Cerca de la mitad de los agricultores en el mundo son mujeres. Sin embargo, puesto que sus explotaciones agrícolas son más pequeñas y su acceso al financiamiento y a la educación es menor, su adaptación a las nuevas tecnologías resulta más difícil.
Según varios estudios, la productividad agrícola de las mujeres en los países en desarrollo aumentaría entre un 20 y 30 por ciento si tuvieran el mismo acceso a los recursos que los hombres. Mejorar la productividad de las tierras agrícolas existentes no solo reduciría la pobreza, sino que además es una forma esencial de subsanar la deforestación y hacer frente al cambio climático.
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Es común ver a las mujeres trabajando codo a codo con los hombres en las plantaciones de las regiones productoras de aceite de palma en Indonesia. No obstante, aunque las mujeres son el eje central de una de las industrias más importantes para la economía del país, suelen ser marginadas y tienen menor acceso a los recursos financieros, conocimientos y tecnología.
En el marco del programa para la producción agrícola Green Commodities (GCP), el PNUD ha reunido al sector público, grandes empresas y pequeños agricultores de diez países en torno a prácticas agrícolas sostenibles. El programa ayuda a mejorar el acceso a los recursos, cerrar la brecha de género y proporcionar a las mujeres igualdad de oportunidades.
Marni y Endang se encargan de pesar los racimos de palma antes de sacar los frutos. Ambas sueñan con tener sus propias plantaciones para ayudar a sus familias.
“Necesito capital para mejorar mi plantación, pero como mis cosechas tienen bajo rendimiento, no podría pagar de vuelta un préstamo”, dice Istigomah, de 36 años y madre de dos niños.
Serati comienza su jornada a las siete de la mañana y es responsable del abono, el desmalezado, la pulverización de pesticidas y la recogida de frutos caídos. A medio día regresa a su casa para ocuparse de sus hijos. Las mujeres que trabajan en las plantaciones por lo general soportan la doble carga que supone el trabajo doméstico no remunerado.
Desde 2014, la Plataforma para la Producción de Aceite de Palma en Indonesia, dirigido por el Gobierno y ejecutado por el programa GCP, reúne a las partes interesadas para promover la sostenibilidad en la industria del aceite de palma. La igualdad de género y el empoderamiento de la mujer son fundamentales para que este programa tenga buenos resultados.
Las mujeres Dayak que viven en la provincia de Kalimantan Occidental, Indonesia, son particularmente vulnerables, ya que el traspaso de la tenencia de las tierras de la comunidad al Estado y el sistema patriarcal han socavado sus derechos a la propiedad de las tierras. Además, las mujeres indígenas trabajan con mayor frecuencia con contratos a corto plazo en las plantaciones, lo que reduce sus posibilidades de seguridad y estabilidad laboral.
No obstante, las mujeres desempeñan un papel importante en cuanto a la difusión del uso de nuevas técnicas de cultivo y a la hora de influir a los demás para que se invierta en mejores prácticas, como por ejemplo, el cultivo intercalado de plantas de huerta y palmas aceiteras.
El cacao es la principal fuente de ingresos para 800.000 pequeños agricultores y el 25% de los agricultores dedicados al cultivo del cacao son mujeres. Lamentablemente, esta importante industria es responsable de altos niveles de deforestación.
En la región de Brong Ahafo, Ghana, las mujeres como Janet Akowuah están decididas a mejorar las condiciones de vida en su entorno. Dado que a Janet le preocupa el impacto ambiental de la producción de cacao, ha creado un vivero con semillas de árboles que se ha convertido en un próspero negocio y actualmente constituye la principal fuente de ingresos de su familia.
Desde 2014, el PNUD ha distribuido más de 800.000 semillas de árboles a más de 10.000 agricultores dedicados al cultivo de cacao, de los cuales un 21% son mujeres. Cuando estos árboles crecen, darán sombra, protegiendo asi a los cultivos de cacao del sol. Gracias a la ayuda que han recibido, las comunidades locales han plantado semillas de árboles y se han rehabilitado 8.500 hectáreas de bosque.
“La educación de mis hijos y todas las necesidades de mi familia dependen del cacao”, dice Mercy Adoma, una de las agricultoras dedicadas al cultivo de cacao en la municipalidad Asunafo Norte, en Ghana.
Gracias al programa, Mercy ha recibido semillas para plantar árboles con el objetivo de revitalizar su plantación y hacerla más productiva.
Mercy y otros agricultores han podido realizar sesiones de capacitación del PNUD, a través de agentes comunitarios de la Junta del Cacao de Ghana, sobre buenas prácticas agrícolas, legislación y normativa forestal y derechos de tenencia comunitaria de árboles para fortalecer la capacidad de utilizar prácticas sostenibles.
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