En todo el mundo, las familias y las comunidades se niegan a aceptar el statu quo y trabajan por un futuro mejor para ellas y para las generaciones venideras. En el PNUD, nos aliamos con ellas para acompañarlas en el logro de sus metas.
Aunque las tragedias son las que generalmente generan los titulares, es importante reconocer todas las cosas positivas que acontecen a nuestro alrededor. Ya sea la recuperación de los medios de vida después de una crisis, la lucha contra la polución y la deforestación, o de la defensa de la biodiversidad, los humanos están constantemente innovando y creando modos de hacer frente a los nuevos desafíos.
La crisis mundial de la biodiversidad está en un momento crucial, con un millón de especies que corren el riesgo de extinción y los ecosistemas que se deterioran a una velocidad sin precedentes. La comunidad indígena Térraba de Costa Rica, que ha estado luchando contra la deforestación desenfrenada y el uso de productos químicos en la agricultura durante décadas, sigue aferrada a su conexión ancestral con la tierra.
En la década de 1990, Paulino Nájera Rivera comenzó a replantar los árboles que se perdían por las talas. Junto con sus hermanos plantó 37.000 variedades nativas. Ahora su tierra está nuevamente floreciente y él comparte sus valores y tradiciones guiando a los visitantes en los tours.
Paulino es uno de los 77 empresarios indígenas que se han beneficiado del incubador de nuevas empresas Programa Raíces establecido por el Gobierno de Costa Rica, con el apoyo de nuestra Iniciativa para la Financiación de la Biodiversidad (BIOFIN).
"El Rincón Ecológico Cultural Térraba nació de un sueño, de una visión que nadie apoyó al principio. Sin embargo, queríamos mostrar lo que teníamos: nuestra cultura. Queríamos que las personas nos conocieran"
— Paulino Nájera Rivera, empresario
El Yemen tiene uno de los cultivos más antiguos de café del mundo. Preservar esa tradición es sumamente importante para el patrimonio y para la economía del país.
Saeeda creció en el cafetal de su familia en la región sur de Taiz. Hoy cultiva el café como lo hacían sus antepasados, pero debido a la intensificación del cambio climático, las temporadas de lluvias han variado enormemente y el rendimiento del cultivo ha disminuido.
Desde el PNUD, a través de un proyecto de obras públicas, hemos construido tanques para almacenar el agua de lluvia en toda la región, financiado y apoyado por el Banco Mundial. Los tanques aseguran reservas de agua durante los meses de sequía.
Dos tanques de 400 metros cúbicos han permitido a Saeeda y a sus vecinos mantener sus cultivos y sus tradiciones a pesar de las sequías recientes.
"Nuestra conexión con el árbol de café está muy arraigada. Cuando bebemos una taza sentimos el valor de nuestro esfuerzo y los meses que pasamos cuidando el árbol"
— Saeeda, agricultora
Como mucho otros, Daw Khin Thit vino de Yangon buscando una mejor vida, pero se encontró con pocas oportunidades. La pobreza urbana en la capital de Myanmar ha crecido del 10 % en 2017 a un alarmante 43 % en 2023.
Daw Khin Thit y sus amigos y vecinos decidieron crear sus propias oportunidades y han comenzado a plantar hongos. El Grupo de Mujeres Agricultoras de Hongos presentó su propuesta al proyecto de Resiliencia Urbana que, con el apoyo del PNUD, ofrece formación, capital inicial y guía técnica.
Daw Khin Thit y su grupo rápidamente comenzó a trabajar. El cultivo del hongo no requiere mucha tierra ni costos iniciales. Las setas de paja maduran en dos semanas y pueden ser cultivadas en desechos agrícolas como la paja de arroz y el aserrín.
Ahora los terrenos abandonados han sido transformados en áreas de industria tranquila y los agricultores se benefician con las cosechas prósperas.
"Me siento muy feliz de comenzar este tipo de trabajo"
— Daw Khin Thit, agricultora urbana
Francine se ha visto desplazada cinco veces por la violencia en Kivu del Norte, en el este de la República Democrática del Congo. A pesar de eso, ella y su familia se han sobrepuesto y permanecen muy optimistas.
Antes de ser desplazada, Francine dirigía una organización de microcréditos por la cual las mujeres utilizaban modestos préstamos para comenzar negocios y comprar tierra. Incluso cuando fue desplazada organizó pequeños grupos de ahorros para ayudarse a ella misma y a otros a solucionar la falta de alimentos, agua y refugios en los campamentos.
Recientemente, Francine volvió a su aldea de origen con prácticamente nada. Donde estaba su casa, puso una carpa.
Desde el PNUD apoyamos los esfuerzos para reconstruir las casas y para volver a comenzar los plantíos y las empresas. Nuestro trabajo combina la ayuda de emergencia con el apoyo a largo plazo, igualando la determinación y la resiliencia de Francine y la de su comunidad.
"Nuestra tierra, nuestras herramientas, nuestros negocios... todo desapareció, pero no nos damos por vencidos. Lo reconstruiremos juntos"
— Francine, líder comunitaria
Pikialasorsuaq polynya es un raro oasis de agua de mar rodeado por una capa espesa de hielo ártico. Los narvales, las belugas, los osos polares y los pájaros marinos viven allí, y durante milenios las comunidades inuit han cuidado este ecosistema vital, guiados por su profundo conocimiento de la tierra y el mar.
Dado que el Ártico se calienta a un ritmo alarmante, el Consejo Circumpolar Inuit (ICC), ganador de nuestro Premio Ecuatorial, lidera esfuerzos multinacionales para proteger su último bastión de hielo.
El ICC ha aceptado este desafío existencial y está tomando medidas históricas hacia una gobernanza liderada por el pueblo inuit, con el apoyo creciente de la comunidad internacional.
“La Pikialasorsuaq no solo es un océano o un área de vida silvestre de características únicas bajo los efectos del cambio climático. Es nuestra patria, nuestra nuna. Esta masa de agua compartida define quiénes somos como pueblo, nos conecta"
— Okalik Eegeesiak, expresidente del ICC Internacional
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