En aquellos contextos de inestabilidad y de crisis, las oportunidades son más limitadas. Se estima que el 47 % de las personas jóvenes de entre 18 y 29 años viven en países con niveles extremos o altos de conflicto, en los que la dificultades persistentes, el desplazamiento forzado y el escaso apoyo institucional restringen su acceso a la educación, las oportunidades económicas y los procesos políticos.
En regiones como la de Oriente Medio y Norte de África, cada cinco segundos hay un niño desplazado, herido o asesinado a causa de un conflicto, una realidad alarmante que no solo pone en peligro su seguridad inmediata, sino que además socava su potencial a largo plazo para trabajar en la consolidación de la paz.
Más allá de las zonas de conflicto, hay varias formas de violencia, discriminación y odio en línea que también actúan como barreras importantes para la participación de la juventud en la sociedad. En uno de nuestros estudios con más de 1.000 jóvenes de 65 países, revelamos que el 82 % de quienes respondieron sentían que la violencia electoral obstaculizaba su capacidad de voto. De forma similar, Amnistía Internacional informa que tres de cada cinco jóvenes activistas de todo el mundo enfrentan acoso en línea por publicar contenido sobre derechos humanos.
Esta realidad tan cruda resalta la necesidad urgente de promover la agenda sobre la juventud, la paz y la seguridad, pues ofrece un marco crucial para fomentar la participación significativa de los jóvenes en los procesos democráticos.