Los seres humanos siempre hemos creado herramientas que nos han facilitado la vida. Nuestras herramientas también nos han permitido ser más rápidos, más eficientes y más aptos para sobrevivir, así como estar mejor preparados para controlar nuestro entorno.
El potencial de la inteligencia artificial (IA), nuestra herramienta más reciente, es enorme y aleccionador a la vez. Sus habilidades avanzan a un ritmo extraordinario, evolucionando ante nuestros ojos casi de forma diaria.
Al mismo tiempo, el mundo se tambalea ante retos complejos e interconectados como el cambio climático, los conflictos, la migración masiva y el rápido aumento de las desigualdades.
Hemos llegado a un punto en el que debemos adoptar decisiones. ¿Cómo debemos utilizar la IA para crear oportunidades que nos permitan afrontar los retos del momento?
En nuestro último Informe sobre Desarrollo Humano, titulado "Un llamado a decidir: personas y posibilidades en la era de la IA", analiza este momento singular de la historia.
En el PNUD hemos seguido las pautas del Índice de Desarrollo Humano (IDH) durante 35 años. En las tres primeras décadas, el IDH global aumentó de manera constante y la desigualdad disminuyó. Si las tendencias previas a fecha del 2020 hubieran continuado, estaríamos en camino de alcanzar un mundo con un IDH muy alto para 2030.
Sin embargo, desde 2020, el IDH ha fluctuado entre una volatilidad extrema y un estancamiento preocupante en 2024, mientras que la desigualdad sigue aumentando por cuarto año consecutivo.
Si el modesto crecimiento proyectado para el IDH en 2024 se convierte en la "nueva normalidad", ese objetivo podría retrasarse 30 años.
Los países con un desarrollo humano bajo enfrentan una "triple presión": financiamiento insuficiente, menos oportunidades de manufactura debido a la automatización y la incertidumbre comercial.
Están quedándose atrás porque no pueden depender del crecimiento de las exportaciones ni de la manufactura.
Hemos creado máquinas con las que podemos hablar y que pueden hablar con nosotros. Estas máquinas están incorporando conocimientos a velocidades que no podemos comprender y también tienen el potencial de moldear nuestra forma de pensar.
¿Qué tipo de conversación deberíamos mantener?
Nuestro informe arroja luz no solo sobre lo que está ocurriendo ahora, sino también sobre un camino viable hacia el futuro.
Muestra que la mayoría de las personas esperan que la IA se convierta en una parte mucho más importante de su educación, trabajo y atención sanitaria, y más de la mitad del mundo abriga la esperanza de que la IA sirva para mejorar sus vidas.
En los últimos dos años, más de la mitad de los intercambios a través del ChatGPT ha provenido de países de ingreso mediano. Y la utilización en el trabajo de la IA generativa, que aprende de los datos para crear textos, imágenes, música y videos, está aumentando de manera más rápida que el uso de computadoras o de Internet.
Los hombres utilizan la IA más que las mujeres. Las personas con mayor nivel educativo la usan en mayor proporción que aquellas con menos formación. La edad también influye: las personas mayores sienten que la IA podría disminuir su sentido de autonomía.
Una de cada ocho personas cree que la IA podría quitarle su puesto de trabajo. Sin embargo, los resultados de nuestra encuesta presentan un panorama generalmente optimista, especialmente en los países en desarrollo.
La IA ya puede realizar una amplia gama de tareas no rutinarias que antes no podía hacer.
Sin embargo, esto no significa que la IA vaya a reemplazar el trabajo humano. Nuestra investigación muestra que, en realidad, la IA ofrece muchas oportunidades aún por explorar para repensar el trabajo y ampliar las oportunidades.
Delegar tareas a las máquinas puede liberar a las personas para que puedan dedicar más tiempo a lo que realmente sabemos hacer: cuidar a los pacientes, enseñar a los niños o aprender nuevas habilidades.
La IA puede sortear sin esfuerzo barreras lingüísticas y de alfabetización, permitiendo que prosperen el aprendizaje y la información.
Nuestra investigación revela que la IA tiene potencial para volver a poner en marcha el motor del desarrollo humano y abrir nuevas vías para recuperar el tiempo perdido.
