Además, las personas más necesitadas reciben la menor proporción. Entre 2014 y 2021, los Estados muy frágiles recibieron 2,1 USD por persona en financiación para el clima, frente a los 161,7 USD por persona que recibieron los países que no se encontraban en situación de fragilidad (incluidos los pequeños Estados insulares en desarrollo).
Si bien ambas cifras son demasiado bajas, también encierran un enorme potencial y una gran oportunidad. Hasta ahora, la financiación para el clima no ha tenido muy en cuenta la fragilidad y los conflictos.
“Existen razones de peso para invertir primero en la prevención. Afrontar el cambio climático debe ser parte de ello. Al hacer que la prevención y la consolidación de la paz sean resilientes al clima y garantizar una mitigación y adaptación que contribuyan a la paz, podremos abordar de lleno dos de las cuestiones más acuciantes de la actualidad: la acción por el clima y el sostenimiento de la paz”, afirma Catherine Wong, especialista en políticas sobre riesgo climático y de seguridad de la Oficina de Crisis del PNUD.
A través de nuestra labora, en el PNUD hemos demostrado una y otra vez que incluso las intervenciones más pequeñas, como el acceso a un empleo digno y a la energía, pueden tener efectos mucho más amplios.
La energía renovable puede ser un elemento vital para posibilitar todas las demás formas de apoyo. En las comunidades afectadas por los conflictos y las crisis, permite ofrecer servicios básicos y de emergencia: desde el abastecimiento de agua potable, hasta la atención médica. También hace posible que los negocios pequeños estén abiertos hasta más tarde, amplía el tiempo de estudio de los infantes, y hace que las comunidades sean más seguras para las mujeres y las niñas.
Además, al reducir la presión que se ejerce sobre los recursos naturales, ayuda a aliviar la carga excesiva que suelen soportar las infraestructuras, en particular en las zonas que reciben personas refugiadas o desplazadas.
“Existen razones de peso para invertir primero en la prevención”.