Estamos asistiendo a una colisión continua de crisis, y la respuesta y la recuperación tradicionales no bastan.
Nuestro futuro está en juego, ya que las guerras, las epidemias, la emergencia climática y los trastornos económicos no dejan a casi ningún país indemne.
Estas cifras no van a disminuir hasta que cambiemos nuestra forma de pensar y de actuar; estos nuevos retos multidimensionales requieren soluciones integradas.
Sabemos que invertir en desarrollo es la mejor manera de prevenir las crisis y mantener la paz.
Salir de una crisis depende del desarrollo. Se debe invertir en él de forma sistemática e integrada.
El multilateralismo y la cooperación para el desarrollo nunca han sido tan importantes. La complejidad del camino que tenemos por delante torna imperativa la acción conjunta, mediante alianzas.
Desde la guerra en Ucrania, que desencadenó una crisis mundial del costo de la vida, la emergencia climática y las inundaciones en el Pakistán, hasta la pandemia de COVID-19, el hambre en el Cuerno de África y la crisis en el Yemen, nos enfrentamos a retos nunca vistos para nuestro futuro. No podrán obtenerse respuestas eficaces a estos desafíos si los países actúan a título individual.
Las economías en desarrollo, que representan más de la mitad de la población más pobre del mundo, necesitan un alivio urgente de la deuda como consecuencia de las crisis en cascada que experimenta el mundo. Si no se toman medidas, la pobreza se disparará y no se producirán las inversiones que se necesitan con urgencia para la adaptación al cambio climático y su mitigación.
Para dar una respuesta eficaz a esta tormenta perfecta de amenazas cambiantes, debemos transformar radicalmente nuestra forma de pensar y actuar.
El PNUD se apoya siempre en sus alianzas y en décadas de experiencia en los países. Estamos sobre el terreno, trabajando con los países para hacer frente a los desafíos y evitar que se conviertan en crisis siempre que sea posible. Y cuando las crisis estallan, las enfrentamos allí donde ocurren y seguimos actuando, ajustando nuestras respuestas a la estabilidad y la prosperidad a largo plazo.
Se necesitan con urgencia mayores inversiones antes, durante y después de las crisis. Poner fin a las crisis en todas partes es por nuestro bien común y debería ser nuestro objetivo común.
La proliferación de las crisis que estamos viviendo no debe convertirse en una dificultad para el multilateralismo y el desarrollo internacional. Debemos actuar con rapidez, con una clara visión de conjunto.
Una financiación suficiente, flexible y previsible es el fundamento que hace posible que el PNUD garantice que no se deje atrás a los más vulnerables, encontrando una vía sostenible para pasar de la crisis y la vulnerabilidad a la paz y la prosperidad.
El PNUD, en su papel de integrador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), facilita las conexiones, ayudando a los países a hacer frente a retos complejos y trazando un futuro más sostenible. Mediante nuestro enfoque centrado en las personas, trabajamos para reforzar la seguridad humana y construir sociedades más resilientes y estables. En tiempos de crisis, invertimos en las personas en los momentos más difíciles de sus vidas, no solo para que sobrevivan, sino para que vivan con dignidad y sin miseria ni temor.
Creemos que una respuesta bien planificada a las crisis puede ofrecer la oportunidad de transformar el desarrollo de un país y superar incluso las deficiencias y vulnerabilidades existentes. El PNUD está trazando nuevas formas de avanzar, utilizando métodos como la previsión y el análisis prospectivo, que evalúan si las personas están preparadas para los cambios y amenazas futuros. Invertimos en sistemas de alerta temprana y apoyamos programas que abordan las causas de los conflictos, los desastres y otros riesgos multidimensionales.
Estamos presentes en los 60 países clasificados como Estados frágiles, y más de la mitad de nuestro presupuesto anual se ejecuta en contextos de fragilidad y crisis. Velamos por que las comunidades vulnerables puedan recuperarse y reducimos la dependencia de los países de la ayuda externa. Además, trabajamos con socios en 26 países para hacer frente al extremismo violento.
A medida que el mundo hace frente a desalentadoras perspectivas de financiación para el desarrollo, las inversiones deberían centrarse en proteger un sistema multilateral fuerte y eficaz. Los países y los asociados siguen confiando en este sistema por su prestación fiable de servicios y su historial de resultados, desde la ampliación del acceso a las vacunas contra la COVID-19 hasta la atención a las personas afectadas por desastres.
Las investigaciones muestran que el canal multilateral, en comparación con los canales bilaterales, está menos politizado y más orientado a la demanda y es más eficiente en la oferta de bienes públicos mundiales. Los retos institucionales y burocráticos a los que se enfrenta el sistema multilateral deben abordarse con decisión. Sin embargo, abandonar un sistema compartido de reglas y normas que ha servido al mundo durante siete décadas es la respuesta equivocada.
La guerra en Ucrania nos ha recordado cómo una crisis puede desencadenar otra, a veces de naturaleza totalmente distinta y en el otro extremo del planeta. Nuestro confiable sistema multilateral es nuestra mejor esperanza para prevenir crisis similares en el futuro y salir más rápidamente y fortalecidos cuando estas se producen.
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