Las devastadoras consecuencias de la guerra en Ucrania han sobrepasado las fronteras de la región.
En un mundo cada vez más frágil a causa de la pandemia de COVID-19, el conflicto, que ya lleva seis meses en marcha, es un factor más que está empujando a cientos de millones de personas a la pobreza y creando la mayor crisis del costo de vida de este siglo.
Los precios de los combustibles y los alimentos se están disparando. Inicialmente, los precios del trigo subieron un 62 % con respecto a principios de este año, aunque han bajado ligeramente.
El precio del aceite vegetal se ha duplicado con creces desde principios de 2020. El azúcar ha subido más de un 50 % y los cereales un 60 %. Hay interrupciones en el suministro de productos vitales como cereales y aceite para cocinar.
El ligero descenso de los precios de los productos básicos no ha supuesto una reducción de la inflación, que sigue acelerándose. El último informe del Grupo de Respuesta a la Crisis de la ONU señala que los hogares están aún peor que hace un mes.
El acuerdo mediado por las Naciones Unidas entre la Federación de Rusia, Türkiye y Ucrania para permitir la exportación de cereales y aceite de girasol ha despertado cierta esperanza, aunque persisten importantes problemas logísticos.
El notable aumento de los precios de los fertilizantes, debido a la falta de suministro de Rusia y Belarús, está obligando a los agricultores a reducir la producción; el costo de los cultivos se ha vuelto más caro que los precios que pueden llegar a alcanzar.
El arroz alimenta a la mayor parte del mundo, pero los agricultores tal vez no puedan satisfacer la demanda el próximo año, con consecuencias nefastas para millones de personas.
La escasez de alimentos y de fertilizantes explotará en 2023. Esto creará un círculo vicioso de inestabilidad de la oferta y de los precios, y hará aún más precaria la vida de las personas más vulnerables.
Un reciente informe del PNUD afirma que 71 millones de personas ya han caído en la pobreza en solo tres meses, un ritmo mucho más rápido que el de la pandemia. Los Balcanes, el Mar Caspio y el Sahel en África Subsahariana se ven especialmente afectados.
El Programa Mundial de Alimentos estima que el número de personas que padecen hambre aumentó en 828 millones en 2021, 46 millones más que el año anterior.
“El aumento de precios sin precedentes significa que para muchas personas en todo el mundo los alimentos que podían permitirse ayer ya no son accesibles hoy. Esta crisis del costo de vida está empujando a millones de personas a la pobreza e incluso a la inanición a una velocidad vertiginosa y, con ello, la amenaza de un mayor malestar social crece día a día”. - Achim Steiner, Administrador del PNUD .
La crisis inicialmente provocó que el barril de petróleo Brent superara los USD 100 por primera vez desde 2014 y el Grupo de Respuesta a la Crisis predice consecuencias de gran alcance: los picos de los precios de los alimentos y el combustible inevitablemente traen consigo inestabilidad e inseguridad.
Oriente Medio depende en gran medida del trigo, el maíz y el aceite de girasol de Rusia y Ucrania. El país más grande de la región, Egipto, importa el 80 % de su trigo. Según el Fondo Monetario Internacional, la inflación en la región es de casi el 15 % y se teme que se produzcan disturbios, desorden y desplazamientos.
Asia Sudoriental se ve afectada porque depende de la importación de productos básicos como el petróleo, el níquel, el trigo y el maíz.
África también tiene una gran dependencia de los alimentos y el combustible rusos y ucranianos. Algunos países, como Somalia, ya están haciendo frente a las brutales consecuencias de la sequía y la falta de alimentos.
Según una evaluación del PNUD, la crisis ucraniana exige medidas y apoyo financiero urgentes.
"Los Gobiernos africanos cuentan con financiación limitada para aplicar respuestas de política adecuadas y proteger a los grupos vulnerables, y al mismo tiempo prevenir la desestabilización social y económica", afirma Ahunna Eziakonwa, Subsecretaria General de las Naciones Unidas y Directora de la Dirección Regional de África del PNUD. "En general, la guerra en Ucrania limita la actividad económica y podría desencadenar nuevas tensiones y disturbios sociales, con posibles ramificaciones regionales y mundiales".
Hay riesgos reales de hambruna este año, y el próximo podría ser aún peor. Pero la catástrofe puede evitarse si actuamos con audacia y de inmediato.
La comunidad internacional se enfrenta ahora a un inmenso desafío: ¿cómo abordamos la crisis de forma que se salvaguarden los objetivos climáticos del Acuerdo de París y las metas de justicia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible?
El informe del Grupo de Respuesta a la Crisis afirma que el mundo debe redoblar la apuesta por la energía renovable. Su potencial de energía limpia dentro y fuera de la red nunca ha estado tan a la altura de la tarea de abordar la pobreza energética y eliminar la adicción a los combustibles fósiles. El informe señala la necesidad de un acceso equitativo a las tecnologías de energía renovable y sus materias primas, las políticas que fomenten la inversión acelerada, la transición de los subsidios a los combustibles fósiles a la energía renovable y la triplicación de la inversión en energía renovable.
Debemos encarar la crisis de la financiación y desbloquear todos los recursos para compensar el déficit de USD 1,2 billones en protección social y apoyar a los pequeños agricultores para que aumenten la productividad y la autosuficiencia.
Al mismo tiempo, debemos lograr el retorno de los alimentos y los fertilizantes de Ucrania y Rusia a los mercados mundiales y mantener abierto el comercio.
Se trata de una oportunidad única para transformar los sistemas alimentarios a todos los niveles, poniendo fin a los subsidios perjudiciales y erróneos a la agricultura y facilitando dietas saludables y sostenibles para todas las personas, en todas partes.
Los efectos de la guerra serán más duraderos que el conflicto. Incluso si la paz llega mañana, el impacto de la guerra se sentirá en el país, la región y el mundo durante años. El PNUD se ha comprometido a apoyar a los más vulnerables, dondequiera que estén y durante todo el tiempo que sea necesario.
Es momento de impulsar un liderazgo audaz que abandone la senda perjudicial que ha seguido el mundo y siente las bases para un planeta sano y un futuro próspero para todas las personas.
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