Es 15 de abril de 2023. Acaba de comenzar el mes sagrado del Ramadán. Nadia se encuentra acurrucada a su hijo y a su hija en su apartamento en Jartum (Sudán). Buscando calmarse de lo que parece ser una tormenta aproximándose, Nadia está preparando suhoor, la comida previa al ayuno que las personas musulmanas consumen antes del amanecer.
Mientras la lluvia golpea la ventana, los oídos de Nadia perciben un sonido extraño: un alboroto, voces de hombres que se confunden con los demás ruidos. Al asomarse, se encuentra con una escena sacada directamente de una pesadilla: las tropas se estaban enfrentando, convirtiendo el barrio en un auténtico campo de batalla. Cuando los estruendos de los disparos reemplazaron el sonido de las gotas de lluvia, el pánico se apoderó de ella.
Nadia condujo a sus hijos a un lugar seguro, buscando refugio en el cuarto de baño. La señal se cortó y a esto le siguió el silencio de las tuberías de agua secándose. El hogar de Nadia se convirtió en un santuario de incertidumbre.
"Tal vez solo sean pandillas enfrentándose", pensó Nadia. Su mente se aferró a la débil esperanza de la negación, buscando refugio en explicaciones mundanas para el caos en el que estaba sumido su barrio. "Quizás fue una pequeña protesta que se tornó violenta", se dijo a sí misma; como un breve estallido de tensiones en una ciudad sumida en la agitación.
Sin embargo, en el fondo ella sabía que la verdad era mucho más dramática. Mientras los ecos de los disparos retumbaban en las calles, se vio obligada a enfrentar la realidad: no se trataba de una trifulca cualquiera, sino del inicio de una pesadilla.
Abrió la puerta de su apartamento y encontró a su vecina huyendo apresuradamente de su propia casa, quien le dio un consejo que constaba de tres palabras: