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Daung Yi es una joven madre en la Zona Seca de Myanmar, donde el agua es limitada, la vegetación escasea y los suelos se encuentran secos y erosionados. En este lugar, las comunidades son cada vez más vulnerables a los efectos del cambio climático y la degradación del ambiente
“No tengo tiempo para sueños. Mi familia sufre para conseguir nuestras necesidades diarias… El agua es una gran preocupación. Sin lluvia, no puedo hacer nada” cuenta Daung Yi, cuyo hogar sobrevive con el equivalente a US$2-3 al día.
La aldea Sin Ka, ubicada en el Municipio Chauk de la Región Magway, tiene un solo pozo que sirve a alrededor de 700 personas. Éste se encuentra a 20 minutos a pie del centro de la comunidad y llenar un barril de 200 litros suele costar alrededor de US$0.60. Este es un gran problema para Daung Yi y su esposo, quienes velan por una familia de 12, incluidos infantes y personas adultas mayores.
Muchas de las personas que no poseen tierras en la Zona Seca de Myanmar trabajan como agricultores, es por ello que migran a las zonas urbanas en búsqueda de empleos temporales durante las temporadas donde no se cosecha. La pobreza crónica está directamente vinculada con los efectos de la sequía y el cambio climático.
El PNUD está prindando soporte a los esfuerzos para obtener recursos hídricos y reducir la inseguridad alimentaria para 42 mil familias en 5 de los municipios más vulnerables de la Zona Seca de Myanmar. Con el apoyo financiero del Fondo de Adaptación, el PNUD y el Ministerio de Conservación Medioambiental y de Ciencias Forestales están ocupándose de los riesgos medioambientales a través de la adaptación basada y enfocada hacia la comunidad.
Al reducir los riesgos e impactos de las recurrentes sequías, inundaciones y de la erosión, el gobierno de Myanmar ha asumido el ambicioso objetivo de ayudar a casi 250.000 personas en la región.
A fin de llegar a las personas de la Zona Seca, una de las principales iniciativas del proyecto es mejorar la captación del agua y su almacenamiento en 280 aldeas, asegurando la disponibilidad continua de agua y haciendo que las dificultades para acceder a este recurso, clave para los medios de vida y supervivencia, sean cosa del pasado.
La disponibilidad de agua se incrementará aún más a través de la promoción de prácticas agrícolas y de ganadería resilientes al clima. Estas medidas de eficiencia permitirán la optimización del agua en la Zona Seca para que llegue a un mayor número de personas, especialmente las más vulnerables.
También se intenta rehabilitar 4.200 hectáreas de micro vertientes a través de estrategias de regeneración natural administradas por los agricultores, y estableciendo parcelas comunitarias de agro-silvicultura en 7.650 hectáreas de tierras privadas y comunitarias. Estas iniciativas garantizarán la conservación del suelo y el agua de la región.
Esta historia es una adaptación de una versión anterior
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