Nos encontramos a mitad del plazo fijado en la Agenda 2030 para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Objetivos Mundiales o ODS), nuestra mejor y única oportunidad para dejar al mundo en mejores condiciones de las que lo encontramos.
Aunque décadas de progreso han sacado a más de mil millones de personas de la pobreza, la COVID-19 y una serie de alteraciones geopolíticas han resultado en serios reveses. Sin embargo, todavía queda tiempo para llegar a buen puerto si corregimos el rumbo.
El ODS 1, que trata de poner fin a la pobreza en todas sus formas, es la llave maestra.
En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza de 2023, nos detenemos a analizar lo que la pobreza nos dice acerca de la situación en el mundo, qué implica para la dignidad humana y cómo podemos poner énfasis en el empleo decente y la protección social.
Pero primero, pongamos al descubierto la pobreza, el cimiento de todos los Objetivos Mundiales.
La pobreza no consiste únicamente en falta de dinero; puede ser también una trampa. Es decir, la pobreza es no tener buena salud, es falta de educación o de poca calidad, y también es carencia de poder.
Es amenazadora, pues a menudo está acompañada de una falta de vivienda segura o condiciones de vida infames.
Es injusta, pues las personas pobres no reciben un trato igualitario en los sistemas de justicia. Además, la atención médica que se les dispensa es inferior.
La pobreza arrebata tanto la dignidad como la esperanza. Nos priva de uno de los deseos más básicos: una vida mejor para nuestros hijos.
Este ciclo incesante condena a miles de millones de personas que no tienen culpa alguna y que, con frecuencia, por una pura casualidad de haber nacido en un lugar concreto, les lleva a la desesperanza y la inseguridad.
Tener empleo no es garantía de quedar a salvo de la pobreza. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 13 % de los trabajadores del mundo experimentan pobreza moderada y el 8 % pobreza extrema.
En términos más simples: una de cada cinco personas de la población trabajadora mundial es "pobre”, laboralmente hablando.
Las personas pobres a menudo reciben un trato injusto en los tribunales. Desde el PNUD apoyamos la justicia para todas las personas, en especial para aquellas que viven en la pobreza y en situaciones desventajosas, como las mujeres, los niños, las minorías, las personas que viven con VIH/SIDA y con discapacidad.
En 34 países, 32 millones de personas han hecho realidad sus derechos y protecciones legales.
La pobreza es un ancla que frena a países enteros. Y peor: desgasta el tejido social. La historia ofrece numerosos ejemplos acerca de con cuánta rapidez las sociedades desiguales fracasan y colapsan, a menudo con violencia.
Uno de los grandes cambios en la mentalidad de las últimas décadas es que hemos reconocido que la pobreza no es un hecho “natural” ni inevitable de la vida. Es el resultado antinatural de no reconocer de verdad, ni de prestarle atención, al hecho de que cada ser humano es igual en dignidad y merece las mismas oportunidades. Es el producto derivado de leyes, políticas o instituciones injustas y discriminatorias que agudizan la marginación, basándose en la raza, la discapacidad y el género de las personas.
En más de 30 países, las mujeres y las niñas no gozan de los derechos a heredar ni a poseer tierras.
El Banco Mundial informa que aproximadamente el 90 % de la tierra en África Subsahariana está sin documentar. La titularidad de la tierra puede tener un importante efecto en los niveles de pobreza y seguridad alimentaria. Cerca del 80 % de las personas pobres del mundo se encuentran en zonas rurales.
Alerta de spoiler: no es ninguna ciencia. Sabemos qué es lo que funciona y lo hemos hecho por años.
Algo que aprendimos durante la pandemia de COVID-19 es que las prioridades económicas no son inamovibles. Durante la emergencia sanitaria mundial, rápidamente se desplegaron recursos en apoyo de otros programas de protección social que mantuvieron a las familias y las empresas a flote, al menos en los países que podían afrontarlo.
Solamente en los últimos tres años, más de 190 países desplegaron más de 3.333 medidas de protección social, principalmente transferencias de efectivo, con un 73 % de los países de ingreso bajo y un 66 % de países de ingreso mediano bajo.
