Los edificios no son solo estructuras a nuestro alrededor. Son nuestra alma, nuestra historia, nuestra memoria colectiva.
Cuando las comunidades redescubren la riqueza de su pasado, los encuentros entre ellas pueden ayudar a tender puentes, restituir un sentido de identidad compartida y, con ello, una noción de paz y confianza.
En Chipre, uno de los últimos países divididos del mundo, estos esfuerzos cobran especial importancia. La zona de contención que divide la isla se extiende 180 kilómetros a lo ancho, de este a oeste, y separa la comunidad turcochipriota en el norte, de la comunidad grecochipriota en el sur. La división ha venido dificultando sobremanera los esfuerzos de pacificación en la isla.
Ali Tuncay y Glafkos Constantinides son dos de los diez custodios del legado cultural en Chipre (cinco grecochipriotas y cinco turcochipriotas).
Ambosfueron designados por sus respectivos líderes en 2008 para ser miembros del Comité Técnico sobre legado cultural. Su labor consiste en vigilar la adecuada salvaguarda y restauración del rico legado histórico y arqueológico de Chipre.
El comité constituye un consejo consultor compuesto por arqueólogos, arquitectos, historiadores del arte y urbanistas de ambas comunidades. Una tarea nada fácil si se toma en cuenta los más de 2.300 sitios de patrimonio cultural que fenicios, vénetos, lusignanos y otomanos –entre otros– han dejado en la isla como legado de su presencia.
“No son monumentos grecochipriotas ni turcochipriotas, ni vénetos: pertenecen a la humanidad”, explica Ali acerca del Castillo de Otelo en Famagusta. Este famoso monumento shakespeariano es uno de los muchos sitios de legado cultural que el Comité Técnico ha convenido conservar en la isla.
En 2009, con fondos de la Unión Europea, el PNUD comenzó a trabajar en un estudio sobre el legado cultural en Chipre. Ese informe abonó el terreno para muchos años más de fructífero trabajo.
Gracias al trabajo de personas como Ali y Glafkos, el legado cultural chipriota ha encontrado finalmente una forma no política de avanzar. Sus iniciativas han alentado a miles de chipriotas a ambos lados de la grieta a participar en la promoción del legado en toda la isla.
“De vez en cuando discutimos. Pero no entre comunidades. Discutimos acerca de cuál es la mejor manera de preservar un edificio o cómo distribuir fondos”, dice Glafkos.
En apenas los últimos cinco años, un programa del PNUD ha implementado 72 iniciativas diferentes, que incluyen la restauración de iglesias, mezquitas y otros edificios emblemáticos.
Recientemente, un importante punto de referencia —el monasterio de Apostolos Andreas— experimentó un "cambio de imagen".
Por largo tiempo, el monasterio ha sido un lugar de peregrinación para los chipriotas y un sitio muy popular entre los cuantiosos visitantes que llegan a la isla. Hoy, luego de un proceso colaborativo liderado por grecochipriotas y turcochipriotas, se encuentra próximo a convertirse, además, en un símbolo de cooperación.
La restauración incluye la recuperación arquitectónica y estructural completa de la iglesia principal, instalaciones eléctricas y mecánicas nuevas, y la refacción del altar.
Los edificios restaurados también han permitido a los chipriotas crear significados compartidos con eventos y actividades.
Cuando se restauró el famoso Castillo de Otelo en 2015, ocho actores de las dos comunidades de la isla dieron vida a la obra allí mismo frente a una audiencia de 300 personas.
Los actores grecochipriotas manifestaron su emoción de ser parte del proyecto, a más de 50 años desde la última presentación.
El apoyo al comité constituye un pilar del apoyo de la Unión Europea a la construcción de reconciliación y confianza en Chipre. Desde 2012, sus proyectos han recibido $ 11,7 millones de euros de la UE.
El trabajo en el terreno también ha obtenido apoyo de otros donantes, incluida la Iglesia de Chipre y la administración de EVKAF, por un monto de más de 16 millones de euros.
Las alianzas que se han formado entre las partes interesadas locales no solo indican que los cambios que se producen en el terreno perdurarán por largo tiempo: suponen también relaciones sólidas que allanan el camino hacia la reconciliación.
“Al fin y al cabo, nuestro trabajo en materia de legado cultural no se circunscribe a rocas y edificios”, dice Ali. “Más bien se interesa en las personas y sus historias, y su capacidad para traducir ese legado en encuentros y amistades nuevas”.
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