Aunque las pandemias son una realidad ineludible para el ser humano, el mundo se ha quedado atónito por el impacto y la devastación de la COVID-19. Lo que hagamos ahora podría hacer que esta pandemia sea la última de este tipo.
Hace dos años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la COVID-19 como una pandemia mundial. Y nunca nos hubiésemos podido imaginar cómo sacudiría todos los aspectos de nuestras vidas: desde los efectos catastróficos en la salud física y mental, hasta los cambios en nuestros trabajos y en la educación, pasando por las cadenas de suministro y la confianza en los sistemas diseñados para protegernos.
Economías enteras han sido devastadas. Las tasas de violencia doméstica se han disparado. Las familias, los amigos y las comunidades se han dividido por la cuestión de la eficacia de las vacunas y las mascarillas. La desigualdad en la distribución de las vacunas continúa, profundizando la brecha entre las naciones ricas y las pobres.
El informe COVID-19: Make it the Last Pandemic (COVID-19: hazlo en la última pandemia) se confirmó lo que hemos visto en tiempo real: lamentablemente no estábamos preparados.
Esto no fue porque el mundo careciera de dinero y conocimientos. No fue así. La triste realidad fue que no había una buena razón, financiera o de otro tipo.
Hemos ignorado años de advertencias de los trabajadores de la salud pública, los expertos en enfermedades infecciosas y los científicos.
Aunque la mayoría de las personas que han sobrevivido no experimentaron la pandemia de la influenza de 1918, la década de los 2000 sufrió varios brotes peligrosos (SARS, Ébola, Zika y MERS) que hicieron sonar las alarmas de advertencia y no fueron abordados. Además, la respuesta lenta a la pandemia del VIH a principios de la década de 1980 remarcó la importancia de tomar medidas decisivas con celeridad.
El 2021 Global Health Security Index (Índice de Seguridad Sanitaria Global de 2021) halló que, casi dos años después de la pandemia y a pesar de algunos avances, todos los países siguen estando "peligrosamente mal preparados" para un futuro brote.
"Me ha sorprendido nuestra constante incapacidad para aprender lecciones. Y ni siquiera lecciones de epidemias o pandemias anteriores. Cuando nos enfrentamos a Ómicron, parece que la comunidad mundial no ha aprendido las lecciones de Delta, y al enfrentarse a Delta, no ha aprendido las lecciones de otras variantes o de la variedad original. Esto debe parar".
– Mandeep Dhaliwal, Directora del Grupo de Salud, Oficina de Políticas y Apoyo a Programas del PNUD
La falta de inversión en solo un Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS), en la preparación para una pandemia, frenó el progreso reciente en el desarrollo sostenible.
Los expertos destacan la importancia de comprender en profundidad cómo la salud de las personas, los animales y el planeta están interconectados. Los planes de seguridad en salud no pueden, en el futuro, ser fragmentados. Las respuestas deben reforzarse con protección social, especialmente durante los confinamientos.
El COVID-19 Global Gender Response Tracker (Rastreador de Género frente a la COVID-19) ha demostrado que la exclusión sistemática de las mujeres de la planificación de la respuesta a la pandemia está obstaculizando aún más las respuestas equitativas.
Necesitamos actuar más rápido y de manera más justa.
La pandemia ha puesto al descubierto desigualdades rampantes y superpuestas: los que ya estaban quedándose atrás son los que más han sufrido, los niños y jóvenes han sido los más afectados por los efectos indirectos, la brecha digital ha expuesto las diferentes oportunidades en educación, en el trabajo en remoto y en los mecanismos para reconstruir mejor.
La igualdad en la distribución de las vacunas es fundamental para volver a encarrilar el desarrollo sostenible.
Necesitamos con urgencia una producción y un despliegue de vacunas más rápidos, una mejor capacidad de fabricación en todo el mundo, precios asequibles y una distribución y entrega equitativas.
El Global Dashboard for Vaccine Equity (Tablero Global sobre la Equidad de la Vacuna de la COVID-19), una iniciativa del PNUD en colaboración con la OMS y la Universidad de Oxford, muestra que solo el 13,3 % de las personas en países de bajos ingresos han sido vacunadas. En los países de altos ingresos, la cifra es del 68,6 %.
