En relación con problemas como el cambio climático, resulta evidente que las fronteras nacionales son irrelevantes. Independientemente de dónde se originan, los gases de efecto invernadero en la atmósfera afectan a todos los habitantes de la Tierra. Por lo tanto, ningún país es inmune a los efectos de esta crisis y ningún país puede detener el calentamiento global por sí solo.
A medida que la tecnología y los viajes hacen más pequeño nuestro mundo, muchas otras crisis que antes podían parecer confinadas a zonas concretas se están convirtiendo en preocupaciones mundiales que requieren soluciones globales. Un virus puede propagarse desde el paciente cero por todo el mundo en pocas semanas, y ahora tenemos acceso a información que hace difícil ignorar el sufrimiento por más que esté.
Los efectos de la pobreza, por ejemplo, no pueden circunscribirse a su entorno geográfico inmediato. Más allá del imperativo de los derechos humanos de actuar, la falta de oportunidades produce una desesperación que puede llevar a las personas a migrar a países que tal vez no estén preparados para recibirlas. El desempleo también puede alimentar el reclutamiento de grupos extremistas que tienen por objeto perpetrar actos de violencia terrorista en su país o en el extranjero.
Los conflictos son otro ejemplo. Una guerra entre dos países puede afectar a las cadenas de suministro mundiales, creando dificultades económicas a escala global. Esto significa que los países de todo el mundo tienen interés en prevenir la guerra en cualquier lugar.