Desde que renunció a su trabajo de maestro en 2012, U Myo Oo ha dedicado su vida a los manglares.
Se puso manos a la obra el día que una gran empresa intentó comprar 162 hectáreas de manglares para crear una granja de camarones en la región de Tanintharyi, en el sur de Myanmar. Él sabía que sería desastroso para su pueblo.
Emprendió su campaña solo, sin apoyos, visitando pueblo tras pueblo por su propia iniciativa, a pesar de su discapacidad que le dificulta andar.
Subsistía con donaciones de alimentos y de combustible, fue de puerta en puerta, advirtiendo a sus amigos y vecinos del peligro que corrían si esta empresa se instalaba en la región.
“Sabía que las comunidades no se beneficiarían en nada del cultivo de camarones”, dice. “Las comunidades no eran conscientes de sus derechos y del marco legal a través del cual podían obtener protección para su bosque”, sigue el Sr. Oo.
Tenía razón. La empresa acaparó el terreno y las comunidades no obtuvieron nada a cambio.
Sin embargo, cuando la empresa regresó en 2016 porque quería aún más tierra, el Sr. Oo estaba preparado. Él y sus vecinos habían sentado las bases.
“En ese momento, las comunidades ya confiaban en mí. Aprendieron la lección y me escucharon”, dice.
Los aldeanos se defendieron con un Certificado de Bosque Comunitario, un documento que les permite preservar las reservas de manglares de la zona y sirve de bastión contra la deforestación.
En 2017, el Sr. Oo creó Green Network Tanintharyi Region (Red Verde de la Región de Tanintharyi), que cuenta con bosques comunitarios certificados en 20 pueblos.
Los manglares son a menudo los héroes anónimos de un medio ambiente saludable: retienen el carbono, protegen contra las tormentas y estabilizan las costas. También son importantes fuentes de madera.
Con unas 500.000 hectáreas de manglares a lo largo de sus 2.832 kilómetros de costa al borde de la Bahía de Bengala y del Mar de Andamán, Myanmar tiene el tercer bosque de manglares más grande de Asia, después de Indonesia y Malasia.
Debido a su extensa franja latitudinal y su gran diversidad ecológica, Myanmar también alberga 34 de las 75 verdaderas especies de manglares del mundo. Es decir, las que se encuentran únicamente en los bosques de manglares, las cuales representan una proporción muy alta en Asia y que solo supera Indonesia, comparativamente.
No obstante, los bosques de manglares en Myanmar están muy fragmentados y sometidos a la presión tanto de los humanos como del cambio climático, lo que resulta en altas tasas de deforestación y degradación.
La triple crisis del conflicto, la COVID-19 y el cambio climático está empujando a más personas a vivir por debajo del umbral de la pobreza en Myanmar. También está cambiando el enfoque de los donantes hacia la asistencia humanitaria inmediata, lo que interrumpe los esfuerzos de resiliencia climática.
A pesar de este difícil contexto, que ha obligado a muchos grupos de conversación a cesar su trabajo, el Sr. Oo sigue adelante.
En enero de 2022, su organización reanudó el trabajo de protección de los bosques costeros, en asociación con el programa UN-REDD Mangroves Technical Assistance (Asistencia Técnica para Manglares de ONU-REDD).
Con el apoyo del gobierno de Noruega, la organización del Sr. Oo trabaja con cinco comunidades para crear medios de vida que estén en armonía con manglares de buena salud.
“Aunque hayan estado protegiendo sus bosques durante generaciones, las comunidades locales temen que les quiten sus tierras si no existe una protección legal. El acaparamiento de tierras es una gran amenaza para los manglares en la región de Tanintharyi”, dice.
El Sr. Oo sabe que con la conservación no hay suficiente. Las personas necesitan un trabajo que sustente a sus familias y que a la vez proteja su entorno natural. De esta manera, los aldeanos aprenderán a desarrollar y gestionar empresas respetuosas con el medio ambiente, como la cría de cangrejos de barro y la apicultura. El PNUD proporcionará inversiones para apoyarles.
Aunque no se disponga de cifras definitivas, a partir de las estimaciones existentes se evidencia que Myanmar está experimentando una de las tasas de pérdida de manglares más altas del mundo.
Los bosques fuera de las definidas legalmente como “Tierras Forestales” son altamente vulnerables a la tala, principalmente para la agricultura. La extensa área en riesgo y las altas tasas de deforestación de los manglares presentan desafíos importantes para el trabajo de conservación de UN-REDD, el cual fue diseñado para fortalecer las organizaciones de base y las comunidades locales.
El programa de Asistencia Técnica para Manglares de ONU-REDD fue diseñado para fortalecer las organizaciones de base y las comunidades locales.
En estrecha colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la iniciativa está funcionando en seis distritos que cubren el 56 % de los manglares en Ayeyarwady, Mon, Rakhine y Tanintharyi.
La actual crisis política y económica ejerce una presión adicional sobre los manglares, lo que hace que muchos teman que estén en peligro de perderse para siempre.
Las comunidades locales y los pueblos indígenas de Myanmar, sin embargo, han protegido sus bosques durante generaciones. A pesar de los desafíos, se resisten y continúan protegiéndolos, ya que son fundamentales para su sustento y para prevenir las peores consecuencias del cambio climático.
El Sr. Oo es la prueba viviente de que una persona puede hacer la diferencia. Se prevé que el trabajo que él comenzó hace una década protegerá 2.868 hectáreas de manglares y beneficie directa o indirectamente a más de 29.000 personas.
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