La seguridad no solo se trata de la protección contra la violencia. También implica saber que nuestros hogares y medios de subsistencia pueden soportar las consecuencias del cambio climático y están protegidos frente a los daños ambientales. En Bolivia, donde ya se están ejecutando planes para la extracción de litio, diseñamos un sistema de inteligencia artificial (IA) que evalúa el impacto que tendrá la extracción en el abastecimiento de agua, el saneamiento y las industrias locales, con el objetivo de fortalecer la adaptación y la resiliencia de las comunidades.
En el mundo interconectado de hoy, las herramientas innovadoras, como la IA, pueden mejorar la seguridad, sobre todo si se diseñan teniendo en cuenta los principios de los derechos humanos, la inclusividad y el propósito de no dejar a nadie atrás. Por ejemplo, en Moldova, se ha puesto a prueba el Mecanismo de Seguimiento de las Tensiones Sociales para detectar y afrontar las tensiones emergentes, especialmente en las comunidades que acogen a refugiados. En la República Democrática del Congo, se introdujeron cuatro herramientas digitales para modernizar la cadena de justicia penal (seguimiento de los reclusos, gestión de los antecedentes penales y mejora de la eficiencia judicial). Estas innovaciones mejoran la transparencia y la rendición de cuentas, lo que fortalece el estado de derecho.
Desde la policía de proximidad hasta la resiliencia climática y desde el control de las armas hasta la justicia digital, el camino hacia la paz y el desarrollo tiene múltiples aristas, pero está ligado a la seguridad. Por medio de alianzas, innovaciones y nuestro compromiso inquebrantable con los derechos humanos y la justicia, en el PNUD contribuimos a construir un planeta en el que la seguridad no sea un privilegio para unas pocas personas, sino una base firme para todo el mundo.