Viktoria Kucheriava, de 31 años, camina con cuidado entre montones de sartenes, ralladores y utensilios varios, ennegrecidos por el hollín. Esto es todo lo que queda después de que un ataque aéreo impactara en un gran almacén de artículos de cocina, ubicado en las afueras de Kyiv. Las paredes y el techo están deformados y grises por el polvo luego que un enorme incendio arrasara el edificio.
Viktoria fue una de las decenas de bomberos que acudieron al lugar, pero los camiones contra incendios tuvieron que detenerse porque los misiles seguían cayendo. Cuando llegaron al lugar, el riesgo de municiones sin explotar impidió que el equipo pudiera entrar al edificio.
“Hicimos todo lo posible para evitar que el fuego llegara al edificio administrativo adyacente al almacén”, dice Viktoria. “Pero entonces se reanudaron los ataques y tuvimos que retirarnos de la zona”.
Viktoria es una de las pocas bomberas de Ucrania y la única de la región de Kyiv. Dice que pensar en positivo les ayuda a ella y a sus compañeros a afrontar las exigencias diarias de su arriesgado trabajo.
“No importa dónde trabajes ahora. Con la situación actual en Ucrania el riesgo existe en todas partes”, dice.
Hasta el mes de julio, al menos 41 rescatistas ucranianos, incluidos bomberos, han muerto y 134 han resultado heridos desde que Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero, según los Servicios de Emergencia del Estado (SES) de Ucrania.
Para Viktoria, el momento más aterrador se produjo el primer día de la invasión rusa, cuando recibió una llamada de emergencia a las 5 de la mañana para que acudiera a la estación de bomberos situada en la ciudad de Vyshneve, al oeste de Kyiv.
“Nuestro jefe nos dijo: ha comenzado una guerra”.
Durante los siguientes dos meses y medio, Viktoria y sus compañeros permanecieron en su lugar de trabajo día y noche, a menudo durmiendo en un refugio antimisiles. Viktoria, quien era cocinera, empezó a cocinar para sus compañeros durante ese tiempo.
Antes de incorporarse al cuerpo de bomberos, Viktoria trabajó como cocinera durante 11 años. Aprendió a cocinar con su madre, también cocinera, y luego en un colegio de Zaporizhzhia, una ciudad actualmente en conflicto del sureste de Ucrania. No obstante, de niña ya soñaba con ser soldado.
Al principio, solicitó ingresar en la Guardia Nacional y le asignaron la tarea de cocinar para la cantina de los oficiales. “No era lo que yo quería”, expresa explicando por qué se fue de la Guardia Nacional y llamó a la estación de bomberos más cercana, preguntando si podía solicitar un trabajo allí.
“Cuando vine a la entrevista, me dijeron que sería difícil. Respondí: está bien, estoy preparada”, recuerda.
Serhiy Bortnik, quien dirige la estación de bomberos, dijo que las mujeres solían trabajar allí solo como despachadoras, pero los tiempos han cambiado. A finales de 2017, el gobierno ucraniano eliminó las restricciones a los puestos de trabajo para mujeres, entre los que se encontraba el de bombera.
“Viktoria ha demostrado que es capaz de hacer este trabajo”, dice Serhiy.
La labor del bombero es exigente y requiere de un gran esfuerzo físico. Un tanque de oxígeno pesa 15 kilos, mientras que las botas de bombero pesan 1,5 kilos cada una. A mediados de abril, con todo este equipamiento, Viktoria trepó por la ventana de una fábrica que estaba en llamas después de haber sido impactada por misiles. Los misiles cayeron de noche y estaban tan cerca de su estación de bomberos que la onda expansiva destrozó las ventanas. Viktoria y sus colegas lucharon durante más de ocho horas para extinguir el fuego.
Sin embargo, pese a las dificultades del trabajo, no faltan personas que quieran unirse a los servicios de emergencia. En la actualidad, otros tres reclutas se están formando para incorporarse a la estación de bomberos donde trabaja Viktoria con su marido, quien también es bombero en la misma estación.
Viktoria cuenta que con lo único que sueña ahora es con la paz para Ucrania. Mientras tanto, está dispuesta a ayudar y marcar la diferencia. “He elegido un buen trabajo. En estos días los bomberos son muy necesarios”.
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