Cuando Sandugash y Zhumabek, un matrimonio de guardaparques, llegaron a su nuevo hogar, no había electricidad. Su casa se encontraba en una zona remota del Parque Nacional Kolsai Kolderi en las montañas Tien Shan, en el norte de Kazajstán, donde podían vigilar más de cerca y proteger la singular diversidad biológica del lugar.
El Parque Nacional Kolsai Kolderi uno de los cinco parques más grandes de Kazajstán, con una superficie de 161.000 hectáreas. Por la biodiversidad única en su tipo, el parque forma parte de la Red Mundial de Reservas de Biosfera de la UNESCO.
El pintoresco paisaje de montaña, los lagos de altura y una multitud de plantas y animales raros incluidos en la lista roja lo convierten en una joya del medio ambiente natural.
Salvaguardar este único y bello lugar requiere una presencia cercana o in situ.
Casi todo el año, el matrimonio vive y trabaja codo con codo en esta zona remota. Zhumabek comenzó a laborar en el parque nacional en 2010 como inspector estatal en el departamento de protección medioambiental. Cuando lo enviaron a trabajar a un perímetro para patrullar las áreas naturales, Sandugash decidió seguirlo. Con el tiempo, ella también se convirtió en guardaparque.
Después de 13 años en esta tarea, Zhumabek ya está muy acostumbrado a los sitios de montañas remotos y conoce de memoria cada ladera, quebrada y sendero.
“Trabajamos prácticamente las 24 horas del día, pero sentimos amor por la naturaleza y el parque nacional, así que es una alegría trabajar aquí”, declara.
El parque cuenta también con seis inspectores que trabajan junto a este matrimonio de guardaparques, pero solo Sandugash y Zhumabek residen allí de forma permanente. Juntos patrullan 4.650 hectáreas para garantizar el cumplimiento de las normas medioambientales, extinguir incendios, observar la vida silvestre y asistir en investigaciones científicas.
La mayoría de los 126 integrantes del personal del parque viven en las aldeas circundantes, incluida la aldea de Saty, en la que Sandugash y Zhumabek vivían con sus seis hijos y nietos antes de mudarse.
El primer año supuso todo un desafío, pues vivían prácticamente sin electricidad en la casa. Las condiciones de vida y trabajo eran difíciles en el mejor de los casos, y horribles en el invierno, con tan pocas horas de luz diurna.
“Durante días vivimos sin electricidad. Encendíamos la estufa a la luz de las velas, cocinábamos y comíamos a la luz de las velas, y dejábamos la sala en la oscuridad”, recuerda Sandugash.
La tecnología de vigilancia y los walkie-talkie son fundamentales para su trabajo, sobre todo los últimos, pues representan la única fuente de comunicación entre los inspectores estatales y la oficina central, en especial cuando patrullan las vastas áreas del parque de tan difícil acceso. En ocasiones, Zhumabek y sus colegas tienen que viajar a la aldea a cargar sus equipos, pero la escasa infraestructura vial y las largas distancias complican la calidad de su tarea.
“Trabajamos bajo todas las condiciones meteorológicas, incluida la nieve y el granizo. A menudo, viajamos entre dos y tres días a áreas de difícil acceso, lo que implica abruptos cambios de temperatura y presión atmosférica. Por eso la comunicación es tan importante, a veces nuestra vida depende de ella”, explica Zhumabek.
La falta de electricidad es un problema acuciante en las regiones remotas de Kazajistán. La solución —fuentes de energía renovable— también es amigable con el medio ambiente, ya que no emite dióxido de carbono ni otros contaminantes.
A principios de este año, gracias a un proyecto del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), se comenzó a instalar estaciones de energía eólica y solar en áreas remotas del parque, incluso en la casa para guardaparques donde viven Sandugash y Zhumabek.
Sus condiciones de vida han ido a mejor.
“Vemos televisión, cada sala tiene iluminación y, lo que es más importante: tenemos comunicación constante por radio con la oficina central. Nos podemos recuperar después de hacer turnos prolongados. ¡Nuestro ánimo está mucho mejor, sin duda!”, admite Zhumabek.
El progreso en materia de energía limpia y asequible (Objetivo de Desarrollo Sostenible 7) puede tener un impacto que va más allá; y el caso que se explica en esta historia no es una excepción. Los guardabosques ahorran tiempo recogiendo leña. Su ejemplo también ayuda a influir en las personas que viven en áreas protegidas y que a menudo talan árboles para obtener combustible. Las estaciones solares también se pueden utilizar para bombear agua potable y regar jardines. La agricultura a pequeña escala ayuda a evitar viajar largas distancias a los mercados de alimentos.
Las mejoras en las condiciones de vida ayudan a Sandugash y Zhumabek a recuperarse a tiempo para la temporada de turismo.
El Parque Nacional Kolsai Kolderi es muy popular en Kazajstán y atrae a más de 200.000 turistas por año. Pese a explicar el código de conducta de la “naturaleza” a los visitantes, todavía los incendios son frecuentes en las áreas naturales. “Prestamos especial atención a la seguridad contra incendios. Desafortunadamente, la negligencia de los turistas produce incendios, pero los extinguimos con rapidez”, comenta Sandugash.
Los visitantes también dejan basura en el parque, de modo que los inspectores estatales llevan adelante una serie de campañas para la recolección de residuos en el parque nacional para así mantenerlo limpio.
Sandugash y Zhumabek, junto a sus colegas inspectores, están decididos a proteger el parque. Los sistemas eólicos y solares, que se siguen instalando en el marco del proyecto del PNUD y el FMAM en otros 18 bosques y áreas protegidas de Kazajstán, han tenido una repercusión muy positiva en la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas únicos en su tipo. También han sido fuente de inspiración para los residentes de las aldeas locales en las zonas de amortiguación, algunas sin conexión a la red eléctrica, como ejemplo de la viabilidad de este tipo de energía.
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