A medida que nos acercamos a la mitad del plazo previsto para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), es esencial que desbloqueemos opciones para acelerar el progreso. Después de la COVID-19, ha quedado claro que el camino para alcanzar el ODS 5, que trata de la igualdad de género, es tedioso: comenzando por el aumento del trabajo de cuidados no remunerado y pasando por el aumento de la violencia de género, la pandemia no solo ha puesto de manifiesto las desigualdades que existían en las sociedades, sino que también las ha intensificado.
Sin embargo, durante esta época de crisis acentuada en la que los países luchaban por satisfacer las necesidades básicas, también han surgido oportunidades. De manera acelerada, se han elaborado nuevas políticas y se ha fomentado la innovación, mientras la sociedad civil concienciaba al mundo sobre la injusticia que es la desigualdad de género.
Tres años después del inicio de la COVID-19, el PNUD y ONU Mujeres unen fuerzas para ayudar a mantener este impulso, recopilando una serie de soluciones prácticas aprendidas de la respuesta global ante la pandemia.
Catalogando estas políticas, surge una nueva imagen de cómo los gobiernos pueden desmontar los sistemas que perpetúan la desigualdad de género –incluso en tiempos de crisis– para ayudar a crear un futuro más equitativo.
Una enseñanza importante extraída de la pandemia es que los países son capaces de diseñar políticas que promuevan la igualdad de género; es una cuestión de elección. Aún en el punto más álgido de una crisis mundial nunca antes vista, hubo gobiernos —tanto de países de ingreso alto como de ingreso bajo— que impulsaron medidas centradas en promover la seguridad económica y la recuperación de las mujeres. Sin ir más lejos, en Türkiye, el Ministerio de Comercio anunció un programa de subvenciones para cooperativas de mujeres, cuyos fondos se utilizarán para mejorar las operaciones y promociones de centros, guarderías y jardines de infancia. La subvención apoyó a 139 cooperativas de mujeres en 2020 y estuvo vigente hasta 2021.
Crear capacidades para responder a las necesidades y prioridades específicas de las mujeres y las niñas que se encuentran en crisis es desde hace mucho tiempo una prioridad para el PNUD. Desde la guerra en Ucrania hasta las devastadoras inundaciones en el Pakistán, el PNUD ha cooperado con gobiernos, con los equipos en los países y con las comunidades locales para asegurar que los análisis con perspectiva de género se traduzcan en respuestas a las crisis y la recuperación de estas.
Elegir políticas que apoyen la igualdad de género significa optar por una mayor coordinación e integración. En la fase inicial de emergencia de la pandemia, las políticas sensibles al género estuvieron desligadas de otros ministerios gubernamentales. Por ejemplo, brindar apoyo a sobrevivientes de violencia de género sin contar con los centros y el personal que ofrecen estos servicios, o lanzar programas digitales de transferencia de efectivo sin darse cuenta que es posible que muchas mujeres no puedan acceder a estos.
Las respuestas de políticas más eficaces fueron aquellas que se formularon como parte de los planes de acción nacionales y que se coordinaron con las respuestas generales de recuperación.
Desde Kirguistán nos llega un buen ejemplo: el país abrió los primeros centros de crisis administrados por el Gobierno para personas que sufren violencia de género. Estas sedes adoptan un enfoque integrado e incorporan servicios psicológicos, médicos y legales, así como también trabajan en normas sociales, al tiempo que buscan coordinarse con centros de crisis no gubernamentales.
También resulta evidente la pieza clave que conforma la sociedad civil. Los datos nos han demostrado que durante la pandemia, los países con una fuerte participación social desarrollaron medidas sensibles al género cinco veces más que aquellos con espacios cívicos débiles. Esto se refleja en los ejemplos recopilados para este catálogo, donde la mitad de las soluciones exitosas se identificaron utilizando redes existentes de la sociedad civil para implementar medidas.
También es crucial involucrar a los hombres para que sean aliados con el objetivo de transformar las normas de género perjudiciales y promover masculinidades positivas. En Cabo Verde, el Instituto para la Igualdad de Género y Blue Sharks, el equipo nacional de fútbol, movilizaron a hombres y niños para que fueran embajadores de la igualdad de género, difundiendo mensajes para ayudar a poner fin a la violencia contra las mujeres y desafiar los estereotipos en toda la nación insular.
Como parte de nuestra Estrategia de Igualdad de Género, en el PNUD hemos intensificado nuestro apoyo para favorecer la movilización civil. En 2022, un 83 % de las oficinas del PNUD en los países establecieron alianzas con organizaciones feministas o de mujeres, principalmente para abogar por sus derechos y luchar contra la violencia de género.
