Las Tierras Altas de Papua Nueva Guinea se caracterizan por su gran belleza y fuertes contrastes. Geográficamente aislada, la región tiene un rico patrimonio cultural, biodiversidad y recursos naturales. Alberga la tercera mayor selva tropical ininterrumpida del mundo, después de la Amazonia y la cuenca de África central.
Las comunidades viven mayormente en zonas de gran altitud, que a menudo superan los 1.000 metros sobre el nivel del mar, en un entorno escarpado.
Tradicionalmente dependiente de la agricultura, la región ha experimentado recientemente un auge de la minería debido a su riqueza mineral, aunque sus beneficios no se han distribuido equitativamente. A pesar de contar con abundantes fuentes naturales de agua, la distribución irregular y la mala calidad hacen que el acceso al agua sea problemático.
La región está sometida a continuas tensiones a causa de la inestabilidad geológica. Los frecuentes terremotos y deslizamientos de tierra hacen que lamentablemente las catástrofes naturales ocurran con regularidad. El reciente deslizamiento de tierra en la provincia de Enga ilustra vívidamente esta realidad. Se perdieron cientos de vidas, quedaron sepultadas viviendas y comunidades enteras permanecieron paralizadas por el agua contaminada, los huertos destruidos y los traumas sufridos.
Los viajes y el transporte son notoriamente difíciles. La mayoría de las aldeas carecen de carreteras, lo que dificulta el acceso a servicios esenciales como hospitales, clínicas y tribunales. Esta inaccesibilidad también complica los esfuerzos para la entrega de maquinaria y suministros vitales a las zonas afectadas por el desastre.