El 2026 podría constituir un punto de inflexión para acelerar el progreso hacia un futuro más pacífico, próspero y sostenible para la humanidad.
O podría ser testigo de divisiones geopolíticas, estancamiento económico y paralización de la cooperación multilateral. El camino a seguir dependerá de las elecciones que hagan ahora los países, que pasa por superar las diferencias y volver a centrarse en la consecución de objetivos comunes.
Se trata de un año que ofrecerá muchas oportunidades para que esas elecciones rindan fruto.
El desarrollo internacional está ingresando en una nueva era de incertidumbre, caracterizada por la reducción de los presupuestos de ayuda, el reajuste geopolítico y las dudas sobre la colaboración entre países en asuntos de importancia mundial.
Tras celebrar su 80º aniversario en 2025, las Naciones Unidas se han embarcado en una campaña de reforma de todo el sistema, reevaluando todos los aspectos de sus operaciones para crear una organización más ágil, eficiente y eficaz. Para nosotros, desde el PNUD, significa aprovechar seis décadas de experiencia en materia de desarrollo y, al mismo tiempo, también significa adaptarnos a las nuevas realidades.
Nuestro nuevo Plan Estratégico 2026-2029 se formuló precisamente para este momento. Tiene en cuenta la complejidad y está dotado de capacidad de adaptación, situándonos en una posición aún más sólida para ayudar a los países y las comunidades a navegar la incertidumbre y aprovechar las oportunidades para lograr un progreso sostenible.
Para que esto sea posible, se requieren alianzas. Nuestro Plan Estratégico representa un compromiso entre nuestra organización y nuestros socios para invertir conjuntamente en soluciones que funcionen: desde la creación de empleo decente, hasta la lucha contra el cambio climático. En tiempos de incertidumbre, el mundo depende de socios para el desarrollo que puedan mantener el rumbo. Esa fiabilidad se basa en una determinación compartida y una colaboración sostenida.
Los economistas advierten de una desaceleración de la economía mundial que afectará a todas las regiones geográficas. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo prevé un crecimiento del 2,6 % en el 2025 y el 2026, por debajo del 2,9 % del 2024 e incluso inferior a la media anterior a la pandemia del 3 %. Se espera que los países en desarrollo crezcan un 4,3 %, más que las economías avanzadas, pero se enfrentan a importantes retos debido al aumento de las barreras comerciales, la abrumadora deuda y los crecientes efectos del cambio climático.
El menor crecimiento limita la capacidad de los países para crear puestos de trabajo decentes, ampliar los servicios esenciales y establecer los sistemas que contribuirán a la prosperidad de sus sociedades.
Eventos clave del 2026
Para evitar una discordia económica y social aún peor y más prolongada, los países deben resolver las tensiones geopolíticas, que van desde los conflictos armados hasta las guerras comerciales. Los niveles de conflicto sin precedentes están desbaratando décadas de progreso en materia de desarrollo en lugares como Gaza, el Sudán y Ucrania. Al mismo tiempo, las barreras al comercio están obstaculizando la exportación de productos de las economías en desarrollo y perturbando las cadenas de suministro, lo que puede provocar la pérdida de puestos de trabajo.
En nuestro Plan Estratégico nos basamos en la convicción de que, en tiempos difíciles, nuestra labor para crear un mundo más justo y sostenible es más vital que nunca. En sintonía con las necesidades de desarrollo sostenible actuales y futuras, el Plan tiene cuatro metas audaces: prosperidad para todas las personas, gobernanza eficaz, resiliencia ante las crisis y planeta sano.
Vamos más allá de la erradicación de la pobreza para construir economías dinámicas y resilientes mediante un crecimiento económico sostenible, empleo decente y medios de vida, así como un mayor acceso a servicios clave y redes de seguridad social.
Apoyamos a los países y las comunidades para que establezcan instituciones sólidas y responsables, de modo que las personas puedan participar en la sociedad, reclamar sus derechos y acceder a la justicia.
Nos quedamos y cumplimos, incluso en los entornos más difíciles, protegiendo los logros del desarrollo y sentando las bases para la recuperación desde el inicio de una crisis.
Nos esforzamos por prevenir los peores efectos del cambio climático, al tiempo que ayudamos a las personas a adaptarse a las nuevas condiciones, y conectamos a los países con soluciones integradas para que alcancen sus objetivos climáticos y relativos a la naturaleza de forma que también creen empleo y mejoren sus condiciones de vida.
En toda nuestra labor, favorecemos las soluciones integradas que abordan retos interconectados y generan una transformación sistémica. ¿Cómo lo conseguiremos?
Transformación digital y de la inteligencia artificial (IA): aprovechamos los avances tecnológicos para ampliar las oportunidades de las personas, mejorar los servicios públicos, potenciar el compromiso cívico y agilizar la respuesta a las crisis.
Igualdad de género: integramos la igualdad de género en toda nuestra programación, dado que hacerlo acelera los resultados en todas las dimensiones del desarrollo.
Finanzas sostenibles: apoyamos los esfuerzos para construir un sistema financiero mundial más justo, al tiempo que ayudamos a los países a identificar nuevos recursos y crear alianzas más sólidas para alcanzar sus objetivos de desarrollo.
Frente al panorama incierto de los próximos años, nuestro Plan Estratégico está diseñado a partir de un “optimismo decidido”, que es la forma en que trabajaremos con los países para acelerar el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En un mundo tan cambiante como el nuestro, una cosa es constante: en el PNUD mantenemos nuestro compromiso de mejorar la vida de las personas preservando al mismo tiempo el medio ambiente que nos sustenta a todos los seres vivos. Se trata de un esfuerzo compartido. El Plan Estratégico ofrece a nuestros socios una plataforma para invertir conjuntamente en soluciones de eficacia demostrada: desde la movilización de financiación para el clima, hasta el fortalecimiento de la gobernanza en entornos frágiles. El éxito depende de una colaboración sostenida, porque en un mundo impredecible, las instituciones multilaterales fiables son más importantes que nunca.
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