La carrera de Oleksandr Lobov como ingeniero militar lo convirtió en experto internacional y lo ha llevado por todo el mundo, desde el Afganistán hasta Somalia.
Nunca pensó que esa carrera también lo traería a casa.
“Jamás hubiera pensado que algo así sucedería en Ucrania y nunca hubiera imaginado que mi experiencia y mis conocimientos tendrían algún valor en mi país”, declara.
Ucrania es ahora uno de los países con mayor contaminación por minas en el mundo. Se estima que cerca de un tercio del territorio del país ha estado expuesto al conflicto, el equivalente a cuatro veces y medio la superficie de Suiza.
“La gente padece las minas y los explosivos sin detonar: muchas de ellas han muerto, personas adultas y niños”, afirma Lobov, analista del programa del PNUD de lucha contra las minas. “Es la mayor tasa de víctimas del mundo, y desconocemos qué nivel de contaminación habrá en los siguientes meses”.
La tarea de hacer de Ucrania un país seguro otra vez tomará tiempo, será compleja y a su vez costosa. El Banco Mundial estima que la limpieza completa de artefactos explosivos superará los 37.000 millones de los Estados Unidos (USD).
“Hay minas terrestres y artefactos sin detonar a lo largo de vastos territorios. Hay artefactos abandonados desperdigados en el campo de batalla, hay depósitos de municiones y municiones ocultas que han resultado alcanzadas y que lanzaron miles de piezas de artefactos explosivos alrededor”, relata Guy Rhodes, coordinador del subgrupo del PNUD de lucha contra las Minas.
Mientras las organizaciones acuden en ayuda, el Gobierno de Ucrania y sus órganos de implementación, como el Servicio Estatal de Emergencias, encabezan la respuesta internacional sin precedentes. Si bien durante décadas el Gobierno ha gestionado los riesgos de los artefactos sin explotar desde las guerras mundiales, el conflicto actual supone muchas otras dificultades nuevas en materia de coordinación, déficits de capacidad y cuestiones de planificación.
“Esto escapa a la escala de lo que el Gobierno ucraniano gestionaba en el pasado, por lo que hizo un llamado a la asistencia internacional, equipamiento adicional y capacitación”, explica Rhodes.
El PNUD recibió financiamiento de la Unión Europea, Croacia, Dinamarca, el Japón, el Reino Unido y Francia para ayudar a reforzar la capacidad de acción del Gobierno ucraniano.
Trabaja con el Gobierno de Ucrania desde hace 30 años. Dirige el programa de la ONU de Actividades relativas a las Minas. Es uno de los principales socios que presta apoyo al Servicio Estatal de Emergencias y así garantiza que el fortalecimiento del respaldo operacional y logístico a través de fondos y conocimiento experto internacionales se traduzca en una respuesta más eficiente a los riesgos que suponen los restos de explosivos de la guerra.
“Todos los años de experiencia del PNUD en Ucrania y su capacidad operacional son fundamentales en el contexto de nuestra estrategia de lucha contra las minas”, dice Roman Prymus, Director Adjunto del Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania. “Agradecemos su firme asistencia internacional”.
Dos veces por semana, Lobov sube a un automóvil con una lista de direcciones y visita las familias cuyas viviendas han quedado destruidas. El trabajo es peligroso y extenuante. Una y otra vez escucha historias de angustia y pérdida antes de examinar la propiedad para determinar si necesita una mayor intervención de los servicios de emergencias, o si se puede comenzar a remover los escombros.
La remoción de escombros es solo uno de los aspectos de la respuesta del programa del PNUD de lucha contra las minas. El conflicto ya ha producido una cantidad suficiente de escombros para pavimentar un camino desde Kyiv hasta Berlín con apenas los escombros de 40 localidades de la provincia de Kyiv. El escombro además se debe procesar y reciclar, y también se deben retirar los residuos peligrosos como el asbesto.
“La lucha contra las minas es un facilitador. Ayuda al acceso de la asistencia humanitaria. Ayuda a un reasentamiento seguro. Ayuda a desbloquear terrenos para el uso agrícola, ayuda en la rehabilitación segura de la infraestructura, la reconstrucción en general y al retorno a la normalidad. De modo que, cuando los recursos son limitados, es necesario garantizar que los esfuerzos en un principio se orienten a las prioridades más importantes”, enfatiza Rhodes.
Un estudio cartográfico preciso es esencial para esta tarea, así como el uso de satélites y drones. El PNUD se encuentra produciendo un análisis pormenorizado del alcance y la magnitud de los daños derivados del conflicto. Toda la información se vuelca a una base de datos nacional.
“Tras un conflicto existe mucha incertidumbre acerca de la ubicación exacta de la contaminación por artefactos explosivos, de modo que una de las primeras prioridades es determinar el problema para planificar las operaciones en aquellas áreas donde tendrán más impacto”, remarca Rhodes.
Incluso antes de esta guerra, Ucrania limpiaba 80.000 piezas de restos explosivos por año. Lobov sabe de la importancia de apoyar una recuperación social y económica integral de largo plazo, sobre todo en aquellos lugares donde la gente no tiene más opción que arriesgarse porque depende del bosque para los alimentos y el ingreso.
“Van a tierras forestales donde ocurren muchísimos accidentes. Eso sucede porque la gente no tiene ningún tipo de solución alternativa”, sostiene.
El PNUD y sus socios comprenden que no puede haber soluciones que abarquen solo el corto plazo.
“Llevamos 30 años aquí. Apoyaremos la capacidad nacional para luchar contra las minas, con mucho más equipamiento, capacitación y ayuda, para así fortalecer el eje central de la respuesta para el presente y el futuro”, finaliza Rhodes.
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