Se llama Nino. Dirige una organización sin fines de lucro que promueve el pensamiento innovador y la transformación tecnológica en Georgia.
Jiang, ingeniera china, ha diseñado un sistema de refrigeración que elimina el uso de sustancias químicas dañinas para la capa de ozono.
Y en Uzbekistán, la joven empresa innovadora de salud de Nozimahon permite a los pacientes programar visitas virtuales con enfermeras a cualquier hora del día o de la noche.
Mujeres como Nino, Jing y Nozimahon están utilizando la tecnología digital como motor para remodelar sociedades y economías. Pero si bien la era digital permite avances sin precedentes, también está creando nuevos y profundos desafíos que podrían perpetuar los patrones existentes de desigualdad de género y profundizar la brecha digital.
Durante muchos años, la transformación digital parecía lejana, costosa e incluso fuera del alcance en muchos rincones del planeta. Pero la pandemia rompió todos los moldes, obligándonos a emprender una transición a la tecnología digital a un ritmo vertiginoso. Solo en 2020, los usuarios de Internet crecieron más de un 10 %, el mayor incremento anual en un decenio.
Basanti es una de esas nuevas usuarias. Cuando se desató la pandemia, esta anciana de la India se inscribió en un curso de alfabetización digital, junto a más de 20.000 personas mayores del país, incluidas personas con discapacidad. Ahora Basanti puede pagar facturas y solicitar prestaciones públicas a través de su teléfono inteligente.
Şerife dirige una cooperativa de mujeres empresarias en Gazipaşa, Türkiye. Durante la pandemia, ella y las integrantes de su cooperativa, junto con otras 4.000 pequeñas y medianas empresas del país, aprovecharon la oportunidad para aprender a hacer su trabajo por Internet y gestionar sus finanzas de forma digital. Gracias a la plataforma en línea que establecieron, no solo pudieron mantener la cooperativa a flote durante los confinamientos, sino también apoyar actividades que promueven la prosperidad de las mujeres.
A pesar de los avances logrados durante la pandemia, los beneficios de un mundo conectado digitalmente no llegan a todas las personas por igual.
La falta de accesibilidad, asequibilidad y competencias digitales, así como los temores en torno a la privacidad y la seguridad, conllevan el riesgo de que la rápida transformación digital pueda en realidad agravar la desigualdad de género en lugar de reducirla.
Todavía hoy 2.700 millones de personas carecen de acceso a Internet, y la mayoría de estas son mujeres y niñas. Según un estudio reciente, los hombres tienen un 21 % más de probabilidades de estar conectados a Internet que las mujeres, y esa cifra asciende al 52 % en los países menos adelantados. Esto ocurre en un momento en que el 90 % de los empleos ya tiene un componente digital.
En las economías en desarrollo, los hombres con una cuenta bancaria tienen más probabilidades que las mujeres de haber realizado o recibido pagos digitales. Esta brecha de género en el uso de las finanzas digitales se mantiene prácticamente sin cambios desde 2014. Esto significa que las mujeres tienen más dificultades para obtener ingresos y ahorrar, hacer crecer sus empresas y sacar a sus familias de la pobreza.
Las desigualdades en la esfera digital tienen elevados costos económicos y sociales para todas las personas. Los países en desarrollo perdieron la oportunidad de aumentar su producto interno bruto en 1 billón de dólares de los Estados Unidos en el último decenio como consecuencia de ello. Además, los Estados Miembros de las Naciones Unidas han resuelto que los derechos humanos no solo se aplican al mundo físico, sino también al digital. Por tanto, hacer que los espacios digitales sean accesibles y seguros para las mujeres es un imperativo tanto moral como económico.
Kunzang es madre de tres hijos y vive en Bhután. Rompió aguas prematuramente en su tercer embarazo y, cuando llegó al hospital, los médicos le dijeron que su bebé corría peligro. Gracias a un dispositivo digital que controla la frecuencia cardiaca fetal y las contracciones uterinas, las complicaciones se detectaron a tiempo y Kunzang pudo recibir atención rápida.
