, las cosas se ponen complicadas” – Nano, 65, pescador artesanal
Hace 50 años que Nano lleva una rutina severa. A las 5 de la mañana, deja su hogar en Huaylas, en la zona periurbana de Lima, para llegar al terminal pesquero. Trabaja jornadas de 12 horas, por un ingreso promedio de 30 soles al día, poco menos de US$10.
Write your story here. (Optional)
Durante la última década, Perú fue uno de los países de mayor crecimiento económico en Latinoamérica, e impulsado por este auge financiero, logró reducir la pobreza y la pobreza extrema en más de la mitad, especialmente en áreas rurales. Sin embargo, los beneficios de este crecimiento no han alcanzado a todas las personas, y una gran proporción de la población relegada se encuentra en los barrios periurbanos de grandes ciudades, donde la pobreza ha venido aumentando en los últimos años.
Lima, la capital, alberga alrededor de un tercio de la población del país, y al menos 1.2 millones de personas en condición de pobreza. En un país que aún está marcado por un centralismo económico y político, y que está siendo tremendamente afectado por el cambio climático, la promesa de un futuro mejor ha impulsado grandes movimientos migratorios hacia la capital.
“En mi pueblo, las cosechas ya no dan, los animales se mueren de frío. Pero yo quiero que mis hijos se eduquen, y por eso me gusta la ciudad, porque nos da oportunidades” – Inés, 29, vendedora ambulante.
Esta es una historia que se repite a nivel mundial. Para 2030, se espera que al menos el 60% de la población global viva en ciudades, y el 90% del crecimiento urbano sucederá en países en desarrollo. Para 2035, la mayor parte de personas en condición de pobreza se encontrará en zonas urbanas.
“Cuando la ciudad no está preparada para ti, no solo limita tu capacidad de moverte. Te limita tu capacidad para estudiar, para trabajar, para ser quien quieres ser” – Mary, 35, vendedora ambulante con discapacidad
En Perú, el 46% del territorio tiene una vulnerabilidad alta a desastres. Y en zonas urbano-marginales, la vulnerabilidad causada por la pobreza se agrava por este tipo de riesgos, que cada año generan pérdidas de aproximadamente US$ 73 millones.
Esto, además, tiene un impacto directo en la vida de las personas, sus medios de vida y su capacidad de acceder a oportunidades de desarrollo. Lo peor, son las personas en mayor condición de vulnerabilidad, como infantes, adultos mayores, personas con discapacidad y migrantes indígenas, quienes sufren más seguido los impactos negativos.
En este contexto, es imposible pensar en un desarrollo que no deje a nadie atrás, sin imaginar formas de hacer nuestras ciudades más inclusivas y sostenibles. Esa es la visión de la Agenda 2030, que especialmente a través de su Objetivo 11 nos invita a encontrar formas de construir resiliencia, desarrollo inclusivo y a reducir las desigualdades.
Es por eso, también, que representantes de 115 países se reunirán entre este 17 y 20 de octubre en la conferencia más grande sobre ciudades sostenibles de los últimos 15 años, Habitat III, que llega un momento crítico. Un momento en el que las decisiones que los países tomen, puede convertir el crecimiento urbano en una oportunidad o un desafío.
Nino, mientras conversamos en su barca, comenta: “Hace 30 años, en Huaylas, solo llegaban tres buses al día, pero hoy es imposible imaginar sus calles sin carros. Lamentablemente, las oportunidades las seguimos esperando”
Conoce más del ODS 11 y el trabajo del PNUD por ciudades sostenibles dando click aquí.
© 2026 United Nations Development Programme