La guerra ha tenido un efecto catastrófico en la economía del Sudán. Alrededor de dos tercios de los sudaneses trabajan en la agricultura, pero el conflicto ha hecho que millones de agricultores abandonen sus tierras, lo que ha arruinado las cadenas de suministro y ha hecho que los precios sean prohibitivos. Ahora desde los fertilizantes hasta la gasolina están por las nubes y, como consecuencia, muchos no pueden permitirse comprar alimentos.
En estudios recientes que llevamos a cabo en el PNUD mostramos que, en las áreas urbanas, los empleos a tiempo completo se han reducido a la mitad y una de cinco familias carece de ingresos.
Ante una devastación de tal magnitud, la ayuda humanitaria solo puede llegar a una fracción de quienes la necesitan y será solo una solución temporal, incluso para quienes la reciben.
En el PNUD, dedicamos los esfuerzos con los objetivos de promover la autosuficiencia generalizada, como lo demuestran nuestros proyectos con agricultores para aumentar la producción, incrementar el suministro de alimentos y reducir los precios.
También ayudamos a mujeres, jóvenes y otros emprendedores a iniciar nuevos negocios o expandir sus operaciones. Al impulsar las economías locales, aumentamos el poder adquisitivo de las familias, para que puedan costear los alimentos en el mercado, así como otros productos esenciales como medicamentos.