Las cifras son impresionantes. Más de 12.500 personas se vieron forzadas a huir de sus casas y más de 93.000 se encuentran en un estado altamente vulnerable, especialmente los hogares con una mujer a la cabeza, las personas con discapacidades y las familias que ya se encontraban desplazadas por el conflicto.
En el área de la falla de Sagaing, que cubre 1.400 kilómetros de Myanmar, y especialmente en Mandalay, Sagaing, Bago (este) y partes de Nay Pyi Taw, hay comunidades enteras que se vieron afectadas.
Más de 33.000 edificios, incluyendo hogares, escuelas, comercios y sistemas de abastecimiento de agua, fueron dañados o destruidos. Los espacios comunitarios para las mujeres y los niños, así como los entornos religiosos y culturales, son por lo general el corazón de la comunidad, y son los que se llevaron la peor parte. En seis regiones hay 289 pagodas o templos y 322 monasterios, iglesias o mezquitas que fueron dañadas.