"Ya no tengo miedo de hablar en público, quiero luchar contra el extremismo. Por eso estoy aquí", dice Diallo Cheikh, de 18 años.
"Me gusta este lugar porque veo a mis amigos, jugamos al fútbol, es un ambiente muy acogedor. Aquí encuentro a muchas personas interesantes que, creo, algún día cambiarán nuestro país", dice.
Con el fin de luchar contra la radicalización de la juventud, se desarrolló un plan de acción nacional junto con una encuesta dirigida a los jóvenes que posiblemente cayeron en la retórica extremista en el pasado. Asimismo, se creó una red de jóvenes mentores para fomentar el diálogo, promover la ciudadanía e impulsar el rol de los jóvenes en cuestiones sociales y económicas.
Los jóvenes como Salek, Mariem y Diallo valoran la oportunidad de convertirse en una influencia positiva para su país. Los centros juveniles como el de Nouakchott ofrecen la oportunidad de moldear su futuro, así como ser parte de la solución y no del problema.