El año 2015 fue testimonio de la capacidad de resiliencia y la fuerza del espíritu humano. En el corazón de nuestro trabajo a favor del desarrollo hay historias de personas que responden a los desafíos del cambio climático, la guerra, los desastres y la desigualdad a fin de mantener y mejorar sus comunidades.
En 2015, los países afectados por el ébola lograron poner fin a la transmisión humana del virus. Con nuestro apoyo, los gobiernos afectados pagaron a tiempo a casi 20.000 trabajadores de respuesta al ébola, lo que permitió a estos luchar eficazmente contra el virus en Guinea, Liberia y Sierra Leona. Continuamos el trabajo de recuperación del ébola en los países y en los países fronterizos, a fin de restaurar el tejido socioeconómico regional.
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En diciembre, los líderes mundiales asistentes a la Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático alcanzaron el histórico Acuerdo de París. Si bien es responsabilidad de cada uno de nosotros traducir los compromisos en acciones en este año 2016, el PNUD ha colaborado con los países para identificar sus objetivos nacionales y la mejor manera de alcanzarlos. Tenemos una cartera relacionada con el cambio climático de más de 140 países. Aquí se encuentran algunas de nuestras historias en todo el mundo.
Según el ACNUR, el número de refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos en todo el mundo supera ya los 60 millones de personas. El PNUD viene trabajando desde hace mucho tiempo en materia de migración y desplazamiento, estableciendo alianzas entre las organizaciones humanitarias y de desarrollo con objeto de encontrar soluciones duraderas a nivel local y nacional. Ello incluye la prevención y mitigación de los conflictos, la mejora de la gobernabilidad y el acceso a la justicia, la lucha contra la pobreza, la creación de empleo y oportunidades así como la implementación de políticas de migración bien gestionadas, todo ello en consonancia con los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El conflicto en Siria, que entra ya en su quinto año, ha empujado a más de 4,3 millones de ciudadanos fuera de su país. A finales de 2015, mientras los líderes mundiales seguían negociando en las conversaciones de paz, los refugiados continuaban su peligroso viaje en busca de seguridad en los países vecinos y europeos. Desde el inicio de la crisis, el PNUD ha estado trabajando en Iraq, Líbano, Jordania, Siria y Turquía proporcionando apoyo tanto a los refugiados y desplazados sirios como a las comunidades de acogida.
Un total de 7,6 millones de ciudadanos sirios son desplazados internos, que luchan por mantenerse con vida. El empleo de emergencia es el núcleo central de nuestro compromiso con el pueblo sirio y sus comunidades de acogida, tanto en Siria como en los países vecinos. Hemos creado empleos de emergencia para generar trabajo e ingresos que permitan a la gente cubrir las necesidades básicas de sus familias, como comida, agua potable, vivienda, calefacción y acceso a sanidad y educación.
En marzo estalló la guerra en Yemen. Según la Oficina de las Naciones Unidas de Coordinación de la Asistencia Humanitaria (UNOCHA), más del 84% (21,1 millones) de la población total del país, compuesta por 25 millones de personas, requieren asistencia humanitaria. Ellos luchan por cubrir sus necesidades básicas, como alimentos, agua, atención médica y refugio, y proteger sus derechos humanos fundamentales. Los servicios públicos de Yemen han colapsado, y los precios de los alimentos, el combustible y el gas para cocinar se han disparado.
A través de nuestro Programa de Resiliencia para Yemen, nos proponemos restaurar los medios de vida, la cohesión social y la seguridad, y preparar el camino de estabilización y recuperación para reconstruir el desarrollo humano en el país. Nuestros programas actuales de “dinero por trabajo” se centran en esferas como la seguridad alimentaria, el agua potable, la construcción de refugios e infraestructuras, así como la restauración de las capacidades de los funcionarios públicos esenciales. Por ejemplo, nuestro proyecto de obstetricia protege la salud de las mujeres embarazadas mediante la formación y el despliegue de parteras, que aseguran partos seguros y la salud materna durante el conflicto.
“Las consecuencias de la guerra son graves. Enfermedad, muerte y pobreza por doquier, es el visible resultado de la guerra. Los combates deben cesar.” Son palabras de Mary, líder comunitaria, ex profesora voluntaria del Mercy Corps y agricultora, quien reside ahora en el campamento de Magateen para desplazados internos en Juba, Sudán del Sur.
Mary y su esposo huyeron de su casa en Bentiu con su madre (71) y sus ocho hijos, con sólo la ropa que llevaban puesta. Ella estaba alimentando a su bebé recién nacido cuando oyó disparos y gritos afuera. Por razones de seguridad, se escondieron durante días en la espesura de la selva y finalmente encontraron el camino al campamento de Magateen.
Desde el inicio de la guerra civil en diciembre de 2013, el PNUD ha dado prioridad a la construcción de la paz y la cohesión social, la restauración del estado de derecho y la seguridad, los medios de vida, y la reconstrucción de las capacidades de los funcionarios públicos para proporcionar con eficacia los servicios del gobierno a su pueblo.
La violencia sectaria que estalló hace tres años en la República Centroafricana ha desplazado a casi un millón de personas. Más de la mitad de la población del país, en torno a 2,5 millones de personas, necesitan urgentemente asistencia humanitaria, a la vez que más del 60% de la población sigue viviendo en la pobreza extrema.
El 30 de diciembre, 1,8 millones de votantes registrados fueron a las urnas a votar en la elección de nuevo presidente y parlamento. Esta votación fue la continuación del referéndum constitucional de 13 y 14 de diciembre, por el que los votantes aprobaron por abrumadora mayoría la nueva constitución, dejando constancia de la esperanza de una paz duradera. A través de nuestro proyecto “Apoyo al ciclo electoral de la República Centroafricana” desarrollado de 2014 a 2016, el PNUD ha apoyado a la Autoridad Electoral Nacional en el establecimiento de las listas electorales, la capacitación y gestión de los miembros de los colegios electorales, y la adquisición y el transporte de los equipos electorales.