Puede mejorar la capacidad industrial y conducir a una mayor diversificación de las cadenas de valor, así como a mejores mercados para los trabajadores por cuenta propia. Puede dar lugar a nuevos conocimientos y competencias en beneficio de todas las personas, desde los agricultores hasta los pequeños empresarios.
Y, como ocurre con cualquier máquina, los inventos crearán nuevas funciones para los seres humanos de formas que aún no podemos imaginar.
Las preocupaciones relativas a la IA son reales. ¿Quiénes tendrán el poder de controlarla? ¿Qué harán con ese poder? ¿Cuáles son las implicaciones de una "carrera armamentista" de la IA y cómo deberían responder los gobiernos?
Pero el verdadero peligro de la IA es que desaprovechemos su verdadero potencial negándosela a quienes más se beneficiarían. Y con ello perderíamos la oportunidad de revolucionar la atención de la salud, la educación y el trabajo de personas de todo el mundo.
Solo alrededor del 40 % de los niños del mundo tienen conocimientos básicos de matemáticas y ciencias.
Esta tasa oscila entre el 67 % en los países muy desarrollados y el 4 % en los de IDH bajo. El potencial de la IA para zanjar estas brechas podría ser revolucionario.
Ha llegado la hora de utilizar el potencial de la IA para impulsar el desarrollo humano.
Los riesgos son tan solo una parte de la cuestión. Hay muchas más posibilidades para el bien común, sobre todo en los países menos desarrollados. El IDH de este año se centra en las posibilidades.
Debemos asegurarnos de que las personas encuentren más oportunidades para colaborar en lugar de competir con la IA.
Quienes formulan las políticas deberían promover modelos económicos en los que la mano de obra humana y la IA trabajen juntas, promoviendo modelos económicos que complementen las tareas humanas, salvaguarden el trabajo decente y aumenten la productividad.
Las oportunidades para las personas deben ser parte integrante del diseño de la IA y no quedar relegadas a un segundo plano. Esto implica aprovecharla para impulsar la innovación y basarse en modelos de código abierto y de lenguaje pequeños.
También es esencial orientar la investigación en IA hacia objetivos de desarrollo humano mediante alianzas diversas, datos precisos e imparciales y nuevos parámetros que midan cómo está contribuyendo al desarrollo humano.
Las inversiones adecuadas brindarán a las personas la oportunidad de sacar el máximo partido de la IA en sus vidas.
Los sistemas de educación y de salud deben modernizarse para aprovechar el enorme potencial en estos ámbitos, y las herramientas de la IA deberían ampliar el acceso, personalizar los servicios y fortalecer las capacidades humanas, como el pensamiento crítico, la adaptabilidad y el bienestar para todas las personas.
Aprovechar el momento y el poder de la IA para satisfacer las expectativas de las personas de una vida mejor depende de algo más que de algoritmos: se basa en decisiones.
En el PNUD nos centramos en la creación de sistemas de IA que puedan ayudar a hacer frente a los principales desafíos del desarrollo y en las alianzas con los gobiernos para garantizar que puedan transitar eficazmente esta transformación tecnológica.
Con el apoyo de nuestros socios, somos parte de una coalición mundial para la transformación digital, que tiene el objetivo de desbloquear el acceso a la IA para millones de personas. Juntos, estamos construyendo un futuro en el que la IA pueda transformar la vida de muchas personas, y no solo la de unas pocas elegidas.
La IA puede y debería utilizarse para hacer la vida más fácil. En lugar de "competir" con las personas, puede ayudarnos a conseguir más, como crear economías más justas, fomentar la innovación y liberar a las personas para que utilicen su imaginación, su tiempo y su creatividad en tareas importantes.
Pero el progreso real requiere liderazgo humano: innovaciones audaces, inversiones inteligentes, instituciones integradoras y el compromiso de escuchar a las comunidades a las que debería servir la IA.
Hacer realidad el verdadero potencial de la IA supone centrarse en cómo puede trabajar con nosotros, en lugar de contra nosotros. Al construir una economía complementaria y fomentar la innovación deliberada, las sociedades pueden utilizar la IA para ampliar las oportunidades de los seres humanos y crear nuevos futuros más prósperos para todas las personas.
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