“Ya no podemos trabajar en el campo”, se queja Maminata Dagnogo, líder de la asociación de mujeres de la aldea de Kafolo, en el norte de Côte d’Ivoire.
Tras una serie de ataques violentos en la zona en 2020 y 2021, la Sra. Dagnogo y las demás mujeres de su aldea dejaron de cultivar, pescar y pastorear en la mayor parte del distrito. Aventurarse lejos de su territorio se convirtió en algo demasiado peligroso.
La aldea de la Sra. Dagnogo no es la excepción. Los grupos extremistas violentos, que han establecido un bastión en el Sahel durante la última década, van ampliando su red de acción.
“Los ataques han creado muchas tensiones”, confirma el Sr. Kah Pehe, funcionario local de la región vecina de Bounkani, quien comenta que, en su pueblo, “las familias han comenzado a acusarse mutuamente de haberse aliado con los extremistas”.
Además de los ataques, 44.000 personas refugiadas que huían de los mismos grupos cruzaron la frontera norte hacia Côte d’Ivoire desde las vecinas Malí y Burkina Faso durante el último año. Según afirma el Sr. Pehe, “la llegada de personas refugiadas es un elemento que se suma a estas tensiones. Me temo que los conflictos se están haciendo inevitables”.
Otros efectos secundarios propios del proceso en que los grupos extremistas van ganando terreno en el Sahel están perturbando la vida de las personas en toda la región.
En asociación con los Gobiernos de Alemania, Australia, Dinamarca y Noruega, en el PNUD hemos puesto en marcha el proyecto regional llamado Corredor Atlántico para ayudar a las comunidades a incrementar su resiliencia, fortalecer los servicios gubernamentales y prevenir la propagación de grupos extremistas en Benin, Burkina Faso, Côte d’Ivoire, Ghana y Togo.
Además, en el PNUD trabajamos con el propósito de anticipar y prevenir la propagación de discursos y grupos extremistas violentos en 41 países. Nuestros esfuerzos procuran hacer frente a las causas profundas del extremismo violento, como la falta de oportunidades, el escaso acceso a servicios sociales, la exclusión y la marginación, así como la incitación al odio.
Nuestras intervenciones permiten a personas como la Sra. Dagnogo, cuyas vidas han sido interrumpidas por el extremismo violento, obtener ingresos y reconstruir su normalidad. En el PNUD también estamos aplicando un conjunto coherente de iniciativas para hacer frente a las divisiones en las comunidades, ya que crean un terreno fértil para los grupos extremistas violentos.
En algunos contextos, el cambio climático también puede avivar las reivindicaciones que llevan a individuos a unirse a grupos extremistas violentos. En la cuenca del lago Chad, un estudio de las Naciones Unidas encontró que las dificultades relacionadas con el cambio climático pueden ser un factor clave para la participación de personas en grupos ligados al extremismo violento. A día de hoy se necesita más investigación para comprender mejor la relación entre el cambio climático y el extremismo violento.
El extremismo violento también está presente en Asia Central. Nuestro trabajo en la región tiene como objetivo ayudar a solucionar la falta de oportunidades y a resolver los desequilibrios de poder, las injusticias y la marginación que ayudaron a que se arraigaran los discursos extremistas violentos en la región.
Además, muchas de las personas repatriadas de conflictos en el Iraq y Siria, así como sus familias, han tenido dificultades para ser aceptadas de nuevo en su tierra natal debido a las sospechas, los estigmas y el aislamiento. En Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, hemos establecido grupos comunitarios inclusivos que se aseguran de que estas personas encuentren su lugar entre sus pares. También les ayudamos a reconocer y contener los discursos que dan lugar a divisiones, evitando así una mayor desconfianza y un incremento en la relevancia del conflicto.
En Indonesia, Malasia, Maldivas, Filipinas, Sri Lanka y Tailandia, estamos previniendo la violencia y el odio al abrir y fomentar un diálogo muy necesario sobre el racismo, el extremismo y la identidad.
De vuelta en la región de Bounkani en Côte d’Ivoire, tras un partido de fútbol que celebra la amistad entre las personas residentes y refugiadas recién llegadas, el Sr. Pehe concluye planteando que “esta noche, todas y todos ganamos, porque cuanto más fuertes sean nuestros lazos, mejor rechazaremos la amenaza extremista”.
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Para obtener más información sobre la labor del PNUD en la prevención del extremismo violento, visita este sitio web o ponte en contacto con Helena Sterwe, Líder del Equipo de Prevención de Conflictos y Consolidación de la Paz del PNUD, escribiéndole a helena.sterwe@undp.org.
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