También es una oportunidad para demostrar un turismo sostenible. El lago Titicaca beneficia a más de tres millones de personas que viven a su alrededor, y tiene una biodiversidad única; muchas especies diferentes de aves, peces y anfibios dependen de él para sobrevivir.
Las familias de la isla se turnan para salir en un bote y recoger botellas, plásticos y otra basura que flota en el lago y contamina la zona. “Recogemos la basura del lago, limpiamos, sacamos a tierra firme y entregamos al basurero”, cuenta Angélica, con la esperanza de que el agua cristalina atraerá más turismo a la isla.
Al frente de la isla se encuentra el Centro de Interpretación de la Asociación Eco Artesanía de Totora Titikaka. Los productos hechos por las mujeres de la comunidad Chimu son exhibidos para la venta, junto con una explicación de la historia de la totora y la cultura Chimu. La asociación reúne a 18 personas, en su mayoría mujeres, quienes mantienen viva la practica del tejido y el manejo sostenible de la totora.
Las mujeres de Chimu han ido perfeccionando a lo largo de los años sus habilidades en artesanía: antes solo sabían hacer kesanas tradicionales, ahora su técnica se ha refinado para hacer otros productos más decorativos.
“La más difícil es la gallina”, Angélica ríe cuando preguntamos acerca de los productos. Prefiere hacer paneras de distintos tamaños y colores; cuando vamos al centro de interpretación nos encontramos, para su orgullo, con que todas las que había hecho ya se habían vendido.