Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se encuentran en un estado crítico: a medio camino de la meta fijada para 2030, vemos cómo se va erosionando el progreso logrado.
Las crisis alimentarias, sanitarias, energéticas y económicas superpuestas de los últimos años han arrastrado a decenas de millones de personas a la pobreza.
El endurecimiento de las condiciones financieras mundiales ha sido devastador para los países con cargas de deuda abrumadoras. Y el aumento de los tipos de interés y del costo de los préstamos en los mercados internacionales ha disparado el riesgo. Muchos países en desarrollo están al borde del impago.
Durante la pandemia, los países ricos pudieron invertir en la recuperación y retomar las sendas de crecimiento que mantenían antes de la llegada de la COVID-19. Su gasto en recuperación fue 30 veces superior al de los países en desarrollo y 610 veces mayor que el de los países menos adelantados, los cuales solo podían disponer de 20 dólares de los Estados Unidos (USD) por persona.
La crisis alimentaria y energética junto con los pagos de la deuda, que son hasta dos veces superiores a los registrados en 2019, se han combinado para ejercer enormes presiones fiscales sobre la mayoría de los países en desarrollo. Esto limita drásticamente su capacidad para invertir en una transformación sostenible.
La evidencia es clara. El sistema financiero mundial no ha protegido a los países en desarrollo en esta época de crisis sin precedentes, en parte porque nunca se diseñó tomando en consideración sus intereses.
La "gran brecha financiera" corre el riesgo de convertirse en una divergencia prolongada en materia de desarrollo sostenible.
A solo siete años de la fecha límite para la consecución de los ODS, las Naciones Unidas piden una transformación financiera e industrial revolucionaria para cumplir los compromisos y cerrar las brechas cada vez mayores entre ricos y pobres. Se trata del Plan de Estímulo de los ODS.
El nuevo informe Financiación para el Desarrollo Sostenible 2023 expone lo que costará y cómo podemos llevarlo a cabo.
El documento hace un llamamiento a un estímulo a gran escala de los ODS centrado en abordar el alto costo de la deuda y los crecientes riesgos de sobrendeudamiento, en particular para los países más pobres del mundo en la "cola de la deuda". También expone un aumento masivo de la financiación a largo plazo para el desarrollo y la ampliación de liquidez a través de la financiación de contingencia a los países necesitados.
También afirma que la actual estructura financiera internacional está desactualizada y debe renovarse. No resolveremos los retos actuales confiando en el pensamiento que contribuyó a crearlos.
Ya hay noticias alentadoras de cambio. La crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania ha impulsado las inversiones en la transición energética mundial, que se dispararon en 2022 hasta alcanzar la cifra récord de 1,1 billones de USD. Ese año las inversiones en transición energética superaron por primera vez las inversiones en combustibles fósiles.
Sin embargo, este progreso se produjo casi en su totalidad en China y en los países desarrollados. Y esto debe cambiar.
Una cooperación multilateral más eficaz y coordinada es un requisito imprescindible para hacer frente a las crisis actuales y futuras.
Un reciente informe del PNUD sobre políticas, Building Blocks out of the Crisis (Construir los elementos básicos para salir de las crisis), afirma que los países en desarrollo podrían ahorrar cientos de miles de millones de USD con un plan de estímulo de los ODS.
El Foro 2023 sobre la Financiación para el Desarrollo ofreció un espacio para abordar los retos mundiales y promover políticas de financiamiento para el desarrollo sostenible en el largo plazo.
El informe aboga por sistemas fiscales mejores y más justos, y por el fomento de la inversión internacional pública y privada. Los países en desarrollo ya están trabajando en favor de este objetivo mediante los Marcos de Financiación Nacionales Integrados (INFF, por sus siglas en inglés) para trazar sus propias vías nacionales de financiación para los ODS. De esta forma, los gobiernos examinan y reforman la financiación pública, valoran las compensaciones y afrontan el déficit a corto plazo para recaudar, gastar y supervisar los recursos públicos con mayor eficacia.
El sistema financiero internacional está experimentando el mayor replanteamiento de los sistemas monetarios, comerciales y fiscales desde la Conferencia de Bretton Woods de 1944, establecida para regular el orden monetario y financiero internacional tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Los impuestos y las políticas fiscales son una fuente vital de ingresos estatales estables para financiar los ODS.
El PNUD aboga por un sistema financiero internacional reformado que ofrezca una transformación sostenible debe incluir normas fiscales nacionales e internacionales, incluidas reglas para gravar empresas digitalizadas y globalizadas que satisfagan las necesidades de los países en desarrollo. También requiere políticas que vinculen la rentabilidad del sector privado con la sostenibilidad.
Las políticas fiscales pueden recalibrar las economías y fomentar alternativas que promuevan los ODS, especialmente en ámbitos como el clima, la naturaleza, la salud y la gobernanza.
"Ha llegado el momento de abordar el abismo cada vez más profundo que separa a los países ricos de los pobres, de cambiar el panorama multilateral y de crear una arquitectura de la deuda que se adecue a los fines de nuestro mundo pos-COVID-19 complejo e interconectado".
- Achim Steiner, Administrador del PNUD
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