Las terribles atrocidades cometidas por Al-Qaida en el Iraq (Estado Islámico del Iraq y el Levante o EIIL) cuando invadió la República Árabe Siria y el Iraq en 2014 conmocionaron al mundo.
Las ejecuciones de civiles, el desarraigo de comunidades enteras, las violaciones masivas, la destrucción gratuita de bienes y el genocidio de la minoría yazidí dejaron profundas cicatrices.
También empujaron a decenas de miles de mujeres y niños a situaciones imposibles sobre las que no tenían ningún control y que cambiaron sus vidas para siempre.
El marido de Dunia* se incorporó al EIIL poco después de que el grupo irrumpiera en Mosul, la antigua ciudad de Nínive, destruyendo el patrimonio cultural más preciado del Iraq y arrasando y encarcelando a sus habitantes durante tres años.
"Ninguna esposa desearía que su marido se uniera al EIIL. Ni yo ni mis hijos pudimos elegir estar emparentados con un militante", afirma Dunia.
Sara, recién casada, se encontró atrapada en una vida que nunca había imaginado.
"Él se alistó dos meses después de casarnos. No tuve más remedio que aceptarlo, pues estaba embarazada", explica Sara.
Fátima tampoco pudo impedir que su marido decidiera alistarse en el EIIL.
"Como mujer, no tenía autoridad sobre él", asiente Fátima.
Y la pesadilla de Fátima no terminó cuando el EIIL fue derrotado en 2017. Había quedado viuda y las decisiones imposibles seguían apilándose ya que los iraquíes volcaban su ira contra cualquiera relacionada con sus antiguos opresores.
"Había rumores de que matarían o torturarían a mis hijos", explica. Sin otra opción, se fue a Al Hawl, el campamento de personas refugiadas situado en el norte de Siria, conocido por su violencia y sus condiciones penosas e inhumanas.
Clemira huyó por la misma razón al mismo campamento.
"Teníamos miedo. La situación era dura", dice Clemira. "Mi marido nos puso en esta terrible situación."
Miles de mujeres iraquíes pueden contar la misma historia: abandonadas a su suerte para criar a sus hijos, separadas de sus familias, viviendo en la pobreza en campamentos de personas desplazadas o refugiadas, y luchando por liberarse del estigma de los crímenes de sus maridos.
Estas familias no solo se enfrentan a grandes penurias, sino que corren el riesgo de radicalizarse. Los estudios han demostrado que las actitudes extremistas se acrecientan cuando las personas están encerradas juntas sin siquiera los recursos básicos para mantener una vida digna.
Cuando el EIIL fue derrotado en 2017, los daños ascendían a 80.000 millones de dólares de los Estados Unidos (USD), 11 millones de personas dependían de la ayuda humanitaria y más de 6 millones habían sido desplazadas de sus hogares.
El Gobierno del Iraq estima que en 2022 había 250.000 esposas, hijos o progenitores con presunta afiliación al EIIL entre las personas desplazadas.
Sin dejarse intimidar por estas cifras enormes, las autoridades y las comunidades iraquíes se volcaron a curar las heridas materiales, sociales y psicológicas que había dejado el conflicto.
En el PNUD estamos trabajando meticulosamente para ayudar a regresar y reintegrar de forma segura a las familias que estuvieron vinculadas al EIIL, a quienes se les ha otorgado autorización de seguridad, además de sanar las comunidades traumatizadas por la violencia.
"Realmente duele ver a una familia viviendo en una tienda de campaña y haciendo lo posible para sobrevivir. Queremos que estas personas regresen a sus hogares. El viaje de mil kilómetros comienza con un solo paso", afirma el general Omar Khamis, comandante de la policía de Al-Qaim, una importante ciudad fronteriza entre el Iraq y Siria que fue una de las primeras en ser tomada por el EIIL.
Las Naciones Unidas y sus socios proporcionaron refugio, alimentos, educación y otra ayuda vital. En el PNUD nos centramos en apoyar a los gobiernos locales para reconstruir la infraestructura social, trabajando con las personas a fin de que aprendan nuevas competencias para encontrar trabajo, crear empresas y construir la paz.
"Desde 2017 hasta ahora, nos hemos dedicado de lleno a reparar lo destruido. Se restauraron decenas de escuelas y se construyeron otras nuevas, así como plantas de agua y electricidad", afirma Khaled Abdullah, alcalde de Al-Rummanah, una de las últimas ciudades liberadas.
Se están viendo progresos reales. La ayuda humanitaria cubrió las necesidades inmediatas de los grandes grupos de personas desplazadas durante la crisis, mientras que la actividades para el desarrollo lograron establecer condiciones para un retorno voluntario.
Más de cinco millones de personas han logrado regresar a sus hogares. Una vez en casa, pudieron reestablecer sus medios de vida y ya no necesitaron ayuda humanitaria.
Dunia, Fátima, Sara y Clemira, y las decenas de miles de mujeres y niños a los que representan, son la clave del éxito del programa.
"Es, de lejos, uno de los mayores retornos, en términos globales. Lo más difícil es el último tramo: el retorno del millón de personas que siguen desplazadas. Una de las cuestiones más complicadas es que muchas de esas familias estuvieron presuntamente vinculadas al EIIL", señala Auke Lootsma, Representante Residente del PNUD en el Iraq.
Cuando Fátima y sus hijos abandonaron finalmente el campamento de Al Hawl, para facilitar su transición, permanecieron durante seis meses en el Centro de Rehabilitación Jeddah, en Ninewa. Ahora, en el PNUD les apoyamos para regresar a su hogar en Anbar.
Mediante una estrecha colaboración con el Gobierno del país, la creación de redes locales y los acuerdos de paz, en el PNUD hemos preparado a las comunidades de Anbar, Ninewa, Salah al-Din y Kirkuk para que acepten el regreso a sus comunidades de 9.000 familias que estuvieron asociadas al EIIL.
"Es importante tener en cuenta tanto a las familias que sufrieron daños directos como a aquellas que regresan, para evitar que se conviertan en enemigos. Es una situación delicada que debe abordarse a través de la educación, la capacitación y los medios de comunicación", explica Khaled Abdullah.
Por su parte, Auke Lootsma menciona que se está buscando una solución completa para aquellas personas que podrían tener alguna relación con el EIIL. El objetivo es asegurar que al regresar a sus hogares lo hagan de una manera que sea aceptable para todos los miembros de la comunidad, permitiéndoles llevar una vida pacífica y próspera.
Los iraquíes siguen haciendo frente a la pobreza y las divisiones, pero el país está saliendo de un capítulo doloroso, al punto de que la ayuda humanitaria se está retirando progresivamente. La atención se centra en el desarrollo duradero para que las comunidades puedan adquirir resiliencia en una región a menudo desestabilizada por los conflictos.
Tras dejar atrás su larga pesadilla, Dunia, Fátima, Sara y Clemira han podido restablecerse con viviendas y medios de subsistencia. Sara vive en Anbar desde 2020 y está feliz de volver a estar entre los suyos.
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