El sol se alzaba sobre la isla de Olango, frente a las costas de Mactan, en la ciudad de Cebú. La luz blanca y cálida golpeaba el camino de arena, mientras una suave brisa circulaba por la aldea, llevando consigo el sonido de los niños.
"No me van a alcanzar”, exclamó una niña, trepando por un montón de escombros, escapando de quienes le seguían.
La niña llegó a la cima y miró a sus amigos, que tenían las manos en las caderas, resignados ante la realidad de que todavía eran demasiado pequeños para trepar por la montaña de rocas y chapas onduladas de hierro. Ella les hizo una mueca y los demás niños rompieron a reír.
Todo parecía habitual, hasta que un adulto señaló los escombros sobre los que estaba la niña: "esta era su casa".
Las risas eran solo un fino velo que ocultaba una realidad más cruel: muchas comunidades todavía no habían logrado ponerse en pie más de dos meses después del paso del tifón Odette, poco antes de la Navidad de 2021.
Los daños fueron inmensos. En las seis regiones más afectadas se calcula que aproximadamente 9,9 millones de personas se vieron gravemente afectadas y que unos 2,4 millones necesitaron ayuda.
"Hemos perdido mucho", dice Lin, miembro de un colectivo de mujeres panaderas en Olango. Ella no exageraba. Los barcos pesqueros estaban agrietados y el santuario de aves destruido. La industria turística se había paralizado por culpa de la COVID-19. Uno de los pocos negocios que quedaban en pie era la cocina de su panadería, despojada de su fachada, pero aun así continuaba funcionando a pesar de todo. Lin y sus colegas estaban orgullosas de sus negocios, dejando de lado el dolor mientras cocinaban para sus vecinos.
Filipinas es uno de los países más vulnerables del mundo ante los desastres naturales. El país no es ajeno a las tormentas torrenciales, ya que se producen unas 40 cada año. En 2013, sufrió la ira del tifón Haiyan, la tormenta más potente que jamás haya tocado tierra.
Odette fue el evento más destructivo en Filipinas desde entonces, causando daños de un valor aproximado de USD 500 millones.
El tifón no solo se sintió en Dinagat y Surigao del Norte, donde tocó tierra, sino también en las provincias de Bohol, Cebú e incluso Palawan, que en el pasado habían estado protegidas de la devastación.
Sin embargo, y por fortuna, hubo una diferencia entre el número de víctimas registradas en 2013 y en 2021. La Oficina de Defensa Civil registró 405 muertos y otros 66 desaparecidos tras Odette, en comparación con las más de 6.000 pérdidas de vidas ocasionadas por Haiyan.
Esta vez las comunidades estaban mejor preparadas.
"Antes de que golpeara Odette, convocamos a las organizaciones de la sociedad civil y a los barangays (grupos comunitarios) a una reunión preparatoria", dice Samsam Gullas, alcalde de Ciudad de Talisay.
Esta fue una práctica que también implementaron los gobiernos locales de las zonas más remotas de Argao, Moalboal y Olango, donde los ciudadanos han aprovechado la formación en materia de reducción del riesgo de catástrofes, apoyo psicosocial, control de incendios y primeros auxilios, para poder cuidarse mejor unos a otros en tiempos de crisis.
Pero los ciudadanos saben que aún queda mucho por hacer.
"Necesitamos reconstruir mejor", dijo la alcaldesa de Moal Boal, Paz Rozgoni. "Hemos perdido edificios, hemos perdido líneas de comunicación. Este período [de recuperación] será una oportunidad para poner estructuras que resistan al próximo tifón", expresa Rozgoni.
Esto será necesario. Teniendo en cuenta la rápida evolución del cambio climático, las tormentas como Odette se producirán cada vez con mayor frecuencia y gravedad, especialmente en zonas donde los gobiernos locales todavía no están acostumbrados a enfrentarse a estos retos.
El PNUD y el gobierno australiano, junto con el Departamento de Interior y Administración Local, la Oficina de Defensa Civil y el Departamento de Ciencia y Tecnología, ayudarán a los gobiernos locales en Filipinas a aumentar su capacidad de recuperación a través del programa Strengthening Institutions and Empowering Localities against Disasters and Climate Change (Fortalecer a las Instituciones y Empoderar a las Localidades frente a las Catástrofes y el Cambio Climático; SHIELD por sus siglas en inglés), dotado con USD 13 millones.
El programa SHIELD trabajará con los gobiernos para obtener recursos adicionales para promover la resiliencia, así como para la planificación, elaboración de presupuestos y diseño de infraestructuras basados en datos para proteger los hogares, los centros de evacuación e incluso el ganado.
También es necesario aumentar la resiliencia en lo que se refiere a los medios de subsistencia. Odette acabó con el 80 % de los árboles de coco de la provincia de Cebú. "Nuestros cocoteros han desaparecido", dijo un agricultor. "Tardarán seis o siete años en volver a crecer. Tenemos que encontrar otro medio de vida hasta entonces. Estamos preparados para el cambio porque sabemos que vendrán más tormentas. Solo necesitamos saber qué hacer", continuó.
Los agricultores locales también se han interesado cada vez más por la digitalización, lo cual ha sido posible gracias a una red de fibra óptica procedente de la ciudad de Cebú. El gobierno de Argao está en conversaciones avanzadas con empresas de telecomunicaciones y negocios en línea para atraer inversiones a su localidad.
“Antes de la tormenta teníamos una conexión WiFi rápida y muchas empresas podían invertir aquí… ya no hace falta que sean administradas por el gobierno, pues pueden ser dirigidas directamente por la gente", explicó el alcalde de Argao.
La digitalización podría abrir más oportunidades para las comunidades locales. El comercio electrónico puede crear nuevos puestos de trabajo y dar un gran impulso a los ya existentes. "Compramos en las plataformas Lazada y Shopee. Podemos aprender a vender allí también", dice el propietario de una cooperativa. Mientras muchos gobiernos locales que adoptan el enfoque de "una ciudad, un producto", existe un enorme potencial para que estas plataformas desbloqueen un mercado más amplio, siempre que las pequeñas empresas puedan acceder a las inversiones y el apoyo técnico adecuados y, al hacerlo, rompan el círculo vicioso de la pobreza.
Es necesario actuar ahora para evitar más daños cuando se produzca otra catástrofe. Este es el mensaje común en Cebú, compartido por los alcaldes del centro de la ciudad hasta por los pescadores de Moal Boal, pasando por las panaderas de la soleada isla de Olango.
Después de hornear el pan, Lin nos llevó por la carretera hasta la casa de su familia, que ahora no tiene techo. Se paró en medio de la cocina, recogió unos dientes de ajo podridos de la mesa y los sostuvo durante un minuto. No sabía por qué seguía guardando los ajos allí, pero sí sabía lo que tenía que hacer para seguir adelante.
Mirando al cielo, ahora de color azul cerúleo, sin ningún rastro de la oscura tormenta que hace poco trastornó sus vidas, dijo con firme determinación: "Volveremos a construir el tejado, pero no será igual que antes. Será más fuerte".
© 2026 United Nations Development Programme