"Vimos una oportunidad en el estilismo. El cabello rizado a menudo lleva al autorechazo. Así que decidimos especializarnos en recuperación de rizos", afirma Javier.
Él, junto a su pareja Francisco, dejaron Venezuela por el Perú en 2015. Lo hicieron en busca de estabilidad económica. Ahora, gestionan Patrón, un negocio de belleza en la capital, Lima.
"Compramos nuestras primeras tijeras mientras vendíamos empanadas en la calle", añade Francisco.
Construyeron su clientela a través del boca a boca.
"Descubrí el talento de Francisco durante la pandemia. Empezó cortando el pelo de mi hija y ahora se encarga de toda la familia. Voy más allá de su nacionalidad. Es ya mi amigo", comenta Analís, una de sus clientas.
Su gran oportunidad llegó cuando un cliente los conectó con CREANDO, una plataforma en línea que promueve el emprendimiento entre personas migrantes, refugiados y comunidades locales. Con el apoyo del PNUD, este programa facilita la conexión entre el sector público y privado con estas comunidades. Su objetivo es fortalecer el proceso de integración a través del aprendizaje y la empatía.
Los participantes comparten consejos sobre regulaciones, gestión financiera, marketing y networking.
"Las redes han sido fundamentales para nuestro crecimiento y la mejora de nuestros servicios. Aprendimos los pasos necesarios para regularizarnos, lo cual nos brindó mucha más tranquilidad para seguir desarrollándonos", cuenta Javier.
El café Rinconcito Venezolano está abarrotado de clientes peruanos y venezolanos que disfrutan de un café o de la “chicha” venezolana, una bebida tradicional dulce y cremosa hecha a base de arroz. El lugar está decorado con imágenes del Churun-Meru, la cascada más alta del mundo conocida anteriormente como Angel Falls en inglés, así como con referencias a los indígenas Yanomami de la Amazonía y otros lugares emblemáticos de Venezuela. Cerca de las oficinas de inmigración, algunas personas venezolanas celebran haber completado sus trámites migratorios.
El negocio lo dirigen Dayana y José.
"Mis padres son peruanos. Emigraron a Venezuela en los años 90", comenta Dayana.
Más tarde, durante el éxodo provocado por la crisis generalizada en Venezuela, Dayana y José regresaron al Perú.
La pareja comienza su jornada a las 7 de la mañana, comprando los ingredientes del día.
"Trabajamos con proveedores peruanos. Además, conocemos muchos negocios de comida peruano-venezolanos dirigidos por peruanos. Todos nos apoyamos y protegemos mutuamente", explica José.
Lima alberga la mayor diáspora venezolana. Mientras muchos distritos carecen de planificación y apoyo para personas migrantes y refugiadas, otros municipios están trabajando en integrarlas en el desarrollo empresarial.
Dayana y José descubrieron CREANDO a través de las ferias de emprendimiento organizadas por el municipio.
"Formar parte de esta comunidad nos ha brindado nuevas ideas para vender nuestros productos en línea, además de conectar con organizaciones privadas y participar en talleres municipales", añade José.
Eduar, Coordinador de Desarrollo Económico del Municipio de San Martín de Porres, enfatiza: “La mitad de las personas que participaron en nuestras actividades son venezolanas. Muchas trabajan en el sector de la artesanía, alimentación y transporte. Sus vecinos reconocen la contribución que hacen”.
Según la Encuesta Nacional de la Población Venezolana, el 82 % de las personas migrantes y refugiadas están trabajando o buscando activamente empleo. El Grupo de Trabajo para Refugiados y Migrantes reporta que se presentaron más de 214.000 solicitudes de regularización en 2023.
No obstante, persisten importantes desafíos para la integración de las personas jóvenes y cualificadas. Según una encuesta reciente, alrededor del 30 % de las personas refugiadas y migrantes venezolanas en el Perú sufren discriminación.
Las preocupaciones relacionadas con el trabajo y el dinero afectan la salud mental de las personas refugiadas y migrantes, así como las oportunidades educativas de sus hijos. Las mujeres migrantes pueden experimentar acoso, y las tareas de cuidado limitan su integración económica.
"Es difícil para las familias apoyar a sus hijos y mejorar el cuidado y la atención que reciben. Para ayudar, organizamos sesiones de asesoramiento gratuito a través de Infomamis", explica Jehiveh, una psicóloga venezolana.
Junto con su colega Francelys, también de Venezuela, fundó Infomamis, un proyecto destinado a apoyar el bienestar materno e infantil de familias venezolanas y peruanas.
Las personas migrantes y refugiadas enfrentan dificultades para pagar las tasas de procesamiento para que sus calificaciones sean reconocidas. "Cuando llegamos a Lima en 2017, establecer una red de contactos y obtener el reconocimiento oficial de mi título fue el primer desafío", comenta Jehiveh. "Llegué al Perú con poco capital, así que trabajé en campos no relacionados con mi experiencia. Gracias a eso, tuve los recursos para iniciar el proceso de validación", agrega Francelys.
Una vez que sus cualificaciones fueron reconocidas, las psicólogas crearon Infomamis. Ofrecen terapia psicológica y ocupacional, así como apoyo a familias con necesidades especiales, entre otras cosas. "Gracias a CREANDO, hemos registrado nuestro negocio en el Mapa de Talento Migrante, lo que ha facilitado que las familias nos encuentren en línea", añade Jehiveh.
Desde 2022, la comunidad educativa CREANDO ha respaldado a 200 negocios y empresas de personas migrantes y refugiadas. Fomentar la integración económica de estas personas mediante vínculos con sus pares peruanos es fundamental para sus iniciativas empresariales y su calidad de vida. Solo facilitando el acceso a oportunidades y promoviendo el respeto mutuo se puede alcanzar el máximo potencial de estas comunidades, contribuyendo así a la prosperidad general de la sociedad en la que se han integrado.
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