El primer paso fue realizar un diagnóstico situacional que permitió localizar los desafíos que enfrentan las mujeres: “Las tres grandes brechas que identificamos fueron la falta de organización, la falta de autonomía financiera y la falta de acceso de tierra para trabajar”, cuenta Pilar Ruiz, asesora del proyecto en la península.
Los datos revelaron inequidades significativas: apenas el 27 % de las mujeres encuestadas en Yucatán recibían ingresos por su trabajo. De ellas, el 38 % ganaba entre 100 y 500 pesos mexicanos al mes, lo que equivale a unos 5 a 25 dólares estadounidenses (USD), en un país donde el salario mínimo mensual es de aproximadamente USD 275. Además de enfrentar ingresos bajos, estas mujeres también tienen carencias sociales en áreas clave como la educación y la salud, lo que agrava aún más su situación.
“Las mujeres no suelen tener oportunidades para decidir sobre los recursos naturales. En general, son los hombres los que están a cargo", destaca Irene Cauich, coordinadora del proyecto.
"Cuando ellas tienen autonomía financiera pueden tener una condición de poder distinta”.
Como parte de la estrategia, el proyecto puso en marcha un ciclo de formación integral que incluyó talleres sobre apicultura sostenible, igualdad de género, resiliencia financiera y gestión de amenazas ambientales. Desde el punto de vista de la apicultura, las participantes adquirieron conocimientos sobre la reproducción de colmenas, la salud y nutrición de las abejas, y recibieron asesoría técnica especializada en meliponicultura, lo que les permite ahora elaborar productos como hidromiel, jabones y pomadas.