Karen es mucho más que una ganadera. Desde su finca, Piedra Libre, ubicada en el Departamento de Lavalleja, al sur del país, lidera iniciativas que combinan la adaptación climática y el fortalecimiento comunitario.
El nombre de su finca tiene un significado profundo para Karen. “‘Piedra libre’ era lo que gritábamos cuando jugábamos a la escondida. Y cuando ibas corriendo para poder pasar la pica y gritar ‘piedra libre para mí y para todos mis compas’, era un juego comunitario”, explica. Ese concepto de colaboración y esfuerzo colectivo es algo que, según ella, es clave para salvar el sector agropecuario del país.
En 2020, Karen dejó su vida en la ciudad para dedicarse de lleno al campo, sabiendo que debía combinar trabajo y formación. “Sin educación, en el campo es difícil vivir. Es muy importante capacitarse, o de lo contrario, te quedas enseguida fuera del juego”, afirma con convicción. Así que se formó en áreas como veterinaria, inocuidad alimentaria y cambio climático.