El 13 de marzo de 2014, el ciclón Pam, de categoría 5, tocó tierra en Vanuatu y Tuvalu. Más del 95% del sector agrícola de Vanuatu resultó destruido, paralizando los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria.
Una semana después, un equipo de respuesta de emergencia de expertos del PNUD se desplegó rápidamente para colaborar en la recuperación. En colaboración con las autoridades locales, lanzamos nuestro programa de “dinero por trabajo” en Port Vila, capital de Vanuatu. Las poblaciones afectadas recibieron salarios para la limpieza de los escombros dejados por la tormenta, y la recuperación y el reciclaje de residuos.
Estos trabajos impidieron la aparición de enfermedades relacionadas con el saneamiento y el agua potable, y ayudaron a las comunidades a despejar para reconstruir mejor. Junto con nuestros aliados, hemos ayudado a las comunidades agrícolas a reconstruir, replantar sus jardínes y huertos y reemplazar sus reservas de semillas y herramientas perdidas.
El 25 de abril, un terremoto de magnitud 7,9 sacudió el norte de Nepal y la India. Más de 15 fuertes réplicas sacudieron el país en un plazo de 24 horas después del impacto inicial. Éste es el peor desastre que ha sufrido Nepal desde el terremoto de 1934.
Con el personal que ya se encontraba en Nepal cuando se produjo el terremoto, fuimos capaces de dar inicio a un programa de acción muy rápido de recuperación temprana. En agosto, las comunidades estaban empezando a reconstruir sus vidas.
2015 no fue sólo un año de desastres, fue también un año de acciones comunitarias en favor del clima en todo el mundo.
En las estribaciones del monte Elgon, en Uganda, Catherine una maestra de primaria y presidenta del Colectivo de Mujeres Sangaasana lidera la acción comunitaria contra la deforestación. Con el apoyo del PNUD, las mujeres han introducido un método ecológico de producción de ladrillos, que utiliza la compresión en lugar del calor para formar los ladrillos, obviando la necesidad de leña.
En Turkmenistán, donde sólo el 20% de la tierra es cultivable, las comunidades agrícolas luchan por la supervivencia contra las arenas que amenazan la tierra cultivable.
Las islas del Pacífico están en primera línea de acción en favor del clima, por ser las primeras en sentir los efectos devastadores del cambio climático. Las Maldivas se encuentran a un metro sobre el nivel del mar en su punto más bajo y el nivel del agua va en aumento, lo que obliga a la comunidad a luchar por su propia existencia.
En la comunidad montañosa de Miraflores, Perú, las comunidades de agricultores se están adaptando al cambio climático con el fin de preservar sus tradiciones, como el pastoreo. El cambio climático no solo ha afectado a los recursos de agua y tierra. El ganado, que es el sustento de las comunidades pastorales andinas indígenas se enferma ahora con más frecuencia.
En las alturas del Himalaya, la salud de la población de Bután está en situación de riesgo debido al deshielo de las cumbres, lo que produce inundaciones repentinas más frecuentes y mayores encharcamientos de agua, que a su vez crean las condiciones para la propagación de mosquitos y moscas de arena que transportan la malaria, la fiebre del dengue y la leishmaniasis visceral. Hasta 2004, no se había detectado la fiebre del dengue en Bután; ahora, durante la temporada del monzón es una enfermedad endémica.
Una de cada tres mujeres, a escala mundial, sufrirá violencia doméstica en algún momento de su vida. La violación se utiliza cada vez más como arma de guerra, a medida que la violencia armada, los conflictos y el extremismo aumentan. El PNUD colabora con las comunidades para ampliar el acceso de las mujeres a los derechos y hacer frente a la violencia de género.
En la India, Basi Behen (65) acudió a los tribunales y recuperó sus tierras. Hace 15 años, al morir su esposo, su cuñado la acusó de brujería y se apoderó de las tierras que ella debería haber heredado. Con nuestro apoyo, Basi fue capaz de manejarse en el sistema legal y ejercer sus derechos.
En Afganistán, sólo el 16% de las mujeres trabaja. Las primeras guardaparques femeninas afganas han salido ya de patrulla en Banda-e-Amir, el primer parque nacional del país, en Bamiyan. El legado de violencia dejado por los talibanes impide ver el parque, una joya escondida que antes era un deleite ecoturístico con sus seis lagos de color turquesa y una rara fauna. Las guardaparques y el retorno del turismo son señal de esperanza para una región que durante mucho tiempo ha estado plagada de pobreza, inseguridad y mujeres que trabajaban lejos del hogar.
Mónica, una activista de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI), se convirtió en la primera mujer transgénero en recibir un pasaporte de tercer género en Nepal.
Por primera vez en la historia, 2.000 atletas de 40 grupos indígenas de todo el mundo viajaron a Brasil y participaron en los primeros Juegos Mundiales Indígenas, en reconocimiento a su patrimonio y tradiciones.
Este año vio la conclusión de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), ocho objetivos contra la pobreza que el mundo se comprometió a alcanzar para el año 2015. En septiembre, el mundo adoptó los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también conocidos como Objetivos Globales. Los nuevos ODS y la agenda de sostenibilidad más amplia, van mucho más allá de los ODM, al abordar las causas fundamentales de la pobreza y la necesidad universal de un desarrollo favorable a todas las personas. La supervivencia de la Humanidad depende de cambios en la forma en que tratamos a los demás seres humanos y a nuestro planeta. El 2016 va a ser un año de acciones locales, a medida que las comunidades se aprestan a cumplir con los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible.
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