Sin embargo, muchos planes de protección social no están diseñados como soluciones a largo plazo.
“De esta crisis debe surgir un nuevo contrato social que reequilibre las profundas desigualdades que prevalecen en las sociedades. Para decirlo sin rodeos: la pregunta ya no debería ser si se pueden encontrar recursos para una protección social efectiva, sino cómo se pueden encontrar”. – Kanni Wignaraja, Secretaria General Adjunta de la ONU y Directora Regional del PNUD para Asia y el Pacífico
Los países necesitarán crecer para pagar los beneficios sociales. No obstante, no siempre el crecimiento económico logra reducir significativamente la pobreza. Desde 2020, un tercio de los 160 países incluidos en una investigación del PNUD han experimentado aumentos notables de la pobreza extrema.
Por su parte, la carga del servicio de la deuda está desviando fondos de la atención sanitaria, la educación, la protección social y la creación de empleo, razón por la cual el PNUD ha pedido una pausa en la espiral de la deuda y la pobreza.
En este contexto, generar confianza pública también es esencial y puede lograrse combatiendo la corrupción, la desigualdad y la polarización política.
Poner fin a la pobreza ocupa un lugar primordial entre las prioridades del PNUD y, para ello, nos ocupamos de los grandes aspectos y de los pequeños también.
Desde hace mucho, en el PNUD reconocemos el carácter multidimensional de la pobreza. Durante décadas, hemos estudiado a fondo los datos para comprender dónde la gente es pobre y por qué.
En nuestro Índice de Pobreza Multidimensional, que publicamos de forma periódica, se actualizan los datos de 110 países en desarrollo, con el fin de mejorar la vida de 6.100 millones de personas.
Las brechas de pobreza entre mujeres y hombres son particularmente agudas en las edades comprendidas entre los 25 y 34 años, cuando las mujeres batallan para conciliar el trabajo remunerado con la carga desigual de los cuidados para la familia. Por cada 100 hombres de este grupo de edad que son pobres, hay 122 mujeres.
Nuestra Estrategia de Igualdad de Género muestra que, desde la pandemia, las mujeres han tenido prácticamente dos veces más de probabilidades de perder el empleo que los hombres. Sin embargo, menos del 20 % de las políticas en todo el mundo se han ocupado de la inseguridad económica de las mujeres.
Sabemos que ningún país ha alcanzado la plena paridad de género y que menos del 1 % de las mujeres y niñas viven en un país con altos niveles de empoderamiento de las mujeres.
“En un momento en el que los avances para lograr la igualdad entre géneros suelen estancarse o incluso retroceder, nuestra nueva estrategia es ambiciosa y orientará las iniciativas del PNUD para que los países puedan ir más allá de iniciativas dispersas y logren una mirada de conjunto que les permita cambiar las estructuras de poder y los sistemas económicos, sociales y políticos que perpetúan la discriminación”. – Achim Steiner, Administrador del PNUD
Asimismo, sabemos que las pequeñas intervenciones pueden surtir gran efecto. Es por ello que trabajamos con titulares de pequeñas empresas de todo el mundo en torno a prácticamente todas las cuestiones.
Ya sea con la recolección de bayas en el Himalaya, la creación de redes de energías alternativas en África Subsahariana, o el trabajo en las cuestiones de derechos a la tierra en Colombia, creamos condiciones que aseguran para las mujeres la adquisición de destrezas, recursos e infraestructura para producir su propia riqueza y generar una actividad comercial no solo en beneficio propio, sino también de sus comunidades y el ambiente natural.
“No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que usamos cuando los creamos”. – Albert Einstein
Las mayores mentes siempre han sabido elevarse por encima del antiguo statu quo para alcanzar una transformación verdadera en el modo de mirarnos a nosotros mismos y al mundo.
Nos encontramos en un punto de la historia en el que el cambio es imperativo.
Los ODS son nuestra gran idea. Cumplir cada uno de ellos exige un cambio de actitud y de prioridades. La familia de la ONU en su totalidad está redoblando el compromiso para llevarlos a todos a buen término para 2030.
“No es momento de incrementos, es momento de ponernos manos a la obra para la transformación. Reencaucemos el rumbo de los ODS”. – António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas
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