Desde camellos salvajes y bactrianos, hasta dromedarios en los Estados Árabes, Asia y África, o llamas, alpacas, vicuñas y guanacos en América Latina, los camélidos tienen la capacidad de aprovechar al máximo los recursos naturales de los entornos hostiles e inhóspitos.
Durante siglos, han sido el sustento de comunidades nómadas y de pastores, prosperando en climas extremos donde otras especies de ganado tienen dificultades.
También son muy resilientes al cambio climático. Sus sistemas de cría conllevan un menor impacto ambiental comparado con otras formas de ganado y su capacidad de adaptación puede impulsar la promoción de un uso sostenible de los ecosistemas terrestres.
Sin embargo, nadie queda exento de los impactos de la crisis climática, ni siquiera los seres más resilientes de la Tierra: las condiciones climáticas en constante cambio, la escasez de agua y el aumento de las temperaturas representan desafíos críticos para la supervivencia de los camélidos.