El desarrollo de soluciones innovadoras que surgió durante la COVID-19 nos mostró que solo podemos obtener resultados distintos si comenzamos a aplicar soluciones diferentes.
La pandemia energizó la digitalización y, de hecho, muchas de las medidas de políticas exitosas para la igualdad de género incluyeron la digitalización. Sin embargo, también se hizo latente algo preocupante: las brechas de género pueden empeorar cuando no se tiene en cuenta la desigualdad. Por ejemplo, cuando las transferencias de efectivo o los pagos se volvieron digitales, dependieron de que las personas tuvieran teléfonos. No obstante, las estadísticas mostraron que es menos probable que las mujeres posean un celular; e incluso cuando lo poseían, a menudo no tenían control sobre el dinero ni acceso a este. Para que las transiciones digitales incluyan a las mujeres, es esencial volver a centrarse en cerrar las persistentes brechas de acceso de género.
El PNUD ha respondido a este llamado a la acción. En 2022, ayudó a 22 países a ampliar el acceso a las tecnologías digitales, las finanzas digitales y las cadenas de valor digitales para mujeres empresarias y micro, pequeñas y medianas empresas lideradas por mujeres. El Gobierno de Belice, por ejemplo, puso a prueba centros digitales para llegar a las mujeres jóvenes de las zonas rurales.
Una cosa sí sabemos con certeza: el trabajo de cuidados no remunerado –realizado principalmente y desproporcionadamente por mujeres y niñas– ya no puede darse por sentado.
Millones de mujeres tuvieron que dejar sus trabajos para asumir responsabilidades de cuidado adicionales durante la pandemia, como cuidar a los niños que no podían ir a la escuela o encargarse de las personas ancianas a tiempo completo. De repente, la estructura de cuidados no remunerados que sustenta las sociedades y las economías se hizo visible para miles de millones de personas. En respuesta, surgieron buenas prácticas, incluido el apoyo financiero a los proveedores de atención no remunerados y acuerdos de trabajo flexibles.
Las lecciones que el PNUD y ONU Mujeres han identificado en este informe no son exclusivas de la COVID-19. Más bien nos recuerdan que las decisiones que tomamos en pro de la igualdad de género en tiempos de crisis son las que deberíamos tomar siempre: desde prevenir y responder de manera proactiva a la violencia contra las mujeres, hasta innovar en formas de reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado. El informe nos muestra que las soluciones para lograr un mundo con igualdad de género no solo son posibles, sino que existen.
El siguiente paso debería ser agrandar esta evidencia y replicar algunas de estas políticas de género exitosas. El PNUD y ONU Mujeres informaron recientemente que, a nivel mundial, las mujeres solo alcanzan el 60 % de su pleno potencial, mientras que el Índice de Normas Sociales de Género del PNUD no ha revelado ninguna mejora en los prejuicios contra las mujeres en una década.
La reforma de las políticas para derribar las barreras sistémicas que impiden la igualdad de género nunca ha sido más urgente.
También hay lecciones por aprender cuando se trata de garantizar apoyo económico a las mujeres. En particular, es primordial centrarse en los individuos, en lugar de en los hogares. Frecuentemente, cuando los beneficios se otorgan a nivel del hogar, donde los ingresos están controlados por los hombres, las mujeres no se benefician. Cuando los gobiernos priorizaron explícitamente a las mujeres como individuos, los resultados fueron impresionantes.
En 2022, el PNUD incrementó el apoyo a la seguridad económica de las mujeres: 5,4 millones de mujeres obtuvieron empleo y mejoraron sus medios de vida en 39 países en entornos de crisis o posteriores a una crisis, frente a 4,8 millones de mujeres en 2021.
En el Afganistán, a través del programa ABADEI, el PNUD ha ayudado a mantener la seguridad económica de 34.000 empresarios, el 80 % de las cuales son mujeres. Si bien queda mucho por hacer, han obtenido subvenciones y habilidades para iniciar y mantener pequeñas empresas esenciales para su supervivencia.
Todo ello debe ir acompañado de voluntad política, financiación adecuada y esfuerzos concertados para abordar las arraigadas normas sociales y los prejuicios de género que actualmente sustentan la desigualdad a nivel global. Tomar estas medidas pondrá a la humanidad en un camino transformador, hacia un futuro más resiliente, sostenible y, lo más importante, con igualdad de género.
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