Los enfrentamientos en Gaza se han reanudado tras una tregua humanitaria temporal que ha permitido que llegara ayuda crucial a las personas desplazadas por la guerra. Los convoyes de ayuda entregaron alimentos, tiendas de campaña, suministros médicos y otros artículos de primera necesidad tras el acuerdo de detener los enfrentamientos para permitir la entrega de ayuda y la liberación de rehenes.
Aunque se trata de una pequeña gota en comparación con las enormes necesidades, la pausa en los combates permitió a muchas personas en Gaza beber agua potable por primera vez en semanas.
También ha permitido un respiro a las personas residentes que han soportado constantes bombardeos, repetidos desplazamientos y noches en vela.
Una de ellas es Asmaa Marouf. Como voluntaria de las Naciones Unidas, Asmaa estaba trabajando de especialista en sistemas de información geográfica con el Programa de Asistencia al Pueblo Palestino del PNUD.
Cuando empezó la guerra, se vio obligada a huir de su casa junto a sus hijos.
Asmaa compartió su experiencia, sus miedos, sus esperanzas y su convicción de que la guerra actual es diferente de las anteriores escaladas que ha vivido.
Sus palabras subrayan la necesidad de un alto el fuego humanitario completo.
En sus propias palabras:
Desde que tenía seis años, he sido testigo de varios levantamientos en Palestina y, hasta hoy, he vivido otras siete guerras y escaladas. Pero nada es comparable a esta guerra...
En esta guerra, nos expulsaron de nuestros hogares, y no sabemos cuándo volveremos. Ahora vemos fotos de nuestras casas y deseamos volver a ellas.
En esta guerra, he pasado varias semanas sin ver a ninguno de los miembros de mi familia. Mi mente y mi corazón están con mis padres, mi hermana casada y mi otra hermana casada. Estamos en lugares diferentes.
En esta guerra, temo más por mi hija e hijo que por mí misma.
En esta guerra, mi hermana dio a luz en los primeros días del conflicto y no pude verla, ni a ella ni a su hijo recién nacido. No pude estar a su lado.
En esta guerra, sentí miedo de perder a las personas que más quiero: mi hermana y su hija, quien solo tiene dos días.
En esta guerra, cuando recibí la llamada de que el edificio donde vive mi hermana había sido bombardeado, intenté ponerme en contacto con ella durante cinco minutos, pero me parecieron cinco años. Gracias a Dios, mi hermana consiguió salir de la casa antes de que fuera destruida.
En esta guerra, también he visto a los gemelos de mi otra hermana, que tienen un mes de vida, durmiendo rodeados de cristales.
En esta guerra, mataron a mi primo el cuarto día del conflicto, y lo más duro es que sigue bajo los escombros, y nadie puede llegar hasta él.
En esta guerra, el que fue mi estudiante por tres años fue asesinado, y mi profesor de la universidad, que me impartió clases durante cuatro años y se convirtió en mi compañero de trabajo durante siete años más, fue asesinado junto con su familia.
En esta guerra, muchos de mis familiares perdieron sus hogares por culpa de las bombas, viéndose obligados a huir y ahora no tienen a dónde ir.
En esta guerra, cada noche me voy a dormir con la esperanza de que sea el último día de guerra.
En esta guerra, no hay electricidad, lo que significa que no tenemos refrigerador ni lavadora, y se considera que quien tiene un sistema solar tiene un tesoro.
En esta guerra, sufrimos una escasez enorme de agua, y siempre que encontramos a alguien que la vende, llenamos nuestras ollas y botellas todo lo que podemos.
En esta guerra, la conexión a Internet se ha cortado por completo hasta el punto de que oímos el sonido de los misiles durante horas sin saber de dónde viene, e intentamos analizar y especular.
En esta guerra, la red de comunicaciones se ha cortado para todas las personas, y no podemos tener noticias de nuestros familiares y amigos, y tememos que uno de ellos sea asesinado sin que lo sepamos y sin que podamos siquiera enterrarlo.
En esta guerra, cada noche, un bombardeo de área golpea nuestra zona, y el resplandor es cegador.
En esta guerra, a veces me duermo temprano, me despierto al cabo de una hora y pienso que la noche ha terminado, pero cada hora de la noche pasa como si fuera un año.
En esta guerra, todos los días digo: "Cuando acabe la guerra, yo...", y luego me callo porque no sé si seguiré viva o no.
En esta guerra, ¡qué más puedo decir! Puede que sea la última que presencie, quién sabe...
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