En ese día trágico, la extensa familia de Raiza Gul se había reunido para tomar el té verde de la mañana. Solo sobrevivió ella porque había salido a cuidar de sus ovejas en el momento en que azotó el seísmo.
"La oscuridad y el polvo lo cubrieron todo. Cuando finalmente pudimos vislumbrar algo, vi a mi cuñada, su hijo y su hija atrapados bajo los escombros, sepultados hasta los hombros. El hijo tenía sangre en la nariz y ya no respiraba", afirma Raiza Gul.
Raiza Gul intentó retirar los escombros para salvar a algunos de los miembros de su familia, pero entonces otro terremoto sacudió la tierra, causando más víctimas mortales. Sus seres queridos, que se encontraban heridos, no sobrevivieron al trayecto hacia el hospital.
"La pared se derrumbó ante mi, 27 miembros de mi familia murieron y lo perdimos todo", describe Raiza Gul.
En su pueblo, ninguna casa ha resistido la devastación de los seísmos. Ella y su familia residen ahora en humildes tiendas de campaña, haciendo frente a desafíos para poder obtener suficientes alimentos y agua. El clima se está volviendo más frío y el viento arrebata las tiendas. Raiza Gul, sumida en una profunda tristeza, se desahoga en lágrimas incontenibles.
"Los terremotos se llevaron por delante a mis seres queridos y ahora temo que el frío y el hambre acaben con los pocos miembros que sobrevivieron"