En un conflicto como este, la estabilización va de la mano con otras formas de asistencia, como ayuda alimentaria, protección y atención médica, lo que, a largo plazo, reduce la necesidad de ayuda humanitaria.
La restauración de la infraestructura permitió que la vida cotidiana volviera a la normalidad. La subestación de Al Qadisiyah en Ramadi fue gravemente dañada durante el conflicto, dejando a miles de personas sin un suministro eléctrico confiable. La electricidad restaurada no solo proporcionó luz y energía a 400.000 personas, sino que también fue un símbolo de esperanza.
En Kirkuk, el regulador de la irrigación se rehabilitó y ahora provee agua a 235 pueblos y fomenta la recuperación agrícola. “Actualmente, los agricultores de la región tienen los recursos vitales de agua necesarios para la producción agrícola”, dice Dana Ibrahim, ingeniera civil del PNUD que trabaja en el proyecto.
El Hospital Universitario de Fallujah, que reabrió en 2022, atiende a 20.000 pacientes por mes. Entre sus servicios está el Centro de Prótesis donde las víctimas de la guerra reciben miembros artificiales. El director del hospital, Sa’ed Al-Jumaily, explica que “muchos de los que reciben miembros protéticos son víctimas de las bombas que dejó el mico o de las municiones arrojadas que no explotaron en su momento”.
Yassar Salman, de 25 años, perdió una pierna cuando un misil desviado tocó su casa. Ahora tiene una pierna artificial y podrá volver a trabajar y recuperar su independencia.