Los conocimientos, tradiciones y estilos de vida indígenas son parte integral de todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los pueblos indígenas y las comunidades locales han surgido como una luz de esperanza en medio de la intensificación de las crisis planetarias. Estos admirables custodios de los ecosistemas más esenciales de la Tierra, que dan hogar a un asombroso 80 % de la diversidad biológica del mundo y de inmensas reservas de carbono, tienen la clave para mantener al mundo dentro de los límites planetarios seguros.
El Día Internacional de los Pueblos Indígenas de este año promueve el papel clave que desempeñan las personas indígenas jóvenes en el logro de los ODS.
El Premio Ecuatorial se concederá a una serie de grupos sobresalientes, de acuerdo con el innovador Marco Mundial para la Diversidad Biológica consensuado a finales de 2022.
Esto se produjo luego de que el Secretario General de la ONU, António Guterres, afirmara que destruir el delicado tejido de un mundo repleto de diversidad biológica es semejante a “cometer suicidio por poder”.
El tema de este año “Juventud Indígena, agente de cambio hacia la autodeterminación" pone el foco en el papel vital que desempeña la juventud en la creación de nuestro futuro colectivo.
Los pueblos indígenas siempre han estado al frente de la protección ambiental. Se estima que existen 476 millones que viven en más de 90 países y, pese a que conforman menos del 5 % de la población mundial, representan el 15 % de la población más pobre.
Se han elegido diez organizaciones para el premio de este año que consiste en 15.000 dólares de los Estados Unidos (USD). Te mostramos algunas de las contribuciones que hacen tanto a sus comunidades como a la humanidad toda a través de los ODS.
Cuando los insectos destructores de cultivos conocidos como “soldados” aparecieron en Bujumbura, infundieron el miedo en el corazón de los residentes, el 95 % de los cuales dependen de la agricultura de subsistencia.
El control químico de los insectos no surtió efecto en esta plaga y, sin nada para detenerla, los “soldados” campaban a sus anchas en su campaña mortal.
Perfect Villages Community (Comunidad de aldeas perfectas, PVC por sus siglas en inglés), uno de los finalistas del Premio Ecuatorial de este año y que organiza la ONU, decidió adoptar un enfoque diferente.
La organización indígena, dedicada a defender la diversidad biológica como forma de atacar el hambre y la pobreza, está abocada a restaurar las prácticas agrícolas tradicionales y promover una salud mejor. Su fundador y director general, el enfermero Parfait Mugisha, detectó la necesidad cuando advirtió un vínculo directo entre la degradación del medio ambiente y la salud de su comunidad.
“La finalidad es aliviar este padecimiento enseñando gestión medioambiental, técnicas de agricultura éticas y cultivos regenerativos del suelo”, explica.
Dado que los “soldados” se mostraban inmunes al control convencional de insectos, PVC respondió con sus propios métodos naturales de control biológico de insectos, con un efecto asombroso.
“Todos los insectos desaparecieron de los cultivos luego de dos aplicaciones”, relata Parfait Mugisha.
En este país africano, que lucha con niveles sumamente altos de desempleo entre la población joven, Indigenous Young Emerging Farmers Initiative (iniciativa para nuevos jóvenes agricultores indígenas, YEFI por sus siglas en inglés) ofrece oportunidades en el ámbito de la agricultura sostenible.
El país además ha experimentado una caída en el rendimiento de los alimentos en los últimos años, mientras que la salud del suelo ha mermado con rapidez. Por año se talan más de 100.000 árboles.
“En las últimas décadas, el sistema alimentario no ha tenido un buen desempeño y la mayoría de los agricultores se encuentran por debajo del umbral de la pobreza. La producción y la productividad han sido muy escasas entre los pequeños agricultores que utilizan muchísimos químicos y fertilizantes sintéticos”, declara Richard Kachungu, confundador de la iniciativa.
Un sector agrícola saludable es indispensable para la economía del país. Este da empleo a más del 60 % de la fuerza laboral, mujeres en su mayoría. El rol de la gente joven es aún más importante, pues más del 70 % de la población de Zambia tiene menos de 35 años de edad.
Mediante la campaña My Farm, My Swag (Mi parcela, mi propiedad), la iniciativa ha incidido en la política, con lo que se ha logrado establecer mercados y finanzas sostenibles. El objetivo es generar dinero al tiempo que se lucha por un sistema alimentario justo. Las personas jóvenes han plantado más de 6.000 árboles y conservado más de 10.000 hectáreas de bosques.
De a poco, la contaminación y el cambio climático están acabando con el lago Uru Uru. Minuto a minuto se vierten al lago residuos y desechos de la minería, así como al alcantarillado de la ciudad de Oruro.
El lago es el hogar de una comunidad indígena, la morada de toda la fauna y flora autóctona, y uno de los humedales más importantes del mundo.
Para rescatarlo, la comunidad indígena se ha lanzado al agua. Construyeron balsas y se embarcaron en un viaje en el que aplican conocimientos indígenas con principios científicos.
Las propias balsas, fabricadas con materiales reciclados que se recogen de la basura arrojada en las inmediaciones del lago, acogen y fomentan plantas autóctonas como totoras y chijway para que absorban los metales pesados.
El equipo, además, ha creado un huerto comunitario para su propio sustento. Tienen la determinación de poner todo el esfuerzo para no convertirse en refugiados por causa del clima, como les ha sucedido a otras comunidades.
“En nuestra región hubo casos similares, y las comunidades perdieron su fuente de supervivencia y se ven obligadas a convertirse en refugiadas debido al cambio climático. Todo esto produce muchos problemas, como restricciones económicas, pérdida de identidad cultural, matrimonios precoces y forzados, etc. Este fenómeno tiende a afectar con más contundencia a nuestras hermanas de la comunidad. Sin embargo, con el proyecto, las hermanas lideran el camino y nos enseñan las mejores competencias de gestión a toda la comunidad”, subraya Gabriela Tronconi, directora de AJMUN Oruro.
El Instituto Zág obtuvo el galardón por haber trabajado para salvar de la extinción del pino Paraná o araucaria. Antes de comenzar su ambicioso programa de reforestación, la araucaria se había reducido a solo el 2 % de su superficie original.
Durante miles de años, la araucaria ha sido parte de la cosmovisión del pueblo xokleng del sur del Brasil. Además de ofrecer alimentos nutritivos a humanos y animales, para las mujeres indígenas, también posee un valor espiritual, medicinal ancestral, terapéutico y de higiene.
“A la vez implica la continuidad de la sabiduría y la acción de nuestros ancestros. En este sentido, la reforestación es solo un paso en esta lucha: el territorio se tiene que preservar, entre otras cosas, para darle a los almácigos una oportunidad en el largo recorrido hasta su madurez”, manifiesta Carl Gakran, presidente del Instituto Zág.
El Instituto además está adoptando otras medidas para defender el territorio de los lãklãno/xokleng mediante la remoción de especies de árboles invasivas y la puesta en valor de las tradiciones y la cultura ancestrales. El fin último es quitar a la araucaria de la Lista Roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Durante años, los pueblos indígenas han buscado el reconocimiento de sus identidades, su forma de vida y sus derechos. Se encuentran probablemente entre los grupos más desfavorecidos y vulnerables del mundo y, sin embargo, se mantienen al frente de la acción por el clima. La comunidad internacional ahora reconoce que es necesario adoptar medidas especiales para proteger sus derechos y mantener lo distintivo de sus culturas.
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