En la República Dominicana, Magda es una de más de 8.500 mujeres políticas que obtuvieron mayor visibilidad a través de una plataforma digital que promovía a las candidatas en la campaña electoral de 2020. Este espacio virtual contribuyó a aumentar la participación de las mujeres en la política y, a su vez, a mejorar la paridad en el Gobierno. Magda es ahora diputada en el Parlamento del país.
La tecnología digital desempeña un papel decisivo en el fortalecimiento de la resiliencia de las mujeres y de sus comunidades en tiempos de crisis, manteniendo en funcionamiento los servicios sociales esenciales.
La tecnología digital tiene el poder de transformar las economías. Una mayor igualdad de género en este espacio fomenta el crecimiento económico y conduce a mejores resultados de desarrollo y a la prosperidad económica a largo plazo.
La tecnología digital también tiene el poder de mejorar la gobernanza, proporcionando nuevas vías para la participación y la contribución de las mujeres y las niñas a la sociedad.
Sin embargo, si la tecnología digital se utiliza sin tener en cuenta las necesidades y los derechos de las mujeres y las niñas, puede ser un arma de doble filo que alimenta la violencia y el acoso, especialmente en Internet. De hecho, el 85 % de las mujeres en línea ha observado acoso, discurso de odio, troleo y otras formas de violencia digital contra otras mujeres y el 38 % lo ha experimentado personalmente. En respuesta a esta amenaza, Valeria y Tetiana decidieron iniciar una búsqueda en línea ludificada para sensibilizar sobre la violencia de género digital en Ucrania. Por su parte, Fatima, de Kirguistán, puso en marcha un chatbot que permite a las mujeres detectar señales de abuso psicológico y financiero en línea.
Las normas sociales discriminatorias en el espacio digital suelen ir unidas a las del mundo analógico, lo que crea una atmósfera que impide a las mujeres acceder en igualdad de condiciones a las profesiones conexas. Las mujeres solo representan el 28 % de la mano de obra en la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inlgés) y el 22 % en el campo de la inteligencia artificial.
Nino, Jiang y Nozimahon, como otras mujeres mencionadas en esta historia y muchas más, demuestran que la tecnología digital necesita a las mujeres tanto como las mujeres necesitan la tecnología digital. Son una clara señal de que las profesiones no tienen género y de que cuando las mujeres tienen acceso a la tecnología digital, pueden ser una fuerza de cambio radical positivo.
Ir más allá de los estereotipos en la era digital permitirá a personas como Aidana seguir construyendo el primer satélite de Kirguistán; a Lorna prosperar como diseñadora de páginas web de interfaz de usuario y de administración; a Yine educar a la próxima generación de mujeres científicas de Sudán del Sur; y a Raghda expandir la aplicación móvil que creó y que ofrece programas de bienestar personalizados en Egipto.
El tema del Día Internacional de la Mujer 2023 es "Por un mundo digital inclusivo: innovación y tecnología para la igualdad de género". Al tiempo que celebra los logros de las mujeres en este ámbito, el tema también destaca la necesidad de adoptar enfoques que tengan en cuenta las cuestiones de género en la tecnología, la innovación y la educación digital.
El PNUD trabaja a través de su Estrategia de Igualdad de Género y se guía por su Estrategia Digital para reducir tanto la brecha de género como la digital, situando la igualdad de género en el centro de la digitalización y garantizando que la transformación digital no deje a nadie atrás. Hasta ahora, el PNUD ha apoyado a más de 100 países en la adopción de estrategias digitales esenciales, incluidas soluciones para abordar las desigualdades de género y promover el empoderamiento de las mujeres y las niñas.
La transformación digital encierra inmensas posibilidades para abordar nuestros mayores retos y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero su potencial no puede hacerse realidad sin la inclusión total de la mitad de la población.
Esta plataforma está dedicada a acelerar la igualdad de género y la representación de mujeres y niñas en la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas en Europa y Asia Central.
Creada por el PNUD y UNICEF
Esta iniciativa ayuda a responder a todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas en África, América Latina, Asia, el Caribe y el Pacífico.
Creada por la ONU y respaldada por la Unión Europea y otros socios
Esta plataforma vigila las medidas nacionales de respuesta a la pandemia que abordan directamente la seguridad económica y social de las mujeres y las niñas, así como la violencia contra ellas.
Creado por el PNUD y ONU Mujeres
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