La investigación del PNUD muestra que se proyecta que ocho de cada diez personas empujadas a la pobreza debido a la COVID-19 vivirán en los países más pobres del mundo en 2030, lo que se ve aún más agravado por una recuperación fragmentada y deshaciendo casi todo el progreso en los ODS desde 2015.
“Los datos muestran que la lenta recuperación afecta de manera desproporcionada a los países más pobres. Si los países de bajos ingresos no reciben el apoyo y las vacunas necesarios para acelerar la vacunación, su recuperación económica seguirá siendo difícil de alcanzar. Debemos priorizar a los más rezagados y redoblar nuestros esfuerzos para garantizar que la recuperación de la pandemia cimente las bases para un mundo más equitativo y mejor preparado para futuras pandemias”.
– Laurel Patterson, líder del equipo de integración de los ODS del PNUD
La COVID-19 caló en aquellas áreas en las que durante años la inversión fue insuficiente, como ahora en enfermedades no transmisibles y salud mental, y la falta de cobertura universal de salud. También perdimos el terreno conquistado en la lucha contra el VIH, la tuberculosis y la malaria.
Al mismo tiempo, hemos visto cómo se pueden reutilizar inversiones del pasado en la movilización y reasignación crucial de recursos del Fondo Mundial de la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria y el Plan de Ayuda de Emergencia del Presidente de los Estados Unidos para el VIH/SIDA durante la COVID-19.
El liderazgo efectivo ha sido tan importante que se le ha llamado la “vacuna definitiva” contra el coronavirus.
“El liderazgo y la competencia han importado más que el dinero en las respuestas a la pandemia. Hay una clara oportunidad de construir un futuro más allá de la pandemia que se basa en fuentes de sabiduría de todas partes del mundo”.
– Autores, A Global Deal for our Pandemic Age (Un acuerdo global para nuestra era de pandemia).
Según el panel independiente para la preparación y respuesta ante pandemias, los países con mejores resultados actuaron rápida y tempranamente con una acción coordinada, integral y basada en la ciencia y se comunicaron bien. Muchos adaptaron respuestas anteriores al VIH, el Ébola en África occidental y el SARS en Asia y Canadá. Los peores resultados devaluaron la ciencia, no lograron generar confianza y retrasaron o entregaron mensajes inconsistentes.
Si no aprendemos de esta pandemia, los costos serán aún más catastróficos en todos los sentidos: pérdida de vidas y sufrimiento, daños económicos, aumento de las desigualdades y retrocesos aún más graves en el desarrollo sostenible.
La buena noticia es que el costo de una respuesta eficaz y justa a una pandemia es solo una fracción de lo que nos cuesta una respuesta deficiente.
Se ha proyectado que la COVID-19 le costará a la economía mundial más que los costos anuales estimados para financiar los ODS y 500 veces más que las medidas de prevención de pandemias.
Un avance importante se produjo en diciembre, cuando la Asamblea Mundial de la Salud, el órgano de toma de decisiones de la OMS, comenzó a trabajar en un acuerdo mundial sobre la pandemia descrito por el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, como una oportunidad "única en una generación" para fortalecer la arquitectura de salud para todas las personas.
Hay muchas razones para ser optimista. La pandemia ha destapado la desigualdad y a la vez la necesidad de centrarse en los bienes públicos globales.
La ciencia ha tenido un papel remarcable y las nuevas tecnologías ofrecen el camino esperanzador a un progreso más eficaz en futuras pandemias y otras enfermedades.
¿Podrían la COVID-19 y los fallos cometidos desencadenar acciones para acelerar el final de esta pandemia y garantizar que sea la última de este tipo que enfrenta el mundo?
“La pandemia puede ser un momento crucial en la historia. Uno que nos impulse a salir de un estado en el que no estábamos preparados, caminando sonámbulos hacia la próxima pandemia y haciendo la vista gorda ante las desigualdades crecientes, hacia un mundo preparado para la próxima pandemia”.
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